Destacó las ventajas y desafíos del incremento de materia orgánica en suelos y la importancia en el secuestro de carbono para una mejora sustentable

“La agricultura de siembra directa y las prácticas relacionadas de secuestro de carbono puede llevar a una mejor calidad del agua y del aire, un mejor hábitat para la vida silvestre y además mitigar el efecto invernadero y posiblemente servir como una fuente de ingresos para los agricultores”, indicó Donald Reicosky, especialista norteamericano en agricultura de conservación de suelos, en el marco de la1ª jornada del XIII Congreso de Aapresid.
El especialista advirtió que el secuestro de carbono por sí sólo no podrá solucionar el problema del cambio climático. “Lo haremos a medida que busquemos avances tecnológicos e incentivos económicos que nos permitan crear energía con menos polución”, destacó.
Además, precisó que mientras se continúe investigando la causa y los efectos potenciales del cambio climático, “tiene sentido que aumentemos un proceso natural que ya sabemos que tiene el beneficio de reducir las concentraciones existentes de gases de efecto invernadero”. Reicosky señaló que este proceso también mejora la calidad del agua, la fertilidad del suelo y el hábitat para la vida silvestre.
“A medida que cambiemos el manejo, los beneficios de las propiedades del suelo y la calidad ambiental pueden aparecer en varias formas”, indicó.
El representante del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, destacó las distintas formas para mejorar las estructuras del suelo: “una estructura superficial más estable y menos propensa a plancharse y menos susceptible a la erosión. La infiltración del agua podría mejorar, implicando un menor escurrimiento superficial.
Además, realizó un pormenorizado análisis de los beneficios de la materia orgánica del suelo (MOS) cuando se da en forma creciente. “La capacidad de los nutrientes y del agua del suelo aumenta significativamente; los cultivos resistirán mejor la sequía debido a una mejor infiltración y una mejor capacidad de retención de agua”, señaló.
En rigor, indicó que la MOS y la población biológica del suelo aumentarán en cantidad y nivel de actividad con rotaciones de cultivos más diversos.
El especialista no dudó es resaltar otro de los beneficios de la MOS: “puede suprimir organismos de enfermedad, y mejorar la salud y el vigor del cultivo a medida que aumenta la diversidad y la actividad biológica del suelo”. Sin embargo, sostuvo que puede haber mejoras en la calidad del agua “a medida que las cargas de sedimento y nutrientes disminuyan en el agua superficial”, indicó. Esto será a partir de una mejor agregación del suelo, y en la calidad del aire, “ya que el polvo, los alergenos y los patógenos del aire disminuyen, y también en la productividad agrícola”.
En el mismo sentido, explicó las implicancias de la ratificación y la promulgación del Protocolo de Kyoto. Destacó que este acuerdo internacional en el marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático establece objetivos para que los países industrializados reduzcan las emisiones GEI (CO2 y los otros cinco gases de efecto invernadero).
“Acarreará incentivos económicos para una aceptación más rápida de las prácticas de agricultura de conservación y aceptar los desafíos de mantener la seguridad alimentaria incorporando almacenaje de C en la planificación de conservación demuestra preocupación por los recursos globales y nuestro deseo de trabajar en armonía con la naturaleza”.
Esta preocupación, presenta “un rol positivo de la agricultura de conservación que tendrá un impacto importante en la sustentabilidad global y en nuestra futura calidad de vida”, indicó Reicosky al finalizar su exposición.