El buen momento por el que pasa la industria vitivinícola nacional ha sido un impulso para que nuevos empresarios de los más diversos rubros se hayan sumado al afán por tener sus propios proyectos vitivinícolas.
A nombres ya conocidos en el ambiente, como Juan Cuneo, de Falabella; la familia Cremaschi, de la óptica Moneda Rotter, y Lorenzo Bauzá, perteneciente al clan dueño del pisco del mismo nombre, ya se están sumando nuevos empresarios. Y en los dos últimos años al menos tres viñas han incursionado en el rubro: Viña Tres Palacios, Garcés Silva y Chocalán.
Pese a que se dedican a productos de nicho, de bajo volumen, tienen como denominador común no temerle a la competencia de las grandes vitivinícolas chilenas, porque, aseguran sus dueños, siempre hay espacio en un rubro donde los consumidores gustan probar nuevas variedades.
Los nuevos actores
Tres Palacios, ligada al empresario Patricio Palacios, inició sus envíos en 2003 y a un año de esta incursión, ya pretende triplicar sus exportaciones, previendo para este año alcanzar retornos por unos US$ 300 mil. De partir con exportaciones a Dinamarca, Holanda, México, Perú o Brasil, ya están viendo la posibilidad de ingresar a mercados más competitivos, como Bélgica, Inglaterra y Estados Unidos.
Pero más allá de los números y resultados, su dueño -accionista también de Pesquera Palacios, entre otras- explica que a tal nivel llega su pasión por los mostos que esta es su segunda incursión en la industria, luego de una fallida que tuvo hace unos 25 años, a través de la Viña Monte Verde.
Su nueva apuesta -que le implicó una inversión de unos US$ 4 millones en un viñedo de unas 80 hectáreas plantadas en el Valle de Cholqui, en el río Maipo- es de corte familiar, lo que explica las marcas con las que operan: Tres Palacios, aludiendo a la tercera generación de la familia, y 9 de Mayo, la fecha de nacimiento de su primera nieta.
Distinta es la vía por la que José Antonio Garcés Silva, accionista de Embotelladora Andina, llega a la industria con la Viña Garcés Silva. Su hijo, Matías Garcés, explica que el arribo a los vinos fue como una segunda línea de negocios en la agroindustria, pues en la actividad ya están presentes como productores de uva de mesa a través de Huertos Santa Teresa, en Rancagua.
Para el proyecto vitivinícola escogieron el Valle de Leyda, cerca de San Antonio. Invirtieron unos US$ 4,5 millones en poner en marcha bodegas y viñedos que hoy suman 120 hectáreas plantadas. El 2003 hicieron su primera vendimia y este año se lanzaron al mercado nacional y de exportación con la marca Amayna. Con envíos externos que recién partieron en agosto a mercados como Brasil, Bélgica, Francia, Japón e Inglaterra, hoy logran ventas consolidadas por US$ 350 mil. Y con expectativas de seguir creciendo.
Suerte parecida siguió la Viña Chocalán, ubicada en el Valle del Maipo, en Melipilla. Ligada al empresario Guillermo Toro -dueño de Cristalerías Toro-, la firma hizo su primer embarque el año pasado y facturó unos US$ 35 mil. Este año prevén ventas por unos US$ 110 mil, considerando que a los mercados de Corea, Londres y Canadá ahora se están sumando Estados Unidos, Bélgica, Irlanda y Brasil.