El panorama combina datos de contracción en regiones como Veneto, productores en crisis y la intervención del Ministerio de Agricultura con acciones de promoción para amortiguar los impactos.
Según el Observatorio Económico de Veneto Agricoltura, el precio medio del primer semestre se ubicó en 49 euros cada cien litros, un 17 por ciento menos que en 2025, cuando se había alcanzado uno de los valores más altos de la última década con 59 euros.
A nivel europeo, la media semestral cayó a 44,58 euros por cada cien litros, lo que refleja una disminución del 18,7 por ciento.
Pese a que la producción regional aumentó un 4% en comparación con el año anterior, la baja de precios ha golpeado la rentabilidad de las unidades productivas, que apenas lograron superar el “mayo negro” con 47,75 euros por hectolitro.
El exceso de oferta, la desaceleración del consumo y la presión competitiva internacional han generado un escenario en el que los productores denuncian márgenes cada vez más estrechos y se toma la expresión “tormenta perfecta”, muchas veces escuchada también para la producción argentina.
Hay muchos tambos que se manifiestan al borde del cierre, incapaces de sostenerse frente a precios deprimidos y costos crecientes de insumos, energía y forraje.
Frente a este cuadro, el Ministerio de Agricultura de la Soberanía Alimentaria y de las Foreste (Masaf) lanzó en septiembre una campaña de promoción en la televisión pública RAI.
El ministro, Francesco Lollobrigida, protagonizó un video dirigido a los más pequeños, con el objetivo de revalorizar la calidad del “latte italiano” y reforzar el vínculo entre consumidores y productores. Lo que siempre fue tradición en Italia, e incluso formó parte de alguno de los clásicos de Federico Fellini en el cine, ahora se retoma, para volver a prestigiar a la leche y los lácteos, luego de la furia pasajera de las campañas de márketing de las bebidas vegetales, que terminaron por demostrar que no pueden sustituir nunca al producto que tanto combatieron.
La leche sigue siendo fundamental en todas las etapas de la vida, para el desarrollo físico e intelectural, pero sobre todo para sostener la salud de las personas, con un aporte determinante de proteína animal en sus variadas formas por producto.
La iniciativa fue respaldada por asociaciones como Copagri, cuyo presidente Tommaso Battista destacó la necesidad de “volver a poner en el centro de la escena a la calidad excelente y la salud que aporta la leche italiana”, en un contexto de precios estancados y costos de producción que han subido hasta 15% por efecto de la sequía, después de un verano intenso y las tensiones internacionales.
Cabe destacar que en la actualidad, los italianos consumen unos 40 litros de leche fluida al año por persona y un equivalente a 25 kilos de quesos anuales. La diferencia en la demanda está dada por la baja en la leche, ya que hace una década los italianos tomaban hasta 50 litros en un año.
Los tambos italianos tienen cierta diversidad según la ubicación en el país, ya que en el norte promedian las 180 vacas, con mayor tecnología e intensificación, cayendo en número de animales y tencificación a medida que se recorre el mapa hacia el sur, siendo de cien animales el promedio, en sistemas estabulados.
El sector industrial también busca sostenerse a través de sus principales denominaciones de origen, que es una estrategia absolutamente desconocida para la lechería argentina.
El Consorzio del Grana Padano recordó que esta DOP es la más consumida del mundo y representa la salida más remunerativa para la leche italiana.
A su vez, empresarios como Stanislao Fabbrino, presidente de Granarolo, subrayaron que el futuro pasa por un equilibrio entre producción, transformación y sostenibilidad, con innovación en productos de alta digeribilidad y reducción de sal o azúcares, pero siempre en el marco de la tradición.
Aunque la tendencia de la demanda está en alza a nivel global, la necesidad de actualización de los productores parece no correr a la velocidad de las oportunidades y algo de esto se ve en la fragilidad de la cadena láctea italiana, con precios en retroceso, costos en alza y productores en crisis. Es clave entonces la combinación del esfuerzo institucional y empresarial por sostener el consumo y revalorizar la calidad del producto nacional.
Por Elida Thiery
Fuente: El ida por el campo