Pese a la interrupción del diálogo entre el gobierno y los representantes del sector rural a partir de la negativa del gobierno de revisar la presión impositiva que enfrenta el sector, como así también en la demora en solucionar el remanido tema del endeudamiento bancario, la actividad de los productores no se detiene y se empieza a analizar el escenario que se plantea para la próxima campaña del cultivo de trigo.
Para ello, conviene primeramente realizar un análisis respecto a cual podría ser la posible evolución de los precios, dado que es muy fuerte la sensación de que los actuales niveles tendrían un limitado camino para recorrer. Así, se observa que en la campaña 2003/04, la producción triguera mundial se redujo en 17 millones de toneladas en relación con el año anterior, siendo la Unión Europea el principal responsable de esa caída, seguida por los países de Europa del Este.
Y hubiese sido peor de no haber ocurrido una fuerte recuperación de la producción del cereal en Estados Unidos, Australia y Canadá, entre quienes aportaron casi 43 millones de toneladas más respecto al año anterior.
En lo referido al consumo mundial de trigo, durante la campaña 2002/03 alcanzó un récord de 601 millones de toneladas, razón por la cual, dada la disminución en la producción, los stocks mundiales cayeron volvieron a caer, y ya por tercer año consecutivo. Todo lo anterior presenta una situación muy ajustada, donde tendrá una importancia decisiva la confirmación de buenas cosechas por parte de los cinco grandes exportadores del hemisferio Norte: Estados Unidos, la Unión Europea, Europa del Este, Canadá, Rusia y China.
Con la situación de bajos stocks , cualquier efecto negativo sobre las cosechas puede alterar en forma significativa el mercado del cereal. Y las posibilidades de que las consecuencias sean un alza en los precios son mayores que las de que se produzcan bajas en las cotizaciones.
En otras palabras, deberían darse condiciones climáticas excelentes en todas las regiones trigueras del mundo para que los precios bajen a sus niveles habituales.
Claro que más allá de los factores climáticos, existen otras cuestiones que generan incertidumbre, como la inestable relación entre las divisas de los principales bloques económicos (dólar, euro y yen), la tendencia en el precio del petróleo y la incógnita sobre el crecimiento de la economía china. Sobre esto último, se debe tener en cuenta que la demanda de importaciones de trigo de este país son otro factor potencial para el alza en los precios.
Cabe recordar, que la importación de 10 millones de toneladas en el ciclo 95/96 fue uno de los principales determinantes del alza en los precios en aquel momento. Estimaciones privadas indican que la demanda para los próximos meses sería de aproximadamente 5 millones de toneladas.
En lo que respecta al mercado argentino, la producción local de trigo en la campaña que pasó habría superado, según fuentes privadas las estimaciones iniciales. Así, mientras que en noviembre y diciembre pasado, la mayoría de los pronósticos hablaban de 10 millones de toneladas, debido a los buenos rindes obtenidos en las principales zonas productoras, la cifra definitiva se acercó a los 14 millones.
Para la campaña que se inicia, los relevamientos iniciales indican una reducción en el área sembrada, pero con una mayor concentración en las zonas de más altos rindes. Si a ello se suma, de no mediar eventos climáticos adversos, la recuperación de la productividad en las regiones que el año pasado fueron seriamente afectadas por la sequía, la producción podría alcanzar los 13 millones de toneladas, una menos que la campaña anterior.
Mientras tanto, Brasil, el principal comprador del trigo argentino, continúa incrementando su producción propia de trigo, y se estima que nuevamente sería del orden de los 6 millones de toneladas, con lo cual se reducirían sus necesidades de importación. Las exportaciones de este país se verían complicadas, debido al aumento de la producción de trigo en los países del este europeo y al fuerte incremento en los fletes marítimos.
El avance en la producción de Brasil no es una buena noticia para la Argentina, ya que obligadamente deberá buscar nuevos mercados para colocar su producción. Claro que para ello, mucho ayudaría contar con un estándar de calidad de trigo que le deje segmentar los mercados al tiempo que otorga mayor seguridad acerca de la mercadería que comercializa.

José Gabriel Foco/Economista CREEBBA