Pese a algunos intentos de abuenamiento, el sector lechero sigue marcado por la tensión entre productores y compradores (las grandes procesadoras), lo que tiene su punto neurálgico en las diferencias que hay respecto de los precios. Un mercado donde los primeros están muy atomizados y reclaman contra los segundos -más concentrados- por los precios que les imponen. Sin embargo, los intereses de estos actores podrían confluir en un tema inesperado hace sólo unos años: las exportaciones.

Tanto productores como las firmas están apostando al potencial de Chile como proveedor de los mercados internacionales, dejando atrás su pasado de productor, básicamente, para autoabastecerse. "Chile tiene características para ser exportador y, efectivamente, estamos en el despegue de una industria", dice Carlos Furche, director de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, del Ministerio de Agricultura.

Es más, Michel Junod, gerente general de Aproleche (Asociación Gremial de Productores de Leche de Osorno), afirma que las ventas al exterior de productos lácteos podrían ascender a más de US$ 500 millones en 10 años en la Décima Región, la principal productora del país (70%), generando unos 50 mil empleos. Un gran salto si se considera que las exportaciones este año sumarían US$ 80 millones en todo el país.

La proyección de Aproleche está basada en una estimación del volumen de leche disponible para exportar a 10 años, desde la X Región, y si sólo se procesara el producto más barato de los mencionados: la leche en polvo.

"Chile está en condiciones de competir con su producción estacional en el mercado mundial, lo que representaría cambiar la escala del nivel de exportación y pasar a cifras de entre US$ 300 a 500 millones", dice en un sentido similar José Luis Letelier, presidente de Soprole.

Inversiones

Las grandes empresas lecheras también están jugando cartas por las exportaciones. De hecho, han realizado inversiones destinadas fundamentalmente a ese negocio. Es el caso de Nestlé, que invirtió US$ 10 millones para una planta de leche condensada en Los Angeles para venderle a México, el principal mercado para los lácteos chilenos. Soprole anunció, además, una inversión de US$ 15,3 millones para aumentar la capacidad de procesamiento de leche y mejorar la calidad de su planta de Osorno.

De hecho, Letelier afirma que Fonterra, controladora de Soprole, está apoyando a esta empresa en la decisión de desarrollar a Chile como país exportador lácteo.

Actualmente, en el país se producen más de dos mil millones de litros de leche al año y consume un poco por debajo de esa cantidad. Y si bien importa y exporta productos lácteos, el balance arroja un superavit. El principal producto de exportación es la leche condensada. Después siguen los quesos y la leche en polvo.

"Con las técnicas de Nueva Zelandia y Australia se podría duplicar la producción. En cinco años se podría subir desde dos mil millones de litros a cinco mil millones", sostiene una fuente de una gran empresa.

Sin embargo, más allá de ese modelo, Junod estima clave para la industria la estabilidad de los precios. Hacia 1999 estuvo en $ 50 el litro (por debajo de los costos), lo que produjo desincentivo a la inversión y cierre de negocios. Actualmente, el precio está en unos $ 120, aunque corresponde al precio invierno -más elevado para incentivar la producción- e influido por el ciclo internacional.

Para seguir avanzando en las exportaciones se necesita superar las desconfianzas que persisten. Fuentes del sector estiman que tendrán que trabajar mucho más en conjunto productores, empresas, gremios y el gobierno para generar confianzas y políticas de largo plazo.