Agrónoma y empresaria agropecuaria de los CREA

Adriana Arnaldo, ingeniera agrónoma y primera vicepresidenta mujer de CREA, representa una nueva generación de empresarios agropecuarios que gestionan empresas familiares con una mirada moderna y basada en valores. Su empresa, fundada en 1976 por su padre y su tío, celebra 50 años de trayectoria y actualmente está en manos de la segunda generación, compuesta por cinco miembros activos.

La empresa funciona sin protocolos escritos, lo que Adriana define como un «bicho raro» en el sector, pero que se sostiene gracias a una cultura sólida y valores compartidos que han sido transmitidos de generación en generación. Esta forma de gestión basada en la confianza y la experiencia vivida ha permitido que la empresa se mantenga cohesionada y eficiente.

Cuando ingresan las 3eras generaciones

Uno de los grandes retos que enfrenta la empresa familiar es la incorporación de la tercera generación, que ya suma 14 integrantes. Hernando destaca la importancia de mostrar a los jóvenes la empresa para que puedan conocerla y decidir libremente si desean formar parte de ella, entendiendo que la familia crece más rápido que la empresa y que gestionar esas expectativas es fundamental para la continuidad.

En cuanto a la toma de decisiones, Adriana explica que se realiza de manera conjunta entre los cuatro miembros del directorio, con roles bien definidos entre la parte operativa y administrativa. Las decisiones se discuten tanto en reuniones formales como en conversaciones informales, manteniendo un diálogo abierto que evita conflictos y fomenta el trabajo en equipo.

Productores CREA, una marca que marca

La participación en instituciones como CREA ha sido clave para el aprendizaje y crecimiento personal de Hernando. Su rol como primera vicepresidenta mujer en una institución con casi 70 años de historia le permitió ganar confianza para asumir responsabilidades en la empresa familiar y entender la importancia de contribuir y comprometerse con las organizaciones.

Adriana resalta que la experiencia institucional le brindó herramientas para pensar en el futuro de la empresa, generar oportunidades para otros y trascender el simple legado patrimonial. Para ella, la empresa debe ser un espacio que ofrezca posibilidades a las nuevas generaciones y contribuya al desarrollo familiar y comunitario.

Respecto a los cambios en el perfil del empresario agropecuario, Adriana Arnaldo observa una revolución en la forma de pensar la empresa, con un enfoque creciente en la estrategia, la sostenibilidad y la tecnología. La gran cantidad de información disponible requiere una capacidad analítica para aprovecharla adecuadamente, lo que implica un aprendizaje continuo y adaptación constante.

Finalmente, Adriana comenta que la diversidad de profesiones en su familia, que incluye agrónomos, veterinarios, biólogos y licenciados en letras, enriquece la empresa y demuestra que no hay una única manera de aportar al negocio familiar. La educación universitaria es un plus importante, pero la voluntad y el compromiso son fundamentales para sumar valor y asegurar la continuidad del proyecto familiar.