Los agroexportadores sojeros comenzaron a presionar a las autoridades nacionales a fin de evitar el impuesto a la exportación de soja en bruto. Algunos ya hablan de la vuelta del tractorazo cerrando las principales rutas del país.
Otros comenzaron a realizar un intenso lobby ante los parlamentarios a fin de convencer a los mismos de que un eventual cobro de impuesto a la exportación significaría supuestamente la extinción del sector.
Los brasiguayos, dedicados casi con exclusividad al cultivo de la soja y a su posterior exportación, también presionan por su lado para evitar el gravamen.
Los datos recogidos por Última Hora revelan que más de 800 colonos firmaron una nota dirigida al Consulado brasileño en Ciudad del Este donde denuncian supuesta persecución y xenofobia.
Los sojeros pretenden mantener sus privilegios impositivos, convirtiendo al sector en el que menos tributa a pesar de ser uno de los más rentables de nuestra economía en los últimos años gracias a la duplicación de la productividad y a la disparada del dólar y de los precios internacionales. Actualmente el gravamen es solo para la presente zafra y de alrededor de 1,3%, si consideramos el precio de venta promedio de 250 dólares la tonelada, cuando en Argentina el gravamen es de 23,5%.
En Paraguay los sojeros aportarán al fisco en concepto de impuesto a la exportación solamente unos 7 millones de dólares, mientras que en Argentina los agroexportadores contribuirán al Tesoro con 2.500 millones de dólares.
Gravar las exportaciones de soja en bruto no solo posibilitará al gobierno acceder a un importante capital que bien podría ser destinada a los campesinos sino también al desarrollo de la industria procesadora de soja como en la Argentina, donde la industrialización convirtió al vecino país en el mayor exportador de harina, aceite y pellets, mientras toda la economía se sumergía en una profunda crisis económica, el sector oleaginoso se constituía en el más moderno del mundo, aumentaba sus inversiones y sus aportes al fisco y generaba un gran aumento de la demanda de mano de obra.

APROBACIÓN. En caso que el Congreso apruebe el proyecto de ley presentado por el senador Juan Carlos Galaverna en el sentido de gravar la exportación de soja en bruto, el gobierno podría obtener unos 100 millones de dólares año.
Esta cifra se obtendría en el eventual caso de aplicarse el mínimo previsto en el proyecto de ley de un 10%, ya que también establece un tope de 15%.
La vuelta del impuesto a la exportación de soja (durante la administración Rodríguez se aplicó un gravamen del 12%) puede posibilitar al Estado recaudar lo suficiente para adquirir unas 300 mil hectáreas de tierra en forma anual, si consideramos un costo promedio de 200 dólares/ha.
Sin dudas esta cifra posibilitará encontrar importante alivio al problema campesino si se tiene en cuenta el reclamo que llega a unas 600.000 hectáreas en distintos departamentos.
Los recursos provenientes de las exportaciones de soja bien podrían destinarse no solamente a la compra de tierras, sino a un programa de reforma agraria integral que apunte fundamentalmente a aumentar la productividad de las explotaciones agropecuarias, elemento que viene determinando el alto grado de pobreza en las zonas rurales.

Gustavo R. García
Jorge Villalba Digalo