Fuerte presión fiscal, imposibilidad de aprovechar los momentos de buenos precios, bajo nivel de crédito, suba de costos al momento de la siembra, incertidumbre comercial y una de las peores sequías que se recuerde.

Durante el año 2008, las lluvias han mostrado un patrón deficitario lo cual generó un impacto negativo en buena parte de la región productiva de nuestro país. En muchas localidades las precipitaciones registradas fueron las más bajas de los últimos 47 años, con una caída del orden del 40% al 60% respecto del promedio histórico. Más grave aún, en los momentos críticos donde los cultivos definen sus rendimientos la falta de lluvia se hizo sentir con intensidad en distintas zonas productivas.

Los impactos son elocuentes. El área sembrada de trigo se retrajo en más de un millón hectáreas, la superficie cosechada llegó a su mínimo en 30 años y los rendimientos se redujeron un 27% respecto de la campaña pasada. Así, la producción total triguera se redujo a su menor nivel en 20 años. La caída del área sembrada de girasol fue del 21.5% y se espera que la producción se retraiga entre un 20% y un 32%; por su parte, el maíz registró una merma en el área del 26%, previendo una caída en la producción del orden del 33% - 40%. Aún resta definir los impactos finales en soja, pero la producción final podría caer entre un 17% y un 25% respecto de lo producido la campaña anterior.

Esta merma de entre 22.2 y 28.8 millones de toneladas de granos reflejarán una caída en el nivel de ingresos de entre 3.900 y 5.300 millones de dólares (equivalente a 1,5% - 2.1% del PBI del 2008, respectivamente). Este dinero que dejará de producirse tampoco se multiplicará en el interior del país como demanda hacia los otros sectores de la economía.

Los pronósticos climáticos extendidos dan cuenta de un verano con precipitaciones inferiores al promedio y alertan sobre un otoño muy seco. Este escenario condiciona la futura siembra de granos finos ya que las perspectivas son desalentadoras también desde otros ámbitos: la presión fiscal se mantendría muy alta, las restricciones al comercio exterior seguirán afectando la libre competencia en el mercado interno, y la crisis internacional continuará presionando las cotizaciones y disminuyendo el crédito.

Este mal año, con resultados negativos para muchas empresas agropecuarias, afectará el capital de trabajo para la próxima campaña. Así, transitaremos un 2009 en el cual se espera una importante caída en la inversión, consumo, generación de empleo y reducción en la generación de divisas, lo cual resultará en una merma de la actividad económica global. El sector público, en todos sus niveles, verificará una menor recaudación fiscal.

En este contexto resulta inevitable pensar y aplicar estrategias e instrumentos de política económica que envíen señales correctas para que el principal motor de la economía siga funcionando como lo ha venido haciendo hasta el momento. Las medidas deberían estar alineadas en tiempo y forma con el nivel de urgencia existente.

Ricardo G. Forbes
Presidente