Los dirigentes rurales resaltan el impacto económico que tiene la protesta en la economía como un valor positivo desde el punto de vista de la cohesión alcanzada por el sector en los casi tres meses que llevan de confrontación con el gobierno nacional. Y consideran al gobierno como el único responsable de los aspectos negativos de la medida, vinculados al hartazgo social, el parate en las fábricas de maquinaria y frigoríficos, y la ruptura de la cadena de pagos.

En el camino de vincular la protesta con una rebelión del interior, los responsables de las entidades leen la adhesión de otros sectores económicos y sociales dependientes de la agroeconomía como incondicional. Los multitudinarios actos en Rosario, Armstrong y otras localidades del interior los convencieron de que pueden seguir tirando de la cuerda.

Cabe preguntarse si la reacción de los transportistas rurales muestra el límite. Muchos de los sectores económicos del interior dosificaron, en los 80 días del conflicto, su adhesión a los lineamientos generales del reclamo con la insistencia en pos de un diálogo serio y constructivo. Ahora, este segundo eje comienza a imponerse.

Sin embargo, los ruralistas apenas admitieron en parte su responsabilidad social, al levantar la restricción al comercio de ganado vacuno. Una medida que, en primera instancia, busca que no los acusen de desabastecedores. Incluso, criticaron a los transportistas que salieron a bloquear las rutas, casi olvidando que fueron ellos quienes iniciaron los cortes. En el fondo, consideran que desvirtúan "su" protesta. El resto de la responsabilidad la revolean al gobierno.

En esta espiral de disputa, la bronca contra el conflicto gana más adeptos que cualquiera de sus protagonistas. Una hipótesis a verificar si se intensifican los problemas laborales en los frigoríficos o en las fábricas de maquinaria. Otros sectores también sienten que por apoyar a los productores ahora tienen la soja al cuello, y temen que el gobierno les patee la silla.

A su vez, el gobierno busca descargar en el campo la responsabilidad del conflicto y apuesta al desgaste como estrategia, ignorando a los "tibios" que sufren el lock out pero también la inflación y otros temas de su injerencia. Pero, como con el humo de la islas, mientras no llegue a Buenos Aires, los más afectados seguirán siendo los habitantes de las tierras que los ruralistas dicen defender.