Manejo sustentable del suelo teniendo en cuenta el balance de carbono y nitrógeno en el equilibrio de la biomasa de las tierras bajo cultivo. Importancia de los indicadores y consideraciones acerca de su correcta interpretación.
En el comienzo de la segunda jornada del XIII Congreso de AAPRESID, el miércoles 10 de agosto en la Bolsa de Comercio de Rosario, se desarrolló un panel referido a “Calidad y salud de suelos: indicadores y su relación con las prácticas agrícolas”, que estuvo a cargo de Gustavo Moscatelli, Alejandro Morón, Juan Galantini y Guillermo Gester.

El primero en exponer fue Gustavo Moscatelli (INTA-Castelar), quien se dedicó a reflexionar acerca de los indicadores de salud de suelos, recordando que en la década del 80 se registraron los índices más altos de degradación de suelos bajo cultivo.
Según Moscatelli existe una gran “preocupación de instituciones, organizaciones de productores y diversas entidades por conocer el estado de los suelos ante un proceso de intensificación de uso agrícola y por saber de qué manera se lo puede medir”.

“El término indicadores está siendo utilizado con creciente frecuencia, otorgándosele el significado de evaluadores de la sostenibilidad. Sin embargo todavía no hay consenso acerca de cuáles son esos indicadores y cuáles son los valores críticos que en cada uno de ellos señalan deterioro del suelo”, señaló el especialista.
Para Moscatelli los términos calidad y salud –referidos al suelo- tienen significados diferentes: “Calidad es el conjunto de características físicas, químicas y biológicas que tiene una serie de suelos en su condición modal, pudiendo ser alta, intermedia o baja. De alguna manera se lo puede asimilar a la capacidad de uso de esa serie en el sistema norteamericano Land Capability. Por su parte, la Salud, es el grado de mantenimiento de esa calidad bajo distintos sistemas de uso. Medimos la salud para saber cómo se ha modificado la calidad original como consecuencia del uso”.

En cuanto a la degradación, Moscatelli indicó que es “todo proceso, físico, químico, biológico y/o mecánico que afecta al funcionamiento del suelo y de esta manera a su capacidad productiva actual y potencial”. Y a modo de conclusión expresó: “Un manejo sustentable del suelo consiste en la elaboración de estrategias productivas que mantengan los valores de los indicadores de los parámetros edáficos, dentro de un rango de variación aceptable. La estrategia no es una acción puntual sino un conjunto de acciones a seguir durante un prolongado número de años. Mediante el monitoreo de los parámetros se establecerán sus valores absolutos y tendencias. Esto permitirá tomar las medidas de manejo de suelos más apropiadas para mantenerlos dentro del rango deseado”.
A su turno Alejandro Morón (INIA-La Estanzuela) se dedicó al efecto de las rotaciones y el laboreo en la calidad del suelo. En su introducción expresó: “La cuantificación de la calidad del suelo con indicadores físicos, químicos o biológicos son discutidos en detalle por Doran & Jones (1996) y De Kimpe & Prasittiketh, (2002). En términos generales el o los indicadores a utilizar deben tener sensibilidad para detectar cambios, capacidad de integrar objetivos, facilidad de medir e interpretar y ser accesible a muchos usuarios. En general, los indicadores mas utilizados están asociados a la materia orgánica del suelo. El conocimiento de la evolución de la calidad del suelo con determinadas prácticas agrícolas es necesario para planificar un uso y manejo sustentable del recurso natural suelo. Productores, asesores agronómicos, organismos crediticios, instituciones certificadoras, y políticos son potenciales usuarios de indicadores que permitan monitorear los cambios en el recurso natural suelo”.
Y continuó: “El desarrollo de la agricultura convencional, generalmente, ha conducido a un deterioro de la calidad del suelo y por ende de su capacidad productiva dado fundamentalmente por procesos erosivos y balances negativos de carbono (C), nitrógeno (N) y fósforo (P). La reciente incorporación de la siembra directa con el no movimiento del suelo y la colocación de rastrojos en superficie así como la intensificación agrícola con la exclusión de las pasturas en la rotación y el predomino de la soja plantea nuevas interrogantes sobre la evolución del recurso natural suelo de nuestra región”.
Luego de ilustrar con gráficos y fotografías sus dichos, Morón arribó a ciertas conclusiones: “La siembra directa es una tecnología que permite lograr mejores niveles de C orgánico total así como de sus fracciones C-POM 212 y N-POM 212 especialmente en los primeros centímetros del suelo. Idéntica consideración es válida para la capacidad de aporte de N vía mineralización determinada por PMN. Es definido el efecto positivo de la inclusión de pasturas de gramíneas perennes y leguminosas en rotación con los cultivos en el balance y dinámica del C y el N del suelo. Dentro de las secuencias de rotaciones de cultivos sin incluir pasturas, la soja presenta efectos negativos que pueden ser compensados por el planteamiento de secuencias en las cuales parte de la soja sea sustituida por maíz o sorgo. Los nuevos indicadores C-POM 212, N-POM 212 y PMN son más sensibles que el C orgánico y el N total para detectar cambios especialmente en los primeros centímetros y pueden considerarse herramientas útiles para el diagnostico y monitoreo de la calidad del recurso natural suelo”.
Por su parte, Juan Galantini (CRIBA-Universidad Nacional del Sur) expuso sus estudios sobre “contenido y calidad de la materia orgánica: importancia del balance de carbono”.

Galantini

“La materia orgánica (MO) –dijo Galantini– del suelo representa un sistema complejo de sustancias cuya dinámica es gobernada por el aporte de residuos orgánicos de diversa naturaleza y por la transformación continua a través de factores biológicos, químicos y físicos. De esta forma, se encuentra constituida por una variedad importante de compuestos de complejidad variable y en un continuo estado de transformación, sin límites definidos. Sin embargo, conceptualmente es importante definir compartimentos discretos, y para cuantificarlos se pueden utilizar métodos de fraccionamiento químico, bioquímico y físico”.
Así, Galantini explicó que “los estudios de separación y caracterización química de las sustancias húmicas permitieron conocer aspectos estructurales de la MO, su complejidad y su interacción con el medio, tanto con la fracción mineral como con compuestos tóxicos”, y al momento de las conclusiones dijo que “la gran importancia que tienen las estimaciones de los contenidos y balances de carbono en el suelo hace que cobre mayor relevancia el conocimiento de los efectos naturales y antrópicos sobre la dinámica y calidad de la MO. Esta puede considerarse el mejor indicador de la calidad y productividad del sistema, siempre que se tengan en cuentan los factores que la modifican, los equilibrios entre las diferentes fracciones y se conozcan los efectos que producen sobre ella las diferentes prácticas agronómicas”.
Y el último panelista del tema, Guillermo Gester (INTA-Roldán), se dedicó al “efecto del tránsito en húmedo sobre el suelo y los cultivos en sistemas de siembra directa”.
“Los suelos en siembra directa –explicó Gester–, mediante el efecto de las raíces y de la actividad biológica, asociado a procesos de humectación y desecamiento, tienen la capacidad de recuperar la estructura. Este proceso, que depende de las características de cada lote (cobertura, materia orgánica, etcétera), puede demorar varios años. Trataremos de evaluar el efecto del tránsito de maquinarias en suelo húmedo, sobre el suelo y los cultivos”.
Entre las conclusiones de Gester hubo recomendaciones: “La compactación por tránsito generó incrementos de densidad aparente hasta la profundidad medida. Los sectores afectados por el tránsito presentaron valores de conductividad hidráulica menores al testigo. La existencia de sectores masivos en los horizontes superiores limitó el desarrollo de raíces en profundidad para los cultivos evaluados. La compactación provocada con rodados convencionales presentó los mayores valores de densidad aparente y de resistencia a la penetración, mientras que los tratamientos afectados con rodados especiales presentaron menores valores de densidad y penetrometría. Se observaron diferencias significativas en el rendimiento para soja y maíz entre las parcelas afectadas por el tránsito y los tratamientos testigo a favor de estas últimas. Con napas cercanas, si bien se observó un menor desarrollo de los cultivos en las parcelas con tránsito, no hubo diferencias significativas de rendimiento entre los tratamientos. El método del perfil cultural asociado a otras variables como densidad aparente y conductividad hidráulica es un buen indicador de la condición estructural del suelo. El efecto del tránsito sobre el rendimiento estaría asociado a la disponibilidad de agua, cuando la misma no es limitante podemos alcanzar rendimientos similares a la zonas no transitadas. Recomendaciones: Las observaciones realizadas destacan la importancia de generar técnicas que contribuyan a limitar el tránsito en suelos con condiciones de excesiva humedad. Utilizar neumáticos especiales, e incrementar la participación de gramíneas en la secuencia, ya que además de aumentar la cobertura superficial del suelo poseen un sistema radical más eficiente para crecer en áreas compactas”