Hay quienes empezaron a optar por la primera: pasado mañana se anuncia la primera protesta de productores y ganaderos en Salliqueló. Hay otra asamblea en preparación prevista para el 7 de abril en Río Cuarto, Córdoba. El riesgo de recorrer este camino es grande. El Gobierno no sólo grita en las tribunas sino también recurre a los "aprietes", como los realizados contra 11 casas consignatarias, y a la acción directa de los grupos piqueteros oficialistas, como los que se manifestaron el miércoles pasado frente al Mercado de Hacienda de Liniers y frente a la sede de la Sociedad Rural Argentina.

El segundo camino tampoco es sencillo. En el Gobierno no hay interlocutores válidos, salvo los canales informales. Las decisiones pasan exclusivamente por el presidente Kirchner. Ya no sólo es la Secretaría de Agricultura la que no tiene relevancia en este conflicto sino también el Ministerio de Economía. Desde Agricultura, para peor, se les da más letra a las teorías conspirativas de la Casa Rosada y no se aporta ni un gramo de inteligencia para salir de la encerrona.

Sin embargo, la propia cadena de ganados y carnes debería hacer un examen sobre lo actuado hasta ahora. Todas las entidades proponen y piden un diálogo y se expresan en favor de firmar un acuerdo de precios, pero cuando deben definir qué cede cada eslabón, aparecen las divergencias. La situación no es nueva. Desde hace un año el Gobierno propone acuerdos y el sector no es capaz de superar sus diferencias, más allá de la decena de propuestas que circulan, y ofrecerle una alternativa para que el índice del costo de vida no se dispare por culpa de la carne. Hay consenso sobre el diagnóstico: falta de oferta de hacienda, ausencia de un programa de mediano plazo y alta informalidad sanitaria y comercial, entre otros factores. Pero todavía falta un esfuerzo para lograr una propuesta común. Hay mucha gente capaz y bienintencionada que podría ayudar a lograrla.

Por Cristian Mira