El avance de la oleaginosa ocupó buena parte de los debates del encuentro científico. En el Manifiesto de Paraná 2004 se exhorta a realizar rotaciones con pasturas.
Los propietarios de las tierras deben exigir que en los contratos de arrendamiento y/o aparcería se incluyan cláusulas específicas referidas a la conservación de los recursos.

La soja está presente en cualquier debate que se realice en nuestro país sobre temas agropecuarios. La expansión de la frontera agrícola dada por el notable incremento de la siembra de la oleaginosa —de la mano de los excelentes precios internacionales y los relativamente bajos costos de producción— se han transformado, y es bueno que así sea, en tema de discusión en distintos ámbitos. El XIX Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, obviamente, no podía ser la excepción.
En el encuentro científico, realizado recientemente en nuestra ciudad bajo el lema Cambio en el uso de la Tierra, Educación y Sustentabilidad, se analizaron los últimos avances relacionados con la ciencia del suelo, al tiempo que se reflexionó sobre la sustentabilidad de los sistemas productivos actuales.
César Quintero, Graciela Boschetti y Eduardo Díaz, miembros de la Comisión Organizadora elaboraron el denominado Manifiesto de Paraná 2004, en donde se resumen las conclusiones de los cuatro días de debate.

PROBLEMÁTICA. En el documento se señala que “las evidencias relativas a pérdidas de productividad debidas a la agriculturalización no son nuevas, pero adquieren especial importancia en momentos como los actuales. Mayor superficie sembrada con cultivos anuales, tanto en la pradera pampeana como en otras regiones del país, sugieren la posibilidad de agravamiento de procesos degradatorios. Menor diversificación productiva debido a cambios en la rentabilidad relativa de actividades (caso de la soja) pueden eventualmente complicar aún más las decisiones de uso sustentable de los recursos”.
Al analizar el tema de la “demanda” y la “oferta” de sustentabilidad, el informe destaca que “depende de múltiples factores”. Entre los determinantes de la “demanda”, incluye algunos que “son propios de la psicología empresaria: entre ellos la impaciencia por ingresos presentes contra los futuros, la capacidad de detectar avances tecnológicos y adaptarlos a su empresa y la tolerancia del productor a los riesgos que son inherentes a distintas tecnologías. La demanda depende también —y fundamentalmente— de percepciones de ahorros en costos (o aumentos de ingresos) que resultan de mayores niveles de adopción de prácticas sustentables. El hecho es que, en ausencia de coerción, la demanda de sustentabilidad depende de decisiones individuales”.
Claro que “la adopción de prácticas sustentables depende también de los flujos temporales de ingresos y costos que resultan de éstas, y de la preferencia del empresario por estos flujos temporales. La discusión se ha planteado en torno de si los costos del sostenimiento del equilibrio ecológico deben ser soportados por toda la comunidad o por el productor”, menciona el documento.

MONOCULTIVO Y ROTACIONES. En el Manifiesto de Paraná 2004, también aparece el punto central de las discusiones actuales en la Argentina. “Las evidencias científicas disponibles se van acumulando en el sentido de que la combinación siembra directa más el monocultivo de soja tolerante a glifosato no constituye, en la región pampeana, una alternativa sustentable. Paralelamente, está instalada la percepción, fundamentada en sólidos argumentos técnicos, de que el proceso de agriculturización que se observa en las zonas extra-pampeanas, especialmente el NEA y el NOA, atribuible en su casi totalidad a la expansión del monocultivo de soja, constituye un sendero incompatible con la sustentabilidad”.
Las diferencias en rentabilidad existentes entre las oleaginosas (fundamentalmente la soja) y los cereales (trigo y maíz), la existencia de retenciones a las exportaciones y los enormes costos de comercialización, conspiran en forma directa con la inclusión en mayor proporción de cultivos de cereales en la rotación, que permitan alcanzar un sistema de producción más estable, analiza el trabajo.

OBJETIVO. El documento, asimismo, propone “ponerse a trabajar a mediano plazo en la solución de las limitantes estructurales que permitan recuperar competitividad a los cereales frente a las oleaginosas”. Ese será, se asegura, “uno de los caminos necesarios a recorrer los próximos años. En forma simultánea habrá que trabajar aceleradamente en la concientización y difusión de todo lo que implica el monocultivo para la sustentabilidad del sistema, orientados fundamentalmente a los propietarios de las tierras, para que en sus contratos de arrendamiento y/o aparcería incluyan cláusulas específicas referidas a la conservación de los recursos”, sugiere el Manifiesto de Paraná 2004.
Los resultados presentados en el Congreso permiten afirmar lo siguiente:

1) El monocultivo de soja no es sostenible.
2) La soja continua con siembra directa y coberturas de invierno por gramíneas que dejen rastrojo tendrían tasas de erosión próximas a las tolerables, pero el suelo perdería materia orgánica a mediano y largo plazo.
3) La soja puede integrar sistemas sostenibles para el recurso suelo, tanto en cuanto a tasa de erosión como a contenido de materia orgánica, dentro de rotación con pasturas, aún utilizando laboreo reducido.
4) Es importante señalar que las rotaciones con pasturas comparadas con los cultivos continuos, utilizan agroquímicos y combustibles fósiles sólo la mitad del tiempo, lo que significa un mérito del punto de vista de las preocupaciones medioambientales contemporáneas.

En el informe de Quintero, Boschetti y Díaz, por último, se admite que “cualquier decisión que la sociedad tome, a partir de la situación definida por el conjunto de variables del contexto externo, en el sentido de retornar a planteos productivos que acerquen al punto adecuado de equilibrio socio-económico-ecológico, indefectiblemente va a implicar costos”.

El dato

1.350 millones

de pesos anuales se resignarían si se pasa del actual planteo productivo predominante en las 7 millones de hectáreas de la zona núcleo sojera-maicera, a una que incluya rotaciones con ganadería de engorde a base de pasturas permanentes, compatible con la sustentabilidad de largo plazo).

Limitantes del crecimiento

La Argentina puede llegar a producir 100 millones de toneladas de granos en 7 años, pero existen limitantes para que ello pueda ocurrir, se advierte en las conclusiones del XIX Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo. Se trata de causas exógenas (economía mundial) y endógenas (el marco jurídico, infraestructura de puertos, caminos y transporte, sistema financiero y la sustentabilidad de los sistemas de producción). Se requiere de inversiones en estructura del orden de los U$S 8.000 millones y la duplicación del uso de fertilizantes.