"Los resistencianos las prefieren rojas", dijo un carnicero, para ilustrar la predilección de los consumidores por la carne roja, mientras que a nivel nacional comienza a ganar mercado el pollo, que acá también se compra y consume, "pero siempre como un segunda opción".
En el país aumentó el consumo interno de pollo, que llegó a los 30 kilogramos anuales en promedio por persona, mientras que el consumo de carnes rojas se mantuvo en 63 kilos anuales por persona en la última década.
Las ventas de pollo en Resistencia también crecieron, pero en menor medida. El kilogramo cuesta entre 5 y 6 kilos, mientras que la carne vacuna cuesta entre 8 y 12 pesos el kilo, dependiendo del corte.
El hábito de comer carne roja no ha cambiado en nuestra zona y la escasa diferencia de precios no la deja en desventaja respecto de la carne blanca. Incluso, con los incrementos de precio que sufrió, la carne hoy puede considerarse un alimento barato si se la compara, por ejemplo, con el tomate que cuesta entre 12 y 15 pesos el kilo o con la papa cuyo valor ronda los 4 pesos por kilo.
Las avícolas también aumentaron en un 29 por ciento las ventas al exterior, tanto de carnes frescas y procesadas, como de subproductos aviares.
Pero el incremento del rédito por las mismas fue mayor al del volumen de exportación y superó en un 51 por ciento a los obtenidos en el mismo período del 2006, según lo informado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Cambio de hábito
El cambio de hábito en el consumo de carne está más relacionado con la salud que con el gusto.
Muchas personas se decidieron a cambiar las carnes rojas por las blancas para atenuar los efectos nocivos que el consumo excesivo de las primeras tiene sobre la salud, incrementando el colesterol y el ácido úrico.
De todas maneras, aseguran los médicos que quienes reemplazaron a la carne vacuna por el pollo se toman de vez en cuando una licencia para volver a la costumbre argentina de comer asado.
Diario de Primera Linea