Aunque la carne vacuna, como la sombra de Santos Vega, sigue ocupando la
escena del ancho campo, hay otra cuestión que puede tener consecuencias mucho
menos visibles en el corto plazo, pero que inexorablemente impactará sobre la
economía y la sociedad. Es nada menos que la destrucción del sistema nacional de
semillas.
Hace exactamente 10 años, Felipe Solá liberaba al mercado la soja RR,
inaugurando la era de la biotecnología. Sabemos lo que significó esta decisión
para el campo y para el país. ¿Alguien se imagina dónde estaríamos si en lugar
de 40 millones de Tn. de soja, tuviéramos sólo 14 o 15?.
Hoy, en vez de celebrar con alegría aquél momento de lucidez (me constan las
enormes dudas que tenía el hoy gobernador bonaerense, presionado desde distintos
lugares para cajonear el expediente), hay que poner el alerta rojo sobre el
riesgo que corre el sistema nacional de semillas.
No es moco de pavo: todo empieza en la semilla. Y, todo puede terminar si se
sigue equivocando el camino. Hasta ahora, el principal conflicto vinculado con
las semillas era la expansión geométrica de la "bolsa blanca".
La inoperancia oficial en el control de la semilla ilegal se expresó con
virulencia en las autógamas. Todo el mundo sabe que el conflicto con Monsanto
por las regalías no hubiera existido, le asista o no derecho a la creadora del
gen RR, sin la circulación indiscriminada de la bolsa blanca.
Pero hace un mes la Sagpya emitió la Resolución 71, del 21 de febrero, que saca
del centro del tablero a las autógamas y pone en jaque a los híbridos. Que hasta
ahora se protegían solitos, por el hecho de que el chacarero debe comprarlos
todos los años. Esto garantizaba el ejercicio del derecho de propiedad del
obtentor.
La consultora RIA sacó esta semana a la luz esta cuestión. En un informe, señala
que la norma exceptúa (por 90 días) "a todos aquellos que produzcan y
comercialicen híbridos de maíz" que contengan el evento de transformación GA21,
de resistencia a glifosato, de cumplir con las obligaciones previstas en las
Resoluciones 39/2003 y 46/2004.
Estas dos resoluciones —sostiene RIA— son las que actualizaron el marco
normativo para la aprobación de eventos transgénicos. La excepción implica que
quienes aprovechen la bolada no necesitarán cumplir con todos los pasos
requeridos hasta ahora para lograr la aprobación de un híbrido que contiene un
evento transgénico. Y tampoco se requiere un acuerdo previo con el proveedor de
la tecnología.
Syngenta, propietaria del evento GA21, liberado al mercado en agosto del 2005,
ahora tendrá que aceptar que cualquiera inscriba un material con esta línea, aún
cuando no tenga convenio alguno para cederle el uso.
El argumento de la Sagpya es aumentar la competencia en híbridos resistentes a
glifosato, porque hasta ahora sólo existen los RR de Monsanto. En el marco de la
inquina que manifiesta Miguel Campos con esta compañía, la medida parece un paso
más en la escalada. Le quiere minar el campo de batalla como sea.
Pero es una decisión que altera drásticamente las reglas de juego del negocio, y
pone al obtentor (Syngenta) atrás del semillero que lo utiliza. Lo más notable
es que alguno de los materiales inscriptos apenas se conoció la resolución ni
siquiera habrían sido entregados por la compañía Syngenta, que aún no salió a
hablar.
Pero es un tema delicado, porque la Sagpya aparecería ayudando a blanquear una
situación irregular. En este negocio no hay nenes de pecho, y hay nuevos actores
que necesitan posicionarse rápidamente. Bienvenidos los jugadores que se arriman
al negocio, pero cuidado con las normas ad hoc para "ayudar" en su instalación,
como algunos sospechan que podría ser el caso.
En la industria de semillas se teme que esta resolución sea un globo de ensayo,
ya que genera un antecedente para nuevas "excepciones". Así, el jubileo
instalado en autógamas, más por omisión que por otra cosa, se traslada a los
híbridos. ¿Queremos que se pudra todo?