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La caída en los precios de las materias primas, incluida una baja de 36% en la soja desde el máximo de julio, la desaceleración del crecimiento económico y un alto gasto gubernamental podrían borrar el superávit presupuestario de 11.000 millones de pesos (US$3.600 millones) que el Gobierno pronosticó para el próximo año.
Si se tiene en cuenta el contexto, que involucra la peor sequía que sufrió el país en 40 años, es probable que se reduzca un 22% la cosecha de trigo; la producción de maíz puede bajar por segundo año y el número de cabezas de ganado disminuye a medida que las pasturas se secan, situación que amenaza con reducir el ingreso agrícola y un superávit comercial que impulsó la recuperación argentina después de la recesión de 2002.
“Esto le dificultará al Gobierno hacer pagos de los préstamos garantizados que vencen, los cuales se triplicarán el año próximo a US$4.300 millones”, dijo el 23 de septiembre el analista de Morgan Stanley Daniel Volberg en Nueva York en un mensaje de correo electrónico.
“Las necesidades totales de financiación serán de US$12.000 millones”, agregó en esa oportunidad.
En este sentido, las dudas en torno a las posibilidades de que se sostenga el superávit fiscal “se suman a los temores de que las autoridades no estén preparadas para enfrentar las crecientes necesidades financieras del año próximo”, expresó el analista.
Desde 2003, los productores aumentaron 46% la producción de soja, lo que contribuyó a un crecimiento económico anual de más de 8%. Argentina es el tercer productor y exportador de soja del mundo, después de Estados Unidos y Brasil, y es el que realiza más envíos de aceites vegetales y raciones para animales basados en la oleaginosa.
Fuente: Bloomberg News
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