Inmovilización de nitrógeno o secuestro de carbono, distintas maneras de
nombrar un mismo proceso de favorecer la recuperación de la materia orgánica de
los suelos trabajados con el sistema de siembra directa.
A su turno frente al estrado de los conferencistas del XIII Congreso de AAPRESID,
el estadounidense Dwayne Beck se refirió a “Las rotaciones y su impacto
económico, y en el balance de carbono”.
Luego de hacer una introducción aclaratoria sobre los tipos de rociadores
indicados para favorecer el escurrimiento del agua, recomendando la generación
de macroporos con lombrices, y teniendo en cuenta la evapotranspiración, Beck se
preguntó y preguntó a la audiencia: “¿Qué necesito saber del suelo que voy a
trabajar?”. Y respondió: “Sus características, su calidad, que va a depender de
la cantidad de materia orgánica que posea. A partir de allí podemos hablar de
restaurar la productividad”.
Mientras hablaba, Beck hizo permanentes comparaciones entre los lavados y
sobrelaborados campos de Estados Unidos y los más ricos de Argentina, pero igual
resaltó: “Sin importar dónde sea, el carbono del suelo es lo más fundamental. Y
secuestrar el carbono es lo mismo que inmovilizar el nitrógeno. Lo que pasa es
que todo el mundo habla del secuestro de carbono porque tuvo mejor prensa. Como
sea, es la mejor manera de obtener materia orgánica, un proceso que permite
convertir el nitrógeno mineral en nitrógeno orgánico”.
Luego se lamentó de que “en los últimos 100 años a través de la labranza
tradicional agotamos la materia orgánica. Estamos pagando las culpas de nuestros
abuelos, los pecados de nuestros antecesores”, pero aseguró que hay maneras de
revertir el daño hecho en el pasado, no de manera inmediata pero sí utilizando
los nuevos conocimientos en materia de armonizar las ecuaciones de nitrógeno y
carbono.
“Los microorganismos del suelo son como el ganado, necesitan una dieta
balanceada. No se pueden llevar a casa a menos de que podamos alimentarlos”, y
con esa comparación Beck desarrolló su teoría, basada en estudios y ejemplos,
del cuidado del suelo para favorecer la proliferación de microorganismos
subterráneos (“el carbono proviene de las raíces”), evitando la quema, el
enfardamiento y a través de la rotación de cultivos convenientes, incluidas las
pasturas.
“Sólo las plantas capturan el dióxido de carbono”, aseguró Beck, para lo cual
recomendó los cultivos de cobertura como una manera de “alimentar el ganado”
(los microorganismos), y agregar “tiempo biológico a los cultivos”.
Sobre el final de su exposición el norteamericano expresó: “Nadie habla de fertilizar con carbono, y es el más importante por cantidad de moléculas que llevamos a la planta”, y aunque reconoció que “uno debe fracasar en el año seco, o muy lluvioso, cada veinte años, para generar un sistema de rotación”, y concluyó: “Se puede comprar nitrógeno, pero no se puede comprar carbono. Hay que hacerlo. Siembra directa no es siembra directa sin carbono”.