Néstor Kirchner arengó otra vez. Después de bajar la línea política del Gobierno ante secretarios del Partido Justicialista, radicales K, legisladores del peronismo bonaerense, vocales del partido nacional, diputados y senadores propios, ayer se plantó frente a unos 50 intendentes peronistas de Entre Ríos. "Hay que aguantar", les dijo. "Aguantar" las presiones, los reclamos de los chacareros locales, algún que otro escrache. "Hay que aguantar", insistió, porque la actitud del campo es "golpista", porque la renta del agro es "enorme" y porque "nadie se va a llevar por delante a este gobierno".
Habló de "golpismo", también. Otra vez. Pero exceptuó a los pequeños y medianos productores. La lucha, aclaró, es contra los pools de siembra. Aquellos que, según acusó la presidenta Cristina Kirchner la semana pasada, tienen "una renta inusitada, del 30 por ciento en seis meses, en dólares". El discurso de ayer fue idéntico.
En el hotel Panamericano, el ex presidente continuó con la contención de la tropa afín. "Necesita tener a todos adentro y convencidos del proyecto", explicó uno de sus laderos.
Según explicaron a LA NACION dirigentes de consulta habitual de Kirchner, el jefe del PJ considera que la oposición no logrará armarse a nivel nacional de aquí a las elecciones de 2011. Supone, además, que para que algún sector pueda amenazarle el poder, dicho espacio deberá apoyarse sobre el aparato peronista. No habrá poder sin peronismo, analiza. Y por eso pretende no dejar huecos en la construcción de "su" PJ.
De modo que sigue con la secuencia de contención del peronismo, una tarea que cumplió poco mientras dirigió la Casa Rosada.
Así como ayer recibió a los líderes entrerrianos, a las 18 de hoy se verá con los intendentes de la provincia de Buenos Aires. Organizan el encuentro, en el hotel NH City, los líderes de la Federación de Municipios (FAM), Julio Pereyra (Florencio Varela) y Alberto Descalzo (Ituzaingó). Ellos, con Alberto Balestrini y Hugo Curto, resultan fundamentales para controlar el aparato en el conurbano.
Ayer, al ex presidente lo secundaron el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el ministro del Interior, Florencio Randazzo; el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri; el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; el titular de la Oncca, Ricardo Echegaray, y el coordinador de la Unidad Presidente Juan Carlos Mazzón.
Quejas
Kirchner llegó tarde. Antes, Randazzo y Urribarri dialogaron con los intendentes. Hubo unanimidad: los jefes municipales pidieron soluciones y, sobre todo, "una buena comunicación" de las medidas porque, afirmaron, no aguantan más los reclamos de los vecinos en las puertas de sus casas.
Randazzo y Urribarri transmitieron la preocupación a Kirchner y éste, en una arenga de 35 minutos, respondió: "A mí la comunicación no me importa nada". Explicó que le preocupaba el sostén del Gobierno y de las medidas económicas, acusó al agro de "golpista" -salvo los pequeños productores- y apuntó: "Tenemos que ser duros con los fuertes y no con los débiles".
Concluyó con un mensaje sobre la Presidenta: "Ella es el cuadro político número uno del país", señaló como para desmentir comentarios sobre que él controla el poder. "A mí me decían Chirolita y hoy seguimos igual", cerró.
Por José Ignacio Lladós
De la Redacción de LA NACION