El área ocupada por la agricultura de cosecha está creciendo a expensas del
retroceso de la ganadería hacia áreas más marginales o su confinamiento a
corral. Este fenómeno es particularmente cierto con respecto a la invernada,
tradicional ocupante de los mejores suelos destinados a la ganadería.
Sin embargo, no existen aún respuestas técnicas eficaces para evitar la
progresiva pérdida de nutrientes y materia orgánica que se está produciendo hoy
en los suelos bajo agricultura permanente.
Las praderas consociadas son una tradicional solución a este problema: con su
balance positivo de nitrógeno y materia orgánica, permiten sostener
prácticamente intacto un sistema en el que convivan armoniosamente la ganadería
con la agricultura.
La menor rentabilidad, mayor demanda de capital y mayor complejidad son las
desventajas que han hecho perder terreno a los novillos poniendo en peligro la
fertilidad de los suelos.
Un desafío interesante, entonces, es buscar la manera de que la invernada
obtenga resultados económicos similares a los de la agricultura.
Esto es perfectamente posible, pero la condición para lograrlo es que el grado
de ajuste y control del sistema productivo sea tan bueno como el de la mejor
agricultura moderna.
Para ponerlo en otras palabras, hay que desarrollar una nueva “ganadería de
precisión”.
Alcanzar un nuevo nivel de eficiencia en ganadería pastoril debe ser
necesariamente una tarea compartida entre los científicos y los productores.
Nuestro país es mucho más importante mundialmente produciendo carne que
generando conocimientos de ganadería (Bollani, 2005). Y los ganaderos argentinos
han demostrado ser mas lentos para incorporar las tecnologías disponibles que
los agricultores.
¿Cómo lograr una ganadería de precisión?
En un sistema ganadero, por naturaleza más complejo y con más variables que
cualquier cultivo de cosecha, toman mucho mayor importancia dos clásicos
requisitos, básicos para el éxito de cualquier proyecto: Un diseño inteligente
primero y un prolijo control después.
Para lograr buenos resultados en estas dos etapas contamos ahora con nuevas
herramientas tecnológicas que pueden ser de gran ayuda.
Un diseño bien fundamentado
Al diseñar un sistema ganadero (tanto como en cualquier otro negocio), es
fundamental conocer el costo de producción que se espera tener y cual es la
dimensión del riesgo que se está asumiendo. En una actividad que se realiza al
aire libre, y en la que el abastecimiento del principal insumo es tan aleatorio
e inmanejable como las lluvias esto cobra enorme importancia.
Recientemente se han descubierto correlaciones sorprendentemente buenas entre el
crecimiento de distintos recursos forrajeros y algunos indicadores de absorción
de energía solar que distintos sensores satelitales proveen en forma rutinaria y
a un costo muy bajo o nulo. Este hallazgo permite extrapolar con mucho mayor
confianza el crecimiento medido en un sitio y en un momento dado a muchos otros
sitios y a otros períodos de tiempo. Con el apoyo de estas correlaciones, y el
importante banco de datos histórico que está disponible, es posible saber con
mucha mayor precisión que antes cuánto es un crecimiento normal y cual es la
probabilidad de que se produzcan cantidades mucho menores o mayores de forraje.
Conociendo la variabilidad climática de la oferta forrajera se puede conocer el
riesgo implícito en el nivel de carga que se planifica y el eventual costo en
suplementación que se debería previsionar según el riesgo asumido.
Un tablero de control práctico y completo
La producción ganadera pastoril puede pensarse como un sistema de flujo
continuo, en el que el forraje ingresa, a través de una compleja transformación
de la energía solar, puede acumularse en un stock de magnitud variable, y se va
del sistema, principalmente consumido por los rumiantes y convertido, con
eficiencia variable, en el producto final.
En este proceso, tan importante como complejo, habitualmente conocemos muy mal
las magnitudes de cada variable en juego, desperdiciando a menudo gran parte de
la energía que ingresa cada día y en forma gratuita a nuestra fábrica de pasto.
Para poder alcanzar mejores valores de eficiencia hay que medir y conocer mejor
las variables principales sin enredarse en tecnologías caras y complicadas.
Por ejemplo, el proceso por el cual la energía solar disponible se convierte en
forraje está regulado en gran medida por la proporción de la superficie que está
cubierta por hojas verdes de especies forrajeras. Esta información es fácilmente
accesible para numerosos satélites que pasan cada día por encima de nuestras
pasturas. Y mediante las correlaciones antes mencionadas puede estimarse la
producción de pasto con buena precisión.
Otro aspecto fundamental es la conversión del forraje producido en carne, y para
que esta sea buena es muy importante alcanzar altos niveles de consumo diario y
sostener una alta calidad del alimento consumido.
El consumo diario de forraje es una variable tan importante como difícil de
medir, pero si se establece la rutina de estimar regularmente el stock de pasto
disponible y se conoce el crecimiento del pasto, no es difícil familiarizarse
con aceptables estimaciones de consumo animal.
En cuanto a la calidad del alimento que los animales consumen, los tradicionales
análisis de laboratorio de muestras de forraje tienen la importante limitación
de no contemplar la selección que realiza el animal entre las distintas especies
y estratos de hierbas presentes. Esta selección, íntimamente regulada por las
decisiones de manejo, puede permitir raciones efectivas de calidad totalmente
distinta al del promedio de la pastura. Para ayudar a resolver este enigma ahora
contamos con una herramienta nueva y eficiente: el análisis por el método Nirs-Nutbal
de muestras de materia fecal permite conocer, rápidamente y a bajo costo, la
calidad de lo que están comiendo realmente los animales y que nivel de
producción podemos esperar de ellos.
Las sabias rutinas
De lo anterior se desprende que podríamos conocer bastante mejor de lo
habitual cuanto crece el pasto en promedio, en los años malos, y en el momento
presente.
También podemos conocer periódicamente el nivel de stock de pasto y estimar el
consumo.
Y además estamos en mejores condiciones que antes de saber en tiempo real si la
calidad del forraje que ofrecemos guarda relación con la producción esperada.
Pero todas estas modernas herramientas y estos conocimientos solo son útiles si
están al servicio de un modelo productivo inteligentemente diseñados y si son
consultados con regularidad dentro de rutinas de manejo sencillas y bien
establecidas, que permitan tomar decisiones a tiempo según como se comporte
nuestro impredecible aliado, el ambiente natural.
Entrando un poco en detalles
Para brindar alguna información adicional acerca de las nuevas herramientas
tecnológicas disponibles, podemos intentar el siguiente resumen:
Básicamente, los satélites proveen una buena estimación de la proporción de la
superficie que se encuentra en ese momento cubierta de hojas verdes de algún
vegetal. Este dato se obtiene comparando la proporción en que la superficie
terrestre absorbe luz de distintas longitudes de onda.
Esa información se complementa con las estimaciones de radiación solar incidente
provistas regularmente por estaciones meteorológicas terrestres y que dependen
de la fecha, la latitud y la nubosidad
Combinando estas informaciones de distintas fuentes, se puede conocer cuanta
radiación solar útil para las plantas fue absorbida en determinado momento y
lugar del planeta.
Esta estimación sencilla y rápida de la radiación absorbida demostró tener una
relación sorprendentemente estrecha con el crecimiento del forraje que crecía en
ese mismo tiempo y lugar, medido de manera tradicional. Entonces, a través de
una sencilla ecuación matemática, se puede predecir el crecimiento del pasto en
otros sitios similares donde no se efectuó ninguna medición directa, pero por
encima de los cuales pasan diariamente los satélites.
Esta fuente de información satelital comienza a estar accesible a principios de
la década de 1980, con un nivel de detalle solo útil a escala regional, ya que
el mínimo píxel (unidad de información) promediaba la información de 6.400 has.
Con los años, fueron apareciendo sensores como los Landsat, de mucho mayor
detalle (11 píxeles por ha.), pero que solo proporcionan unas pocas buenas
imágenes por año. Por otro lado, las mucho más económicas y frecuentes imágenes
NOAAH brindaban información de grandes píxeles de 100 has., solo útiles para
explotaciones muy extensivas.
A partir del 2000 se logró un gran avance gracias al nuevo satélite MODIS, que
empezó a entregar buenas imágenes cada 16 días detallando píxeles de 5 has.
La radiación absorbida estimada a través de la información del sensor MODIS fue
exitosamente calibrada en el 2004 por investigadores del IFEVA (FAUBA-CONICET)
con una serie de cortes de pasturas efectuada en campos del CREA La Madrid, en
el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, desde el año 2000.
Los investigadores Martín Oesterheld y Gonzalo Grigera son los pioneros en el
desarrollo de esta aplicación, novedosa en el país y en el mundo. El apoyo
inicial del técnico de AACREA Juan Lafontaine resultó de gran importancia.
En cuanto al método Nirs/nutbal, es una ingeniosa aplicación de la
espectrofotometría sobre muestras de materia fecal bovina, que permiten estimar
con bastante acierto la digestibilidad y la concentración de proteína de la
dieta ingerida recientemente por el animal.
Se trata, sencillamente, de recolectar por ejemplo diez muestras de 50 gramos
cada una para integrar un pool representativo de un rodeo de vacunos. Enviada la
muestra en frío a un laboratorio especializado, se puede obtener muy rápida y
económicamente una información muchas veces imposible de obtener de otra manera.
Se ha desarrollado y calibrado en varias regiones un software (nutbal), que con
la información de espectrofotometría y conociendo diversas características de
los animales y el forraje, puede predecir la evolución productiva que debe
esperarse de determinados animales consumiendo determinados forrajes.
Este novedoso sistema se originó hacia 1990 en la Universidad de Texas y desde
entonces se ha perfeccionado y calibrado para distintos ambientes y forrajes
La Facultad de Ciencias Agrarias de la UCA es pionera en nuestro país
desarrollando y calibrando localmente esta herramienta, y las investigadoras
Sonia Chifflet y Carolina Díaz llevan a cabo una destacada labor.
Fernando Pacín