El durazno tiene buen precio en el mercado, sobre todo las frutas de plantas especialmente sembradas para satisfacer una demanda de productos de alta calidad. Con este propósito, se utilizan variedades comerciales seleccionadas, que permiten obtener frutas de mayor valor en la comercialización.
Originaria del Mediterráneo y China, el duraznero es conocido también como
melocotón. Los chinos consideraban al durazno como la fruta de la inmortalidad.
Es un árbol de porte pequeño que habita en los climas templados y frescos,
soporta bien los fríos, pero no las heladas; es por ello que se debe tener
especial cuidado cuando se preparan los almácigos donde van a ir las plantas
definitivas. Deben ser lugares donde las heladas no son muy fuertes, y tienen
reparos de plantas o árboles que amortiguan el efecto de este fenómeno, con
productos especiales o la aplicación de técnicas muy sencillas de protección
contra las heladas, como la de poner tambores con aserrín de madera para
producir humo. Se puede usar también el jarabe de kaa he e diluido en agua al
dos por ciento por aspersión.
Existen cientos de variedades de durazneros que se pueden dividir en dos grandes
grupos: Aquellas que tienen la pulpa suave y jugosa, y que tienen la propiedad
muy apreciada por los consumidores de que la pulpa se separe fácilmente del
carozo. Estas tienen la característica de que, al desprenderse, deja una marca
del mismo en la pulpa, a veces adhiriéndose parte de la semilla a ella; estas
variedades son conocidas como duraznos abridores. Las otras, como el durazno
pérsico y los peladillos, tienen la pulpa más dura y se adhiere muy fuertemente
al carozo. Estas son especialmente utilizadas para hacer conservas o pasas,
orejones.
Para su cultivo, los almácigos se preparan entre los meses de febrero a
abril, de tal forma que permitan un buen laboreo agronómico, y el desarrollo de
las plantitas hasta el momento de su trasplante, que se hará desde el mes de
mayo, sin sufrir los perjuicios de los grandes calores. Otros productores
trabajan con plantas injertadas para darle mayor resistencia a la planta y
también adaptar variedades resistentes a algunas plagas, y mayor tamaño del
fruto.
Una vez preparados los tablones, se siembran las almendras que se han obtenido
de la cosecha anterior, en almácigos previamente preparados con mantillo de mote
y tierra del lugar en partes iguales, guardando una distancia entre ellas de 20
cm., y de 30 cm. de separación entre surcos.
Los productores que trabajan con frutas para la mesa hacen la propagación por medio de plantines injertados, con plantitas de más de un año de edad; luego son trasplantados en su lugar definitivo en el mes de mayo, cuando comienzan los fríos. La distancia entre ellas estará marcada por el tipo producción, pero se recomienda una distancia entre plantas de más de cinco metros, para permitir los trabajos de poda y cosecha.
Este tipo de plantas requiere un sistema de podas muy característico; la primera es una poda de formación, de tal manera que la planta no tenga mucho desarrollo, quede bien armada y permita hacer la poda de fructificación para obtener mejores frutas y mayor rendimiento de la planta. La primera poda es la de formación que, si comienza podándose el tallo único a una altura de 70 cm., la de fructificación se realizará para que esta no deje crecer mucho la planta y favorezca las labores de recolección.
Terminadas las podas, siempre se debe realizar una fertilización adecuada, la cual estará determinada por los requerimientos del suelo, previo análisis del mismo.
Se debe mantener limpio debajo de la planta para que no haya malezas que compitan con la misma.
Después de las podas, es necesario utilizar en los cortes un sellado con el caldo bordalés, para evitar la entrada de diferentes enfermedades.
Las herramientas que se utilizan en la poda deben ser esterilizadas con soluciones de lavandina, si es posible en la poda entre planta y planta, para evitar los contagios de alguna enfermedad que pudiera tener alguna de ellas.
El momento de la cosecha está indicado de acuerdo a la variedad, por el cambio de color que va teniendo la piel de la fruta, es decir, que puede ir de un verde a un cremoso o bordó, característicos de los duraznos rojizos.
Ya terminada su maduración, se deben elegir las frutas, de tal forma que puedan almacenarse en cajones, no en bolsas, para no dañarlas. Si la entrega al mercado se va a demorar, se recomienda poner las frutas en lugar sombreado y fresco. Los productores especializados tienen tapas separadoras, con un hueco para cada fruta; así, las mismas no se tocan y, por lo tanto, no se perjudican. Esto favorece la presentación y la preservación de la fruta.
El jugo de durazno es muy diurético cuando se lo toma en ayunas, además es nutritivo e indicado para regularizar las funciones intestinales.
Las hojas del duraznero son también utilizadas para hacer té, por sus propiedades para favorecer la digestión, asimismo, es recomendado para los diabéticos y los que sufren de gota.
Arrancando las hojas en el momento en que la planta tiene las frutas maduras,
se deben poner por unos minutos al vapor, luego secarlas con papel del diario o
secante, conservarlas en la heladera, para preparar infusiones.
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