En el estudio, que consistió en una encuesta en zonas urbanas, se explica que
la opinión de la gente en un 93 por ciento es que es un sector importante y un
43 por ciento que fue el que más contribuyó a la reactivación del país. Sin
embargo también se evidencia un desconocimiento de la sociedad sobre la realidad
del sector agropecuario en general y sobre cómo está compuesta la cadena
agroindustrial, al punto que muchos de quienes la integran no se reconocen como
parte de ella, solamente los trabajadores rurales son totalmente conscientes de
pertenecer a la misma. Como ejemplo citó:“si le preguntamos a un camionero que
transporta cereal, no se va a reconocer como parte de la cadena agroindustrial”.
En este sentido un dato relevante es que el sector agroindustrial genera el 36
por ciento de los puestos de trabajo del país y que de ese total el 74,4 por
ciento vive en zonas urbanas, a pesar de que allí es donde más se desconoce su
importancia.
Este desconocimiento se refleja en que solo el 18 por ciento le atribuye al
campo avances tecnológicos, siendo también bajo el índice referido a la
educación. Lo mismo sucede con la idea de la población de que el campo es uno de
los sectores más protegidos, después del petrolero.
La gente cree que el campo puede terminar con el hambre, pero también piensa que
la distribución de la riqueza no es equitativa, que el estado no protege a los
pequeños emprendedores frente a los monopolios, generando la idea de que el
campo es sinónimo de concentración de riqueza en pocas manos.
Una parte del estudio consistió en preguntar a cincuenta líderes entre los que
había periodistas, funcionarios, empresarios y profesores universitarios, que
destacaron como positivo que el campo define la identidad nacional, se lo
vincula a la idea de empleo y junto al turismo es el sector con mejor imagen,
aunque marcaron como aspecto negativo que no se puede vivir de comodities y que
hay una falta de estrategia.
Con respecto a la cadena agroindustrial dijeron que no está instalada en la
sociedad aunque se logró romper con la idea de la antinomia agro- industria.
En cuanto a la encuesta al público en general un dato interesante es que el 35
por ciento vinculó al sector con el pasado y solamente el 26 por ciento con el
futuro, a pesar de que el 83,9 por ciento dice que el gobierno le tiene que dar
más ayuda. La poca vinculación con el futuro es porque aún prevalece en la
población la idea del campo como algo primitivo y lejos de la tecnología.
Las conclusiones de Rosendo Fraga fueron que “debe tomarse conciencia de los
integrantes de la cadena, desde la dirigencia hacia abajo, cuando logren bajar a
la persona común la idea de que integra la cadena, van a lograr más efecto. La
globalización llevó en todo el mundo a que la gente busque sus raíces. Esto y
otros elementos llevaron a una revalorización del sector como parte de la
identidad nacional”.
Uno de los problemas que encontró es que con la reforma constitucional de 1994,
al cambiar de elección indirecta a elección directa se cambió el eje del poder
porque ahora la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires tienen más votos
que gran parte del interior (el partido de La Matanza suma más votos que toda la
Patagonia junta) y los políticos se orientan solamente hacia Buenos Aires. Lo
que no se dan cuenta es que, viendo los resultados de la encuesta, la población
urbana también le asigna una gran importancia a lo que hace el sector
agropecuario.