El nuevo poder del Agro argentino: tecnología, inversión y mercados para crecer hacia 2030

Cómo transformar las capacidades del agro en más valor, más inversión y crecimiento sostenido fue una de las preguntas que recorrió el XV Fórum Nacional de Agronegocios de LIDE Argentina, bajo el lema "El Nuevo Poder del Agro Argentino". La respuesta combinó una mirada sobre las oportunidades del sector con una agenda concreta de desafíos: recuperar eficiencia, acelerar la incorporación de tecnología, generar condiciones para invertir, mejorar el acceso a los mercados, reducir trabas y construir reglas que permitan tomar decisiones de largo plazo.

En la apertura del evento, Rodolfo de Felipe, presidente de LIDE Argentina, definió con claridad el espíritu que hoy moviliza al sector productivo: "El agro ya no pide que lo dejen producir: la realidad evidencia que, cuando lo dejan, produce como nunca". Asimismo, enfatizó que el campo constituye la principal turbina fiscal y cambiaria del país. Por este motivo, remarcó que el sector se ubica junto a la energía, la minería y la economía del conocimiento como uno de los cuatro pilares fundamentales para el crecimiento integral de la nación, sobre los cuales se debe constituir la agenda 2030.

"No estamos hablando solamente de cuánto producimos, cuántas toneladas exportamos o cuántos dólares genera el sector", expresó Laura Loizeau, presidenta de LIDE Agronegocios. "La competitividad se juega en productividad, naturalmente, pero también en el acceso a mercados, financiamiento, tecnología, calidad de las decisiones, capacidad de gestionar riesgos y velocidad para adaptarnos a un escenario internacional que cambia permanentemente", advirtió.

Sergio Iraeta, secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, vinculó el escenario actual con la posibilidad de recuperar previsibilidad para productores e inversores y destacó la capacidad del sector para continuar tomando decisiones de largo plazo.

"La baja de retenciones, la baja de aranceles, la búsqueda de mercados externos para colocar nuestros productos y el hecho de que los productores saben y son conscientes de que durante este gobierno no va a venir un secretario de Estado a decirte que no podés exportar, todo eso da tranquilidad, todo eso da paz para producir", precisó.

Agenda 2030, condiciones para crecer

El panel "Agro y Agenda Argentina 2030: Productividad, Innovación y Crecimiento" convocó las miradas de Ignacio Bartolomé, CEO de GDM; Alejandro Elsztain, CEO de CRESUD; e Ignacio Lartirigoyen, presidente de Lartirigoyen y Cía.

El debate se centró en cómo recuperar y profundizar la eficiencia de un sector que enfrenta costos crecientes, una competencia internacional cada vez más exigente y, al mismo tiempo, una aceleración tecnológica que abre nuevas oportunidades.

En ese contexto, Bartolomé puso el foco en la innovación genética y en la necesidad de generar condiciones para que las nuevas tecnologías lleguen efectivamente al productor. Explicó que la edición génica permite acelerar los procesos de mejoramiento, reducir costos y desarrollar variedades con características específicas, aunque advirtió que para que esa tecnología llegue al país es necesario avanzar en un marco regulatorio que permita a las empresas recuperar las inversiones realizadas en investigación y desarrollo.

Asimismo, marcó una diferencia en el nivel de inversión en investigación genética entre Argentina y Brasil. Explicó que, mientras en Argentina se invierte aproximadamente un dólar por hectárea de soja en investigación y desarrollo, en Brasil la inversión ronda los cuatro dólares, en un contexto donde una proporción mucho mayor de los productores remunera el uso de la tecnología incorporada a las semillas.

Para Elsztain, la escala y la tecnología pueden abrir una nueva etapa de productividad para el agro argentino. Así, destacó el impacto que pueden tener la inteligencia artificial, la utilización de datos, la agricultura de precisión y la automatización para optimizar el uso de semillas, fertilizantes, herbicidas, agua y otros recursos.

"El uso de la información combinada entre lo climático, el suelo y las máquinas va a generar mucha más productividad", sostuvo, al describir un escenario en el que la tecnología permitirá tomar decisiones cada vez más precisas sobre superficies de producción cada vez más pequeñas.

Elsztain también señaló el contraste con Brasil en inversión y previsibilidad. Desde su experiencia, sostuvo que Brasil logró construir un entorno en el que las decisiones de inversión pueden sostenerse a través del tiempo y donde existe continuidad en la estrategia de desarrollo del sector agropecuario y expresó: "Ese es el plan estratégico que tiene que establecer la Argentina si quiere tener un crecimiento sostenido en el mediano y largo plazo".

En la misma línea, Ignacio Lartirigoyen explicó que la mayor competencia internacional obliga a volver a colocar la eficiencia en el centro del negocio. En un mercado de commodities, el que logra producir al menor costo es quien puede sostener su competitividad frente a países como Estados Unidos y Brasil.

Señaló además la importancia de avanzar simultáneamente en acceso a tecnología, infraestructura, regulación y condiciones impositivas que permitan reducir las brechas de competitividad frente a otros países productores.

De producir a generar valor

La discusión sobre competitividad también atravesó el panel dedicado a la ganadería y la cadena de proteínas.

Alejandro Duhau, presidente de Frigorífico Azul, destacó la necesidad de superar la histórica separación entre producción para mercado interno y destinada a exportación. "Nosotros lo vemos como una complementariedad, no como una competencia", explicó y observó que puede generar incentivos para toda la cadena: mejores animales para el productor, mejores oportunidades para la industria y una asignación más eficiente de cada producto según la demanda de los distintos mercados.

Como atributos cada vez más relevantes para acceder a mercados de mayor valor aparecieron la trazabilidad y el bienestar animal. Estas herramientas ya forman parte de los requisitos de los principales compradores internacionales y, además de responder a las demandas del consumidor, pueden contribuir a mejorar los resultados productivos.

Así, una idea que atravesó distintas intervenciones fue que la carne argentina no es solo un commodity, sino un producto cuyo valor puede crecer a partir de calidad, trazabilidad, genética, bienestar animal y construcción de marca.

La misma lógica apareció en la discusión sobre el consumo de proteínas. La complementariedad entre carne vacuna y porcina se planteó como una oportunidad para ampliar tanto el mercado interno como el potencial exportador, siempre que exista un marco de políticas estables que permita planificar inversiones de largo plazo.

Pablo Paladini, presidente de Paladini, sintetizó ese potencial con una comparación contundente al advertir que "Argentina puede convertirse en Vaca Muerta de la proteína cárnica" si logra establecer políticas claras de mediano y largo plazo.

La discusión planteó así la posibilidad de ampliar el peso de la Argentina como productor de proteínas a partir de una mayor integración entre cadenas y de políticas que favorezcan la inversión, la previsibilidad y el crecimiento de la producción.

Recuperar el rodeo

Desde la producción primaria, Patricia Iglesias, directora de la Asociación Argentina de Angus, destacó la oportunidad que generan los precios y la demanda internacional, pero señaló al mismo tiempo uno de los desafíos concretos del sector: recuperar el stock ganadero perdido en los últimos años.

Según explicó, la Argentina tiene condiciones para aprovechar la demanda global por carne de calidad, pero necesita recuperar madres y ampliar el rodeo para responder a esa oportunidad.

Al mismo tiempo, Iglesias puso el foco en un factor que excede la productividad: la transformación de las exigencias del consumidor. "Hoy el consumidor necesita saber de dónde viene, cómo estuvo alimentado, cómo estuvo tratado", afirmó al referirse a la trazabilidad y el bienestar animal.

Estos atributos fueron señalados como cada vez más relevantes para acceder a mercados de mayor valor. La trazabilidad permite acompañar el producto a lo largo de la cadena, mientras que el bienestar animal se incorpora crecientemente a los estándares exigidos por compradores y consumidores.

En este punto, las exposiciones coincidieron en que la calidad puede convertirse en una herramienta concreta de diferenciación y generación de valor para la carne argentina.

Menos trabas

La necesidad de mejorar las condiciones para producir apareció también desde la experiencia de la industria. Duhau cuestionó la cantidad de obligaciones administrativas y tributarias que enfrentan las empresas en distintos niveles de gobierno y señaló que la superposición de trámites y vencimientos genera costos que terminan afectando la decisión de invertir.

El planteo se vinculó con una preocupación que apareció en distintos paneles: las oportunidades productivas requieren inversiones de largo plazo y, por lo tanto, necesitan un entorno que permita planificar.

Argentina tiene oportunidades en mercados de Asia y otras regiones con crecimiento de la demanda de alimentos, pero la apertura sanitaria debe complementarse con condiciones comerciales para competir frente a otros grandes exportadores. En ese marco, se planteó la necesidad de avanzar no solamente en acuerdos sanitarios, sino también en materia arancelaria y relaciones comerciales estables.

Fuente: LIDE Argentina