Ha llovido mucho, y los suelos, en general, están recuperando su perfil de humedad. Esta es una buena noticia. ¿No es así? Podemos augurar una siembra más o menos buena.

Quizás sea éste un tiempo para dejar pasar. Para la tranquilidad del que sabe esperar, sin dormirse.

Hay veces que uno debe tomar decisiones. Pero hay otras, donde uno cree que las debe tomar cuando no es necesario imperativo hacerlo.

El río está revuelto. Estamos inundados de informes que no hacen amanecer con sobresaltos. Y en lugar de hacer lo que tenemos que hacer, corremos detrás de las novedades que de novedades hoy por hoy tienen poco.

La soja ha caído pronunciadamente. Pero lo ha hecho desde una posición muy alta. Aún en el nivel actual, el precio es históricamente alto.

El maíz se presenta con buenas perspectivas. Los stocks internacionales están por debajo de los pisos anteriores.

El trigo tiene indicadores positivos y negativos pero, la realidad es que se trata de un panorama aceptable.

En tal contexto, uno puede serenarse. Y decidir las ventas según sean las necesidades; acotando los riesgos; promediando valores a lo largo del año.

Este es un año de cambio de tendencia, al menos para la soja. Pero no parece ser un año de catástrofes. Seguramente la soja siga, en medio de todo tipo de oscilaciones, un camino descendente, suavemente. Con fuertes subas y bajas, que impiden ver con claridad la tendencia.

No olvidemos que China no está dispuesta a pagar los precios recientemente abonados y está haciendo valer su condición de primer importador.

Recordemos que el precio de la soja está bajo la influencia del mercado de entrada y salida de los fondos de inversión, que pueden potenciar caídas y alzas.

En tal caso, si de planear se trata, quizás este sea el año de contemplar las necesidades de rotación de los lotes.

Si para poder mantener un adecuado nivel de estructura, conviene la siembra de un maíz que hace unas cuantas campañas venimos demorando, pues bien, con un panorama más o menos conveniente como el actual, la siembra de este cereal resulta una salida interesante.

En medio del revuelo de precios, pensar qué conviene hacer, desde el punto de vista de la tierra, es una buena decisión. Y no es algo menor.

Si no estamos tan seguros de que el precio de un gran estará por muy encima de los demás: para qué apostar al que venimos sembrando con excesiva contiuidad a riesgo de degradar la tierra. Si no está claro el panorama de rentabilidades relativas de los diferentes granos ¿por qué no pensar en la sustentabilidad?

En tal caso, nos daremos cuenta de que la incertidumbre tiene un lado positivo: nos inclina hacia decisiones racionales para la producción de largo plazo.

Si se ha desilusionado con la lectura de ésta, no se queje porque el título se lo advertía.

Tomemos mate. O leamos una policial.