El dirigente eligió, para explicar el humor industrial, una comparación de
inocencia dudosa: “Sé que es un contrasentido, pero es así: vendemos como nunca
y hay sectores que se quejan más que con Martínez de Hoz”. Hablaba, ante una
consulta de LA NACION, de un creciente, aunque aún oculto, malestar dentro de la
Unión Industrial Argentina (UIA), a raíz de las últimas medidas del Gobierno.
“Hay un clima medio raro: se viene una onda antiinversión complicada”, completó.
Algo se ha encendido en la UIA. Cuestiones que hace poco tiempo se aceptaban con
indiferencia han pasado a ser el centro de las charlas. Los reclamos provienen,
principalmente, de las entidades del interior, y serán planteados en los
próximos días en encuentros informales y, más institucionalmente, en la junta
del martes próximo en la sede de la central fabril, en la Avenida de Mayo, a la
que asistirán casi 80 dirigentes.
¿Qué inquieta, en concreto? Básicamente, recientes decisiones oficiales como la
suspensión de exportaciones de carne; proyectos como el de riesgos de trabajo o
fallos de la Corte al respecto y sobre indemnizaciones; el contexto social, con
bloqueos de rutas o plantas y reclamos salariales; el escaso financiamiento a la
inversión, e incluso el mal precedente que significa, para los más ortodoxos, la
rescisión del contrato con el grupo francés Suez.
“Son medidas aisladas pero, vistas en conjunto, aparecen como una bomba –expresó
uno de los hombres más influyentes de la entidad–. Si no hay inversión, no se
amplía la oferta. Le están echando nafta a la inflación.” Varios dirigentes del
interior hicieron un reclamo específico en estos días: necesitan que la UIA deje
de estar callada. Se suspendieron las exportaciones de carne, algo que
consideran gravísimo, y no se oyó una palabra de la entidad. “Nosotros tenemos
buena relación con el gobierno provincial –manifestaron en una entidad del
interior–. Pero el diálogo con el gobierno nacional debería venir vía UIA. En
cambio, todo lo que logramos fue por nuestra cuenta. Está bien, es una
estrategia. Yo tengo que confiar en los dirigentes que me representan.”
Adiós a Lavagna
Días atrás, algunos se reunieron con la ministra de Economía, Felisa Miceli,
para pedirle sumo cuidado con el proyecto sobre riesgos de trabajo. Les contestó
que intercedería, pero hay varios escépticos. “Es una batalla que ella está
perdiendo”, se resignó un ejecutivo. Algo cambió para la UIA desde la partida de
Roberto Lavagna. Nadie lo dirá en público, pero todos sienten haber perdido a un
interlocutor de peso.
La suspendida exportación de carne es el tema más hablado. ¿Cómo se explica que,
el año pasado, el Gobierno haya destinado 8 millones de dólares a la promoción
de esas ventas externas y ahora las frene?, es el razonamiento. A ningún
empresario cordobés le es indiferente que, en los últimos tres años, esa unión
haya pasado de tener de uno a cinco frigoríficos exportadores. No hay, tampoco,
santafecino que no se inquiete ante la posibilidad de una saturación para la
salida de sus exportaciones de granos, casi el 80% del país. En San Lorenzo, por
ejemplo, entran 8000 camiones por día, y las obras de infraestructura parecen
algo retrasadas.
Otra cuestión que pocos han advertido: los cortes en Gualeguaychú, que trabaron
por 45 días el ingreso en Uruguay de productos fabricados por firmas nacionales.
O los paros en Aerolíneas Argentinas, que dañan la imagen en el exterior.
Consultado por LA NACION, un empresario se cuidó un largo rato de hacer grandes
cuestionamientos hasta que soltó, por fin, una frase que repite varias veces en
la intimidad: "El Presidente dice: ´Los empresarios quieren que paguemos la
carne a precios de exportación´. Yo pregunto: ¿y a qué precio quiere que la
paguemos?"
He ahí un gran escollo industrial: el humor de Néstor Kirchner. La entidad
fabril está, una vez más, ante el dilema de reclamar sin ofender. Algunos lo
admiten desde el anonimato. Otros, ni siquiera bajo esas condiciones, pero lo
reconocen en conversaciones reservadas. "Tenemos un Presidente muy especial
-dijeron en otra de las uniones del interior-. Nos preocupan este tipo de
actitudes, como la suspensión de exportaciones, porque impiden la inversión.
Llama poderosamente la atención esta forma de tomar decisiones del Presidente.
Habría que diseñar un esquema que dé los mismos resultados. Para nosotros es
grave. En un gobierno democrático, criticar debería ser casi nuestra obligación,
pero acá lo toman como una agresión y luego vienen las sanciones."
Reelección
En la central fabril ya anticiparon que no habría un cambio de postura
discursiva. A pesar de que aprobaron, hace dos semanas, una reforma en la
estructura de varios departamentos de la UIA, en los que se les daría mayor
participación a dirigentes del interior. "No vamos a decir nada", se adelantó
uno de los hombres más escuchados.
La actitud tiene una explicación que se trasluce en cada consulta: no hay
dirigente que no dé por descontado que Néstor Kirchner será reelegido el año
próximo. Así, conscientes del carácter de un presidente celoso de lo que se
publica en los diarios, poco afecto a la crítica y de tajantes reacciones ante
cualquier diferencia planteada, intentan no deteriorar una relación que
imaginan, por lo menos, hasta 2011.
Por Francisco Olivera