Hugo Chavéz fue una vez más la figura ganadora de las elecciones venezolanas el pasado domingo, con un 54,42% de los sufragios (7.444.082 votos), mientras que Henrique Capriles obtuvo el 44,87% (6.151.544 votos). Una de las tantas personas que lo felicitó al mandatario fue su amiga personal, la presidente Cristina Kirchner.

Mientras tanto, ¿qué pasaba y pasa en Argentina?: control de cambios desde que la AFIP estableció el cepo verde en octubre de 2011 y restricciones para viajar al exterior ya que los argentinos debemos completar un formulario con información del destino y el motivo del viaje, fechas de salida y regreso, y número de CUIT entre otros datos inflación récord. Como también el cierre a las importaciones y a la prensa opositora. ¿Es esto un reflejo total del gobierno bolivariano o tan solo una similitud parcial con Venezuela?

Por su parte, el gobierno venezolano comparte el mismo desvelo por el control la moneda estadounidense. Desde su creación en 2003, la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), el implacable organismo que responde al Ministerio del Poder Popular de Finanzas, es quien autoriza quién puede comprar dólares y quién no, según informó el Cronita.com

En Venezuela existe un cupo de tarjetas de crédito para viajeros que otorga hasta u$s 3000 dólares por persona para viajar a los EE.UU., Europa y Asia, y otro plan que libera u$s 2500 para viajes regionales.

Además, Argentina y Venezuela  parecen competir por el primer puesto de inflación. Mientras todo el resto de América Latina exhibe cifras menores a un dígito, Venezuela cerró 2011 con un 27% y la Argentina con un número que oscila entre el 20 y el 22% según qué estimación privada se utilice.

La diferencia en cuanto al trato con la prensa entre ambos países, en este punto, radica en que en Argentina los medios no oficialistas deben soportar el reparto discrecional de la publicidad oficial y el destrato a sus periodistas, en Venezuela los medios que disienten con la postura oficial han sufrido agresiones físicas de grupos para-oficiales, clausuras y controles más propios de gobiernos totalitarios que democráticos. 

Asimismo, parece que el Kirchnerismo busca una reforma constitucional que habilite a CFK a competir por un nuevo mandato. Por su parte, Hugo Chávez no tiene ese problema. Luego de la reforma constitucional de 1999, el bolivariano impulsó un fallido plebiscito en 2007, pero volvió a la carga en 2009 con un referéndum que lo habilitó a aspirar ilimitadamente a la reelección. 

“Aun cuando resulten indisimulables las coincidencias entre el régimen de Caracas y el montado en estas playas por los Kirchner, y por mucho que se consideren Cristina Fernández y Hugo Chávez amigos personales y conmilitones ideológicos, ello no quita que las diferencias en punto a las respectivas sociedades —no ya a los gobiernos— sigan siendo grandes e inclusive, en ciertos aspectos, verdaderamente abismales”, afirma el informe semanal de los analistas Massot y Monteverde Asoc.

En cuanto a la diferencia entre Argentina y Venezuela, entre otras muchas, radica en lo siguiente: aquella es una sociedad quebrada en dos y enfrentada en todos los órdenes —como ocurrió en nuestro país entre 1945 y 1955, a caballo de la brutal divisoria de aguas generada por el primer peronismo— mientras aquí esa división tajante no existe.

Otra diferencia entre el país bolivariano y el kirchnerista es que “en cuanto a la oposición, no hay un Capriles aún en la Argentina, pero se espera que tras las elecciones legislativas se construya una alternativa”, aseguró el ex vicepresidente, Julio Cobos, a MDZ Radio. Además, en cuanto a similitudes, agregó que “la Argentina está tomando un  modelo similar al de Venezuela que concentra el poder, que busca la continuidad de las personas, y no de las instituciones, con una inflación alta, y con una limitación a las libertades”.

El portal Urgente 24, también hace una comparación entre ambos países y afirma que “en Venezuela hay una oposición unida y un joven líder emergente para afrontar lo que viene (en la Argentina, fragmentación y algunos rostros agotados); Hugo Chávez Frías tiene el apoyo de la Fuerza Armada Nacional mientras que Cristina Fernández de Kirchner se enfrenta hasta con las fuerzas de seguridad; y Venezuela ha profundizado el vínculo con Cuba, Irán, Rusia y China a niveles que la Argentina no alcanzó todavía. Luego, Chávez sobrevive a un cáncer y su salud provoca interrogantes. Y en 1 año Cristina dilapidó su 54,11%”.

En cuanto al enfrentamiento del Gobierno con las instituciones de seguridad, comenzó cuando decidieron modificar los salarios de los gendarmes. Anunciaron que era imposible ofrecerles un básico de 7 mil pesos a esta área pública.

Hay dos dimensiones que es menester distinguir sobre este reclamo: por un lado está la salarial, que fue el detonante de las medidas de fuerza que tomaron las dos instituciones de seguridad (Prefectura y Gendarmería) a principio de mes. Por el otro, está la institucional. La primera se veía venir y sólo la tozudez, estulticia o falta de criterio de las autoridades nacionales pudo pasar por alto que si a un plantel profesional —cualquier que fuera su naturaleza— se le rebaja el sueldo nominal en porcentajes de hasta 60 %, lo lógico es que ello genere una reacción acorde con la agresión a la cual se somete a sus integrantes, afirman Massot y Monteverde.

La cuestión institucional corre por cuerda separada. Nunca antes hubo —en un país que de golpes, motines, asonadas y pronunciamientos castrenses puede dar cátedra— una protesta masiva de suboficiales cuyo propósito inicial era un reclamo salarial que pronto derivó en uno sindical. Nunca antes —aunque el episodio no mereció los comentarios que merecía— un jefe de estado mayor —en este caso el almirante Paz— había sido abucheado por parte de sus subordinados.

Salvo los grandes empresarios —que temen las iras y los úcases de Guillermo Moreno y de Axel Kiciloff— y las Fuerzas Armadas —reducidas por el kirchnerismo a su mínima expresión posible— ninguna otra corporación, partido, grupo o sector representativo de la sociedad argentina le tiene miedo a la señora presidente y a sus laderos. De momento nadie ha dicho —para mencionar la leyenda de todos conocida— “el rey está desnudo” pero es del caso reconocer que es lo único que le faltaría a Cristina Fernández. Ya no genera temor —que lo digan, sino, los autoconvocados del pasado jueves 13 en todo el país y los suboficiales mencionados antes— y ha hecho el ridículo en más de una presentación en público. Falta el desnudo. Para eso —claro— todavía falta.