El movimiento empresarial argentino le dio un aval al nuevo jefe de Gabinete, pero está a la espera de otras decisiones políticas: exige una profundización de los recambios en el elenco de funcionarios para oxigenar realmente al Gobierno y comenzar una nueva etapa.
En concreto, industriales, banqueros y hombres de campo quieren por lo menos una decisión complementaria: la salida del polémico Guillermo Moreno.
Los hombres de negocios también pretenden que la "nueva etapa" de la gestión tenga un objetivo preciso: introducir las rectificaciones y correcciones que necesita el modelo económico.
Para el establishment existen varias preocupaciones: la inflación en alza y el descrédito del INDEC, así como alarmas por cierta debilidad de las cuentas fiscales para el año próximo y la lenta pérdida de competitividad del tipo de cambio.
En la intimidad de las principales asociaciones empresarias, se sostiene que sin encarar estos problemas, la realidad económica se complicará y será difícil para Cristina Fernández de Kirchner reencauzar la iniciativa política.
Sencillamente por una cuestión: se debilitan los superávits gemelos y el dólar competitivo, ejes del éxito económico de estos años.
La opinión mayoritaria que se escuchó a mediados de semana en la discreta reunión de la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina, que encabeza Luis Pagani, fue que se abre una nueva etapa política con el cambio de Alberto Fernández. También hubo objeciones a los mecanismos de Guillermo Moreno y una convicción común: el secretario de Comercio hoy le genera más costos que beneficios a la Presidenta.
También en AEA sostuvieron que el nuevo jefe de Gabinete debe, sin apuro pero con firmeza, encarar la agenda económica pendiente.
El relevo de Fernández generó revuelo, y en Wall Street hubo una apuesta especulativa sobre los bonos argentinos, a la espera de más cambios en el Gabinete.
Pero en los encuentros secretos, los "gurúes" manifiestan interrogantes. Guillermo Mondino, del banco Lehman, emitió un informe confidencial que dice: "El cambio es neutral o negativo. Salió un moderado de la mesa chica y entra un moderado que no integra la mesa chica de decisiones".
Pablo Morra, de Goldman Sachs, afirmó: "El cambio de Gabinete no genera cambios en la política económica."
En la intimidad de la UIA y la Asociación de Bancos afirman que objetivamente los cambios consolidaron al ministro Julio De Vido y la línea de decisión de Néstor Kirchner.
Julio Cheppi (el flamante titular de Agricultura) fue propuesto por el ministro de Planificación y participó de cruciales negociaciones con Venezuela. En medio del conflicto con el campo, Cheppi se reunió en secreto con Eduardo Buzzi y el anfitrión fue el ministro de Planificación.
Sergio Massa tiene buen diálogo con De Vido y no va a confrontar, como ocurría con Alberto Fernández. La salida de Fernández parece haber resuelto una histórica interna de poder.
En su renuncia, el ex jefe de Gabinete apuntó duramente hacia el Ministerio de Planificación. En privado --el último fin de semana-- le dijo a la Presidenta y a Néstor Kirchner que, para cambiar, tenían que hacer una limpieza y sacar a los funcionarios que tenían un 87% de imagen negativa. Habló de Julio De Vido.
Después, dijo que estaba cansado de defender denuncias de supuesta corrupción y criticó a Ricardo Jaime y a Guillermo Moreno.
Fernández escribió sus ataques y críticas en un documento privado. Pero ese "paper" no se entregó aún a la titular de la Casa Rosada.
El texto pide un "giro y cambio" total en la política oficial y que el matrimonio Kirchner "tome consciencia de la realidad que afecta al Gobierno ".
Así, en el escrito habla de una modificación general del Gabinete e insiste en que por lo menos se comience con el desplazamiento de Moreno.
Algo similar dijo Alberto Fernández en sus últimos diálogos en la quinta de Olivos. Dramático, enfatizó: " Cristina, tenés que cambiar y cambiar."
Los funcionarios vinculados a Fernández evaluaron en el mediodía del miércoles, solidarizarse con su referente. Entre ellos, Carlos Fernández.
Pero primero lo frenó el ex jefe de gabinete: "Sería el colmo que ustedes dejen el Gobierno y se queden los que le ocasionan el costo político a Cristina".
Pero después fue la propia Presidenta quien dio una orden: "Todos los funcionarios están ratificados" .
Néstor Kirchner comunicó en paralelo a sus íntimos: "Acá no se va nadie más."
Cristina Kirchner y el ex presidente no dejaron pasar los reproches de Alberto Fernández. Lo escucharon, pero le retrucaron endilgándole graves errores políticos en su gestión. El matrimonio le pasó factura de la trunca negociación con Julio Cobos. Ambos sostienen que fue Alberto Fernández quien negoció con Cobos y que su gestión fracasó totalmente con el voto negativo final del vicepresidente sobre las retenciones móviles.
También Néstor Kirchner reflotó una vieja cuenta pendiente: la designación del ex ministro Martín Lousteau y el intento fallido de Alberto Fernández de bloquear la influencia del ex presidente sobre las decisiones del Ministerio de Economía.
En la intimidad, el ex primer mandatario no le perdonó nunca a Fernández la intención original --que tuvo junto a Carlos Bettini-- de intentar minimizar su autoridad en las decisiones clave del gobierno de Cristina Kirchner.
Ahora, la asunción de Sergio Massa abre una oportunidad. Todos en el mundo de los negocios quieren que ocurra una cosa: que el Gobierno aproveche esta nueva chance política.