El 16 de noviembre se llevó a cabo en el hotel Marrot Plaza la Jornada de la
Cadena Agroindustrial Argentina, organizada por el Foro de la Cadena
Agroindustrial Argentina, formado por cuarenta instituciones empresarias con el
objetivo de potenciar los recursos y posibilidades de la mayor cadena productiva
del país.
La apertura la realizaron el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luciano
Miguens, el Secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Miguel
Campos, el Secretario de Industria y Comercio, Juan Alberto Dumont y el Ministro
de Trabajo, Carlos Tomada. Luego Marcos Aguinis, Natalio Botana y Félix Luna
expusieron la visión de los intelectuales sobre esta cadena, lo cual también
hicieron los periodistas Mariano Grondona, Roberto García, Joaquín Morales Solá
y Eduardo Van der Kooy desde sus sector.
La segunda parte de la jornada consistió en la presentación sobre la
conformación de las cadenas agroindustriales en Chile y Brasil, a cargo de
Andrés Santa Cruz López, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura de
Chile y Júlio Cesar Augusto Pompei, asesor especial del gabinete del secretario
e ciencia y tecnología, desarrollo económico y turismo del Estado de San Pablo,
Brasil. La última presentación estuvo a cargo de Rosendo Fraga, con su estudio
de investigación sobre “La imagen pública de la Cadena Agroindustrial
Argentina”.
El eje de la jornada estuvo alrededor de dos temas que fueron la situación del
sector agroindustrial desde el pasado y hacia el futuro, y un análisis de la
relación del mismo con la sociedad.
El horizonte del bicentenario
Entre los intelectuales, se destacó el análisis de Natalio Botana, que
intentó delinear el horizonte para el segundo centenario, en el cual la
Argentina debería pasar de ser el granero del mundo a ser el fabricante de
alimentos del mundo y para eso habría que borrar ideologías que hicieron mal.
“Vimos el fracaso histórico de una concepción que tuvo resultados negativos, una
confrontación campo- industria. Se veía al campo volcado hacia afuera y a la
industria hacia adentro, en la idea de sustitución de importaciones”, aseguró
Botana. Sin embargo en los últimos quince años hubo cambios ya que se pasó del
concepto de estancia al de empresa agropecuaria y ahora hay que transferir al
concepto de “empresa de transformación agropecuaria”, donde se integren el campo
y la industria, que permitirá el crecimiento y que la economía se vuelque al
exterior definitivamente. “Hay que armar un triángulo donde en un vértice el
gobierno administre los recursos, en otro se genere conocimiento y en el tercero
se integre la industria con el campo”, explica el intelectual.
Hay instituciones que frustran el progreso y otras que lo alientan. En Argentina
el contexto institucional conspira contra el progreso y sin embargo hubo
crecimiento. “Hay que salir de la emergencia perpetua, de la cadena de crisis.
Es necesario combinar la energía visionaria con la cautela en el comportamiento.
Hay que acabar con las hipótesis de catástrofe, del ‘no va más’, de que no se
puede hacer nada. Hay que tener ganas de crecer y establecer la estabilidad
institucional”, afirmó Botana.
Con respecto al pasado el historiador Félix Luna trató sobre la situación
agropecuaria de fines del siglo XIX, ya que desde 1880 comenzó el
aprovechamiento de la tierra, que se inició con la revalorización jurídica de la
propiedad y el alambrado. Comenzó la exportación masiva de cereales y de carnes,
primero ovina y después bovina. Otro factor importante fue en 1896, con la
creación de la caja de conversión, que facilitó las exportaciones. Sin embargo,
faltaba la parte industrial: “los estancieros sabían manejar a la mano de obra y
al ganado, luchaban contra el clima, el lugar y los indios, pero no podían
manejar a la industria y los inmigrantes”, aseguró Félix Luna
La crisis del 30 pareció demostrar la vulnerabilidad del campo, que era muy
débil. El golpe de esa década estuvo apoyado por productores y eso generó un
sentimiento contra el campo porque era amigo del gobierno de turno. Se pensó que
debía crecer el sector industrial para contraponerse y porque además era más
estable, lo que realmente no era así.
Mariano Grondona también se refirió a los procesos históricos que llevaron a la
situación de la Argentina actual, coincidiendo con la mayoría en que el error
fue separar al campo de la industria, lo que hoy quiere revertir este foro. Como
primer paso explicó el concepto de Alexander Hamilton, primer secretario del
tesoro de EEUU, de que la industria es todo lo que pueda hacer el hombre.
“Acá se divide en primario (el campo, como algo primitivo) y secundario
(industria, representando a la modernidad). Argentina se calificó en una
sociedad dividida en primitiva y moderna. Vino una furia que llamaría edad del
metal, lo que eran fierros era moderno, se tuvo una idea unilateral de la
modernización. Se creó la idea de que había que consumir todo acá, campo e
industria. Se transfirieron ingresos para que Argentina fuera un país
industrial. La tragedia fue que esa generosidad no tuvo una contrapartida
adecuada porque la industria no era competitiva y agravaba los costos del campo,
que tenía que consumir lo que acá se producía. Si se hubiera hecho de una forma
eficiente seríamos como EEUU, con desarrollo industrial y agropecuario. Acá la
industria no aprovechó la transferencia del agro. Argentina hace más de setenta
años que no crece, hubo crecimiento algunos años pero el promedio es que no
creció. El crecimiento fue apenas mayor al crecimiento demográfico. Eso
significa que si uno gana es porque otro pierde. De 1880 a 1930 crecía al 6 por
ciento anual”, aseguró Grondona.
“Hay que terminar con la idea de industria o campo, primario o secundario. Agro
e industria son complementarios. Así habrá desarrollo y habrá para todos porque
repartiremos las utilidades y no comernos el capital”, culminó el periodista.