Una de las principales citas internacionales del año le permitirá esta semana a Néstor Kirchner afianzar los lazos con el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, retomar la relación personal con el francés Jacques Chirac y escenificar una reconciliación con el chileno Ricardo Lagos, tras la tensión causada a raíz de la suspensión de las exportaciones de gas argentino.
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Esos tres jefes de Estado ya tienen asignado un lugar en la agenda de Kirchner para la III Cumbre de la Unión Europea y América Latina, que se desarrollará entre el jueves y el sábado en la ciudad mexicana de Guadalajara.
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La crisis energética, las inversiones privadas en el país, la ampliación del comercio con Europa y la renegociación de la deuda pública ocuparán buena parte de los contactos bilaterales del Presidente.
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Para sumarle interés al viaje, no faltará un valioso ingrediente de política interna: por primera vez en varios meses se encontrarán Kirchner y su principal aliado, el ex presidente Eduardo Duhalde, que irá a la capital del tequila en su papel de titular de la Comisión de Representantes del Mercosur.
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Kirchner saldrá en el Tango 01 hacia México la noche del miércoles y comenzará la actividad oficial al día siguiente: durante la reunión está previsto que se ponga fecha al anuncio de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), tras años de trámite.

Por eso se prevé que apenas llegue Kirchner se encuentre con su colega de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el principal socio del bloque regional.

Tras el cambio

La cumbre de Guadalajara permitirá a Kirchner dialogar en persona con Rodríguez Zapatero, por primera vez desde que el líder socialista preside el gobierno español. Anteriormente ya se habían encontrado en España y en la Argentina, pero cuando Rodríguez Zapatero era candidato.

La reunión ocurrirá en medio de la crisis energética que vive la Argentina, donde firmas ibéricas administran algunas de las principales productoras del sector, en especial la petrolera Repsol-YPF.
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Kirchner había desarrollado una relación cordial pero con marcadas disidencias con el anterior jefe del gobierno de España, José María Aznar. Fue marcado el optimismo de la Casa Rosada con el recambio político ocurrido tras los atentados en Madrid del 11 de marzo pasado.
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Rodríguez Zapatero ya ha anticipado su apoyo a la Argentina en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y prometió afianzar sus lazos con América latina, pero persisten las dudas sobre cómo actuará en relación con la situación de las empresas de su país.
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Hace dos semanas, ambos presidentes hablaron por teléfono tras el ataque de un grupo piquetero a la sede de Repsol-YPF y entre algunos hombres cercanos a Kirchner quedó la sensación de que España mantendrá la política de los últimos años en lo que se refiere a reclamar más seguridad jurídica para sus inversiones.

La relación con las empresas privatizadas estará presente también en la reunión que Kirchner espera tener con Chirac. El acuerdo del Gobierno con Aguas Argentinas (de capitales franceses) permitirá un diálogo distendido entre los presidentes, que sólo se vieron hasta ahora en París, hace 10 meses.

Para la Argentina resulta fundamental, además de garantizar las inversiones, cristalizar el apoyo de Francia en el directorio del Fondo Monetario, cuando falta poco para la tercera revisión del acuerdo firmado en septiembre pasado y para la negociación del compromiso de pago para el año 2005.

Otro peso pesado de la política internacional que se espera en Guadalajara es el canciller alemán, Gerhard Schršder. Si bien el Gobierno no tenía todavía registrada una reunión oficial de Kirchner con líder europeo, se calcula que será inevitable algún tipo de encuentro bilateral. Alemania es uno de los países más perjudicados por el default argentino.

Para recomponer

Pero sin duda reviste un valor especial para el Presidente la posibilidad de conversar mano a mano con Lagos, el mandatario latinoamericano a quien más decía admirar, por lo menos hasta el conflicto desatado por la crisis del gas.
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En las últimas semanas, la Cancillería fomentó una política de acercamiento con Chile para superar la tensión diplomática, que podría culminar con una "muestra de amistad" en Guadalajara, según anticiparon fuentes de la Casa Rosada.

La organización de la cumbre de Guadalajara confirmó la participación de 40 presidentes y de la cúpula de la Comisión Europea, que debatirán sobre el multilateralismo, la cohesión social y la integración regional. En total, hay 58 jefes de Estado y/o de gobierno invitados (33 de América latina y el Caribe y 25 de la Unión Europea).

De los presidentes se sabe que faltarán el británico Tony Blair y el italiano Silvio Berlusconi, entre otros.

Es una incógnita (como suele ocurrir en este tipo de encuentros) si estará el líder cubano Fidel Castro, que mantiene un conflicto reciente y sin precedente con el gobierno de México.

El debate de los jefes de Estado se desarrollará el viernes en un salón del viejo Hospicio Cabañas, un edificio del siglo XIX convertido en museo y famoso por los murales de José Clemente Orozco.

El sábado es el día previsto para los encuentros de los bloques regionales con los representantes de la Comisión Europea para concretar en el máximo nivel político los acuerdos relacionados con cuestiones comerciales.

Por Martín Rodríguez Yebra
De la Redacción de LA NACION