El XVIII Congreso de Aapresid “El cuarto elemento”, continúa desarrollándose en el Centro de Convenciones Metropolitano de la ciudad de Rosario. Más de 2500 inscriptos y la presencia de numerosos medios locales y nacionales acreditados, marcan la relevancia del evento.
Durante toda la jornada, la expectativa estuvo puesta en uno de los paneles más convocantes del Congreso: El Simposio Internacional del Agua.

Desde la mañana y hasta la tarde los disertantes aportaron un diagnóstico sobre el problema del manejo del agua, plantearon los avances en materia de mejoramiento genético para aumentar la eficiencia de este recurso tan escaso. También circularon por los paneles, expositores de distintas regiones del país, quienes compartieron con un nutrido auditorio sus experiencias en torno al manejo del agua en diversos ambientes geográficos.

Por la tarde, como cierre del Simposio se desarrolló un panel bajo el título: “Huella hídrica y sus aplicaciones: estudios de caso en argentina y en el mundo”. Del mismo participaron tres disertantes, Erika Zárate, ingeniera química, oficial de Programa (Programme Officer) para la Red de Huella Hídrica, ONG internacional creada en Octubre de 2008, Silvia Rafaelli, doctora en Ciencias de la Ingeniería de la Universidad Nacional de Córdoba con experiencia en gestión integrada de cuenca, consultora independiente de proyectos internacionales y Eugenia Vidallé, alumna de la Maestría en Ciencias de la Ingeniería, de la Universidad Nacional de Córdoba

Las mismas llevaron adelante una exposición absolutamente integrada, en la cual introdujeron el tema de la huella hídrica desde su misma definición hasta llegar a bosquejar algunos aspectos del caso argentino.

La encargada de abrir y estructurar las exposiciones que le sucedieron fue Érika Zárate. Zárate empezó por definir el concepto de huella hídrica como “el volumen de agua dulce total utilizado para producir bienes y servicios para ser consumidos por una comunidad”. En esa línea, desglosó los componentes del agua consumida entre “la incorporada al producto, la evaporada y la contaminada” en el transcurso del mismo proceso productivo.

Además, Zárate caracterizó dos “tipos” de agua, y en este punto puso especial énfasis: “hablamos de agua física pero también virtual, es decir de aquella utilizada a lo largo de la cadena productiva”.
Sobre esa línea la oradora esbozó una catarata de ejemplos que cautivaron la atención del auditorio. Entre estos se enumeró que para producir un kilo de carne vacuna se consumen 36 mil litros de agua, o que un kilogramo de café insume en su proceso productivo aproximadamente 21 mil litros. “Conocer estas cifras es importante para elevar la conciencia”, señaló Zárate.

En ese marco, la mujer destacó el carácter temporal y geográfico que necesariamente debe tenerse en cuenta a la hora de plantear la complejidad de la gestión y utilización de un recurso tan vital como escaso.
“Hay regiones del mundo productoras de bienes y servicios con alto contenido de agua y otros lugares donde son requeridos esos productos para ser consumidos”, dijo. A su vez, los reservorios de agua dulce no están distribuidos de un modo parejo en el globo, pero y hay naciones como es el caso europeo, dependientes de otras para satisfacer sus necesidades de consumo del preciado líquido. En ese sentido, Zárate definía categóricamente de qué manera “el agua se vuelve un recurso geopolítico, como el petróleo”.

“Actualmente el precio del agua prácticamente no es tenida en cuenta”, planteó Zárate, quien en la claridad de una serie de gráficos dejo ver cómo la actividad agrícola-ganadera es principal consumidora de agua en su cadena productiva. “Sólo la agricultura consume el 80% de la huella hídrica nacional”, dijo.

En ese marco planteado, recogieron el guante Rafaelli y Vidallé para acercar algunos aspectos del caso argentino. Ambas oradoras coincidieron en la falta de información y en la necesidad de avanzar en estudios de índole local que den cuenta de la situación y movilidad de la huella hídrica nacional a fin de estar a la altura de las circunstancias y desafíos que trae un futuro próximo en términos históricos. Concretamente, en relación a cómo la gestión de este limitado recurso será clave para la producción de alimentos en el mundo en las próximas décadas.