La cadena de producción de alimentos para productos derivados de animales comienza con la producción de alimentos balanceados y termina con el producto alimento que consume el consumidor. La cadena de producción de alimentos está impulsada por el mercado. Las exigencias del consumidor con respecto a la calidad y la seguridad alimentaria se traducen en requerimientos relativos a los procesos y productos de cada paso de la producción. El propósito de todos los que participan en la producción de alimentos es satisfacer al consumidor. Entre los participantes de la producción de alimentos se cuentan no sólo la industria de los alimentos balanceados, los productores y la industria del procesamiento sino también las instituciones gubernamentales, dada su responsabilidad de garantizar la salud pública.
Calidad y seguridad alimentaria requieren de una asociación público-privada que implica una cooperación estrecha entre los sectores público y privado. Con la legislación, el gobierno crea al marco en el cual ocurre la producción de alimentos y determina los criterios que tiene que cumplir la industria para producir alimentos de buena calidad y seguros. La industria de los alimentos balanceados, los productores, la industria procesadora y las instituciones gubernamentales son responsables de la adecuada implementación de las medidas que permiten que la cadena de producción alimentaria cumpla con los criterios establecidos. Finalmente, son necesarios los controles efectuados tanto por el gobierno como por la industria a fin de verificar si dichos criterios se cumplen.
En el comercio internacional, los criterios que debe cumplimentar la cadena de producción alimentaria se traducen en directrices internacionales. A través de la Comisión del Códex Alimentarius, la Organización de la Alimentación y Agricultura (FAO) ha establecido directrices internacionales tanto para los alimentos balanceados como para los alimentos para el consumo humano. El Códex Alimentarius determina las normas que se aplican a los aditivos utilizados en los alimentos y a los límites residuales que tienen que cumplir los productos para que puedan ingresar al mercado internacional. Las normas zoosanitarias están reguladas a través de la Organización Internacional de Sanidad Animal (OIE). La OIE ha definido las directrices que permiten determinar el estado zoosanitario del animal en relación con ciertas enfermedades. También regula las restricciones que pueden imponer los países importadores a los que exportan, en función de su estado respecto de tales enfermedades. El reconocimiento de la importancia de la salud del animal y su bienestar como parte integral de la calidad y seguridad alimentarias han llevado a la OIE a elaborar también directrices que se refieren a la seguridad alimentaria y el bienestar animal. La OIE y el Códex Alimentarius (FAO) son quienes establecen las normas técnicas para la Organización Mundial de Comercio (OMC). A través del acuerdo sobre medidas sanitarias y fitosanitarias (SPS), la OMC ha determinado que las restricciones o barreras comerciales sólo pueden imponerse si están basadas en evidencia científica sólida. Generalmente, tal evidencia se funda en una evaluación de los riesgos.
La evaluación del riesgo resultará cada vez más importante para el comercio internacional. Con una herramienta de este tipo, los países exportadores pueden demostrar que han cumplido con las normas internacionales que se refieren a salud animal y seguridad alimentaria. Los países importadores pueden exigir una evaluación de riesgo para estimar los posibles riesgos relacionados con determinados productos importados y adaptar su política de importación en consecuencia. Es menester que los datos a ingresar en este sentido sean proporcionados tanto por el sector público como por el privado. Para avalar que el resultado de la evaluación del riesgo se basó en pruebas científicas sólidas, son importantes la transparencia y la trazabilidad a lo largo de toda la cadena alimentaria. Toda vez que no se puedan garantizar la transparencia y trazabilidad de los datos utilizados para una evaluación de riesgo pueden imponerse restricciones al comercio de los países exportadores.
Un ejemplo de la importancia de las evaluaciones de riesgo basadas en una sólida evidencia científica es el de la encefalopatía espongiforme bovina (BSE), una zoonosis de altísimo grado infeccioso y letal causada por una proteína infecciosa. La infección ocurre en el ternero y la enfermedad tiene un período de incubación extremadamente largo, en promedio entre cuatro y seis años. Está emparentada con una variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob en el ser humano. Dado su alto nivel infeccioso (1 mg de cerebro infectado es suficiente infectar un rodeo), la BSE es una patología que requiere de estrictas medidas para su control. Éstas son necesarias a lo largo de toda la cadena de producción –desde la producción del alimento balanceado hasta la de alimentos para consumo humano – a fin de proteger tanto la salud animal cuanto la humana. La Unión Europea (UE) ha desarrollado una evaluación de riesgo geográfico (GBR) que permite determinar la situación de cada país en relación con la BSE, utilizando los resultados de tales evaluaciones para establecer su política de importación. Los datos para la evaluación del riesgo son suministrados por cada país. En caso de duda, la UE asume como escenario el peor de los casos, lo cual puede tener un efecto negativo en los intereses de un país exportador.
Otro rol de las evaluaciones de riesgo queda ilustrado en el ejemplo del uso de hormonas de crecimiento para la producción de carne bovina. En los Estados Unidos, tanto a nivel legislativo como a nivel consumidor se acepta el uso de tales hormonas. Los Estados Unidos dicen que se trata de un uso seguro si las hormonas se aplican adecuadamente, y que no existen efectos adversos conocidos para la salud humana. Por otra parte, la Unión Europea ha prohibido el uso de hormonas naturales en la producción de carne bovina. Por ende, casi todas las importaciones cárnicas de los Estados Unidos a la Unión Europea han sido prohibidas. De conformidad con el acuerdo sobre Aplicación de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (SPS ), las barreras comerciales deben basarse en evidencias científicas sólidas. Diversas opiniones publicadas por las Comisiones Científicas de la Unión Europea han declarado que no se pueden establecer ingestas diarias aceptables de residuos hormonales en carnes para consumo humano. Algunas hormonas, (estradiol-17beta) pueden resultar carcinógenas y por lo tanto en tales casos avalan la existencia de barreras al comercio. Sin embargo, la OMC ha decidido que la política de la Unión Europea no está basada en evidencias científicas sólidas y le ha permitido a los Estados Unidos tomar medidas en represalia y compensar las pérdidas económicas que han sufrido.
Las evaluaciones de riesgo también pueden aplicarse a enfermedades que no afectan la salud humana, como la aftosa. La aftosa es una enfermedad sumamente contagiosa que puede diseminarse velozmente, causando grandes pérdidas económicas, directamente a través de una menor producción, o bien indirectamente a través de la pérdida de los mercados internacionales y del turismo. Este gran impacto económico se basa, en parte, en una cuestión de percepción antes que en hechos de la realidad. Por lo tanto, es importante que los países demuestren la ausencia de actividad viral o de introducción del virus de la aftosa mediante la evaluación de los riesgos. Tal evaluación implica la reiteración de un proceso que debe actualizarse regularmente. La OIE ha establecido reglas para clasificar a los países en países libres de fiebre aftosa con y sin vacunación según el resultado de las evaluaciones de riesgo llevadas a cabo.
Con respecto a la situación en Argentina, los animales y productos animales tienen un gran potencial en el mercado internacional. El know-how técnico en el marco de las regulaciones sanitarias y fitosanitarias es un requisito crucial que debe actualizarse de forma regular. Las reglas cambian constantemente, tornando necesario el aprendizaje continuo de todas las partes involucradas en la cadena de producción alimentaria. Ello exige un esfuerzo especial dentro del esquema de asociación público-privada.
También resulta obvio que vender productos en un mercado requiere que se satisfagan las exigencias del consumidor. Asimismo, para garantizar la continuidad de las oportunidades comerciales, los países deben cumplir con todas las normas internacionales, tales como el Códex Alimentarius y el código zoosanitario de la OIE. Algunos países incluso han establecido normas adicionales que a menudo son de difícil cumplimiento.
En la actualidad, los mercados de exportación sudamericanos apuntan principalmente a los mercados de Norte América y Europa, pero existe la posibilidad de que en un futuro, los flujos comerciales se reorienten. Uno de esos mercados podría ser Asia, donde el desarrollo económico actualmente está en rápida evolución.

Ulrich Kihm, Safe Food Solutions Inc