La importancia de la siembra directa como el sistema de cultivo que mejor posibilidades ofrece para la generación y conservación del carbono, con lo que se mejora la calidad del aire, el agua y los suelos, no sólo para elevar el rendimiento económico sino para contribuir a la salvaguarda del medio ambiente.
La conferencia inicial del XIII Congreso de AAPRESID-El futuro y los cambios de paradigmas, estuvo a cargo de del profesor norteamericano Charles Rice, quien se refirió a la “gran oportunidad sinérgica” que se les ofrece a los productores que trabajan en siembra directa de mejorar el rinde económico de sus cosechas (también se aplica en pasturas) mientras se benefician el aire, el agua y los suelos, con el lógico resultado de la conservación del medio ambiente.
Apenas comenzó a hablar Rice se hizo una pregunta: ¿Cómo logramos almacenar el carbono en los suelos? Y en la respuesta fue haciendo comparaciones entre la labranza cero, o siembra directa, y la labranza tradicional, con lo que consiguió destacar los muchos beneficios del primero de esos dos sistemas..
En la siembra directa los cinco centímetros superiores del suelo observan una mayor presencia de microbios, la biomasa de los hongos a largo plazo aumenta y así se promueve una mayor conservación del carbono, que a su vez ayuda a retener por más tiempo la comunidad microbiana, y el proceso se retroalimenta.
Rice también hizo hincapié en lo que llamó la “protección física” de los suelos en función de fijar los microagregados con los macroagregados, lo que protege el material microbiano. “Cuando se ara el suelo y se rompen las macropartículas, luego hay una explosión de dióxido de carbono, con la consecuente pérdida”, ejemplificó Rice.
Luego Rice habló de los agregados estables en agua, que “en siembra directa se mantienen más”, y ejemplificó a través de un estudio comparativo los sistemas de procesamiento y almacenamiento de carbono en los dos mecanismos principales de siembra.
Tras mostrar diversas fotografías de alumnos suyos de campos en los Estados Unidos y Brasil, Rice llegó a la conclusión de que “hasta treinta años el crecimiento de las reservas de carbono es lineal”, aun dependiendo de las precipitaciones y las rotaciones. Y destacó una experiencia brasileña, donde se obtuvo un positivo secuestro de carbono de hasta una tonelada y media por año por medio de verdeos.
Luego el profesor pasó a detallar los beneficios económicos del secuestro de carbono, y demostró que el método no sólo es más ecológico, en cuanto a protección del medio ambiente, sino que ofrece una mayor rentabilidad.
Finalmente, Rice hizo mención de un proyecto de los EE.UU. denominado Mercado de Carbono, que aunque recién se inicia ya tiene unos cuantos adeptos. Al respecto dijo que para establecer ese mercado son necesarios: a) los productores, o vendedores de créditos de carbono; b) una organización que oficie de intermediaria, o coordinadora; c) compradores; d) monitoreo y verificación. Dicha cadena ya fue montada en varios países, y Rice habló de experiencias en Canadá (Saskatchewan) y Estados Unidos (Pacific Northwest y Midwest), especialmente lo hecho en Kansas, donde se logró un gran mejoramiento del aire, el agua y los suelos.
“Actualmente la agricultura produce el 20 por ciento de los gases que causan el calentamiento global. A diferencia de otros medios de frenar la emisión de dichos gases, la siembra directa se puede implementar de forma inmediata. Es una gran oportunidad sinérgica”, remarcó Rice, y mencionó como importante lo hecho por The Chicago Climate Exchange, un programa piloto de la reducción de emisiones de gases dedicado especialmente a este tema de la generación y almacenamiento del carbono en la agricultura.
Sus últimas palabras en la conferencia fueron una encendida defensa de la mitigación de los gases invernadero a través del secuestro de carbono: "Esto recién comienza. Tenemos que establecer una base de datos y tener así una base de referencia"