Los beneficios potenciales del vino se han conocido durante años. Sin
embargo, un estudio realizado por el Proyecto Ciencia Vino y Salud de la PUC,
recientemente publicado en la revista Biological Research, reporta un nuevo
hallazgo que confirma los efectos saludables del consumo moderado y regular de
la cepa tinta en combinación con la dieta mediterránea, aquella rica en frutas y
verduras, entre otros.
Con pruebas de laboratorio se comprobó que se produce un aumento de ácidos
grasos omega-3, los cuales tienen efectos cardioprotectores demostrados: reducen
los niveles sanguíneos de triglicéridos y colesterol, aumentan la respuesta
vasodilatadora de las arterias y disminuyen la coagulación de la sangre. Poseen
además, efectos antiarrítmicos importantes, tanto para el caso de la fibrilación
auricular como ventricular. Adicionalmente, tienen acción antiinflamatoria,
antialérgica y anticancerígena y un efecto protector de las patologías
neurodegenerativas.
“Por qué aumentan los omega-3 luego del consumo de vino junto a una dieta
mediterránea es algo que requiere investigación. Podemos aventurar una
hipótesis: los omega-3 en el organismo se oxidan y destruyen fácilmente y los
antioxidantes del vino contribuirían a protegerlos, tanto en el tubo digestivo
como en los tejidos”, afirma el Doctor Federico Leighton, jefe del Laboratorio
de Nutrición Molecular y Director del proyecto Ciencia, Vino y Salud, de la PUC.
Resultados
El estudio se realizó por un período de tres meses en dos grupos de 21
hombres jóvenes entre 20 y 27 años. Al primero se le proporcionó dieta tipo
occidental, en la que el mayor aporte calórico proviene de las grasas y los
carbohidratos. Al segundo grupo se le suministró una dieta mediterránea, rica en
frutas y verduras, con pescado, leguminosas y pocas grasas saturadas. Durante el
segundo mes ambos grupos, además, tomaron dos copas de vino tinto con las
comidas.
Al medir el consumo moderado de vino sobre parámetros bioquímicos, fisiológicos
y clínicos relacionados con ateroesclerosis y enfermedades crónicas, se encontró
que el grupo con dieta mediterránea presentó un perfil de ácidos grasos
plasmáticos de menor riesgo cardiovascular, principalmente por su mayor
proporción de omega-3. De hecho, se observó que éstos aumentaron 27,7% en
promedio.
“Es importante saber que no todas las grasas son malas, hay tipos y tipos. Son
recomendables las que contienen omega-3 en proporción adecuada. Por ello es
conveniente que en la dieta diaria se incluya más vegetales y pescado, junto a
un consumo moderado y regular de vino”, advierte el doctor Leighton.