El proyecto -de unos US$ 5 millones- es responsabilidad de la firma Tecnologías de Reciclaje (TDR), que instalará en la cuesta Chacabuco una planta para reciclar residuos de plantas como Gerdau Aza y Enami Ventanas, en vez de que éstos sean depositados en vertederos.

Según el gerente general de TDR, Juan Ramón Ibáñez, la idea es transformar estos residuos de acero y cobre en zinc para nuevamente ser usados en el mercado, con una tecnología de última generación con la que se asegura que no se producirán riles (residuos líquidos industriales) hacia el exterior del complejo. Pero la Asociación de Agricultores del Valle de Chacabuco -que reúne a unos 40 socios- se oponen a la iniciativa por el perjuicio que significará para la zona productora y exportadora de uvas y carozos.

El abogado de la agrupación, Javier Vergara, manifestó que la firma tratará metales pesados y que además la tecnología empleada no asegura que no se producirán pérdidas de agua en una zona de ladera, con el consiguiente riesgo para las zonas agrícolas aledañas certificadas para exportar.

Vergara dice que también hay un problema de tramitación ambiental, pues asegura que la firma está construyendo en base a un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado por la firma -en forma posterior a una Declaración de Impacto Ambiental (DIA)-, pero que aún no ha sido aprobado por la Corema.

Los antecedentes ya fueron puestos a disposición de Corema y Vergara pidió sanciones contra la empresa, cuyo accionista mayoritario es Pimasa, dedicada la fabricación de productos para la industria metalúrgica y energética.

Ibáñez refutó estos planteamientos y dijo que no era efectivo que estuvieran construyendo más allá de lo estipulado en el DIA. "Estamos absolutamente convencidos de que una empresa como esta puede convivir con la agricultura o con los proyectos inmobiliarios", señaló.