El Fondo Monetario Internacional está muy preocupado por los 15.000 millones de dólares que le adeuda la Argentina. Por eso, plantea que el país debe llegar lo más rápidamente posible a un acuerdo con los acreedores privados, para poder tomar nuevamente créditos en el mercado internacional con los cuales empezar a achicar sus compromisos con el FMI.
Si se suma la deuda de Brasil y Turquía, sólo estos tres países le adeudan 63.600 millones de dólares, nada menos que el 65% de los préstamos otorgados. Semejante "concentración del riesgo crediticio" es récord.
En el caso de la Argentina, la preocupación es simple: el FMI considera que tiene pocas chances de cobrar los vencimientos. Y entonces plantea que la clave para cobrar pasa por que la Argentina vuelva lo más rápido posible a endeudarse en los mercados internacionales y para eso se requiere, entre otras cosas, que llegue a un acuerdo con los acreedores privados.
En la página 33 de un documento del Departamento de Finanzas del FMI —al que tuvo acceso Clarín— con fecha del 23 de marzo último, se admite que "el Fondo va a permanecer muy expuesto con la Argentina por algún tiempo".
Y plantea que "una cuestión clave es el tiempo que tendrá que esperar la Argentina para acceder al mercado de capitales".
La preocupación que expresa el FMI respecto de los plazos están basados en el siguiente diagnóstico: "Si la generación de los recursos depende fundamentalmente de un continuo superávit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, la capacidad de pago de la Argentina sería limitada", afirma.
"La capacidad de pago —agrega el documento— depende más de restaurar la confianza de los inversores en la Argentina y del acceso al mercado de capitales internacionales".
Frente a esto, sostiene que "una rápida normalización de las relaciones con los acreedores privados, permitirá que éstos alivien de manera sustancial el peso de la deuda".
Además, afirma que "será vital la implementación de reformas en el plano fiscal, bancario de institucional".
El documento revela también que este mismo tema fue luego considerado por el Directorio del Fondo, en una reunión que se hizo a fines de abril. En ese encuentro, varios directores destacaron que el Fondo había tenido una alta participación en el financiamiento de países en situaciones de crisis, como el caso concreto de la Argentina.
Por eso, concluyeron que ahora "sería apropiado el incremento del financiamiento de otros organismos bilaterales o multilaterales". Aludieron así a la necesidad de que a partir de ahora sean el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) los que se encarguen de desempeñar el rol que antes jugó el Fondo.
Pero hay un inconveniente para que esto se pueda concretar: los países endeudados con el Fondo también lo están con el resto de los organismos internacionales. Por ejemplo, la Argentina adeuda otros 16.000 millones de dólares al BID y al Banco Mundial.
Por el acuerdo que el Gobierno firmó con el Fondo en setiembre de 2003, que se extiende hasta agosto de 2006, la Argentina se comprometió a pagar los intereses de todas estas deudas con el FMI, el BM y el BID. Y estos organismos internacionales asumieron el compromiso de renovar los vencimientos de capital. De esta forma, se aseguraron que la exposición crediticia no aumentará. Pero el mecanismo tampoco prevé una fórmula explícita para que se reduzca.
El Fondo recuerda que la deuda argentina con el FMI equivale al 100% de las reservas del Banco Central o al 12% del PBI o al 48% de sus exportaciones. Y representa casi el 500% de la cuota que tiene la Argentina
La "concentración del riesgo crediticio" en pocos países plantea, según el
FMI, tres problemas para su política financiera:
Restringe las posibilidades de dar créditos a otros países.
Lo obliga a elevar las previsiones y a ampliar el aporte de los países
miembros.
Lo enfrenta al riesgo de que uno de los países deudores deje de pagar, lo que provocaría un "considerable impacto adverso en las posición financiera del Fondo".