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Hasta fines del pasado 2004, América Latina pagó siete veces el monto de la deuda externa que tenía veinte años atrás y los pasivos ¡se han multiplicado! Esta es una "hemorragia silenciosa de recursos", según la gráfica expresión de Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), una organización con sede en Bélgica. Una hemorragia letal que se agudiza con la transferencia de renta a las trasnacionales que participaron de la privatización de activos en la región, y sobre la cual no hay un debate", agregó a tiempo de alabar el ejemplo de la Argentina, que ha declarado la moratoria de la deuda externa y ¡no ha pasad nada! Al final la vida sigue igual, como diría Sandro, y los acreedores tendrán que sentarse a volver a negociar.

El presidente argentino Néstor Kirchner ha ofrecido regularizar pagos siempre que se liquide sólo el 60 por ciento de su deuda externa por 102 mil millones de dólares. Valioso ejemplo para todos los países de la región, en especial para el nuestro que hoy pasa por la más severa crisis de su historia. Pero lo curioso es que, con excepción de Kirchner, los mandatarios latinoamericanos ni siquiera se refieren al tema, siendo así que en la década de los 80 fue un tema central del debate, al punto que Fidel Castro lideró un movimiento para no pagar la deuda externa. En esa época algunos países declararon la moratoria, entre ellos el nuestro, pero hoy no somos insolventes, porque admitimos en silencio esa hemorragia financiera que nos deja sin recursos. "Ahora hay una transferencia tremenda, masiva y silenciosa de capital hacia los acreedores o hacia las trasnacionales; hay que decirlo: los gobiernos están, sin protestar, transfiriendo una parte muy significativa de la riqueza producida por los pueblos latinoamericanos", agregó Toussaint en reciente entrevista publicada por varios diarios del continente este domingo 16.

Según un informe de la CEPAL de hace sólo tres semanas, en 2004 la región realizó una transferencia neta de recursos al exterior por 77 mil 826 millones de dólares, el doble de los recursos que entraron por inversión extranjera directa (IED), tan sólo para pagar intereses de la deuda y ganancias de las trasnacionales por la privatización o "capitalización" de las antiguas empresas del Estado en América Latina. Ahora que la inversión extranjera directa es menos notoria pues se han cumplido varios y millonarios procesos de privatización, la sangría es más notoria, porque no hay inversión nueva de capitales para mejorar las empresas privatizadas. Las transnacionales "están intentando acumular riqueza vía la transferencia de ganancias haciendo el menor gasto posible", según apreciación de Eric Toussaint.

Actualmente sobrevivimos gracias a las remesas de los inmigrantes que tan sólo para México alcanzarán este año los 17 mil millones de dólares. "Para dar un análisis de clase –dice Toussaint- mientras los capitalistas latinoamericanos evaden sus capitales al norte, son los migrantes los que ayudan a sus economías nacionales con las remesas que mandan a Latinoamérica. Son dos comportamientos de clase totalmente antagónicos".