Las noticias que leemos en los diarios son parecidas a las del año 1997.

¿Se acuerdan qué precios habían en aquel año?

Hasta el primer semestre de ese año, todo era un jolgorio. Pero después comenzó la caída. Y la situación pasó de preocupante a patética, en el año 1999.

Como en aquel entonces, ahora, el valor del dólar amenaza con subir. Y en consecuencia la tendencia es a bajar el del euro y el del yen. Y por tanto, a bajar la demanda de los granos y sus derivados.

Además, el precio del petróleo ha iniciado un recorrido claramente ascendente. Como todos sabemos un aumento en los fletes va en contra del valor de los commodities agrícolas, que se transportan en buques de gran calado.

La firmeza del dólar en el mercado internacional como consecuencia de una esperado suba en las tasas de interés en EE.UU. y la acentuada suba de precios de los combustibles no son buenas nuevas para los precios de la soja y de los demás granos.

A su vez, el nerviosismo de las Bolsas de los mercados internacionales no ayudan a mantener un clima de tranquilidad en los mercados granarios.

Por si ello no fuera suficiente, cada suba de precio en el petróleo significa un aumento en los valores de los fletes marítimos y de buena parte de la logística de los commodities agrícolas.

Sin embargo, el USDA, al revelar los datos de oferta y demanda mundial, acaba de dar noticias contrarias a las "pálidas" de estos días.

Es que si bien, es muy cierto que el problema del petróleo y del valor del dólar va en contra de los precios agrícolas, también es verdad que los stocks siguen bajos.

Por lo tanto, bien puede decirse que hay dos fuerzas contrarias. Una pulseada es lo que se va a apreciar de ahora en más. Será un pulseada entre las fuerzas de los precios del petróleo y del valor del dólar, por un lado y, por otro, las las fuerzas provenientes de las bajas existencias de granos.

Por ello, puede decirse que aparecieron nubarrones.

Sin duda que es así. Pero a diferencia de los año 97, ahora los stocks son bajos.

Y por lo tanto la película no tiene por qué ser igual. Obviamente, la última palabra la va a tenerla cosecha en EE.UU. y demás países del hemisferio Norte.