La tensión sobre la que zigzagueó la reunión de anoche tenía que ver, en buena parte, con esto: sentarse a acordar una medida ejecutiva impuesta por pura verticalidad implicaba la ruptura de un modelo de gestión. El grado de las concesiones al agro conformará, ahora, el nuevo mapa político sobre el que deberá surfear el Gobierno.
Más allá de cómo termine la historia, el conflicto hizo crujir un estilo de conducción y empujó a la Presidenta hacia el dilema de rectificar rumbos que parecían intocables o bien persistir en los métodos que todo el kirchnerismo creía exitosos hasta que estalló el campo. Por ejemplo:
Tras 16 días de conflicto, el modo de conducción del Gobierno viró de cerrado y unilateral a abierto y dialoguista. En su discurso de anteayer, en Parque Norte, la Presidenta pareció más forzada que convencida al cambio. Aun así, rectificó el modelo. El interrogante de aquí al futuro es si se trató de una salida excepcional o de la comprensión del error.
La ruptura con la clase media urbana y el agro empuja al Gobierno a permitir algunas concesiones para recuperar parte del sustento electoral que la Presidenta blandió en sus últimos discursos. El quid de la cuestión, en todo caso, es cuánto está dispuesto a ceder. Parte de la visualización de su poder se debate en ese punto.
El paro del campo expuso un modelo de sometimiento económico a las provincias. Los gobernadores (Scioli, Binner, Schiaretti, Urribarri, Capitanich, Alperovich) se vieron obligados a oscilar entre sus votantes y el temor al látigo kirchnerista. ¿Se animarán a plantear modificaciones al sistema fiscal, como les reclaman en el interior? El principio de rebeldía expuesto por algunos -Binner y Schiaretti, principalmente- resulta por ahora sólo simbólico.
El discurso oficial pretendió imponer la visión del Gobierno. Parte de la sociedad no la aceptó y respondió con cacerolas. Las secuelas del Indec ponen ahora en entredicho toda afirmación kirchnerista y complican la capacidad de comunicación de la Casa Rosada. Perder la iniciativa discursiva es uno de los temas que más inquietan al Gobierno. Surge difícil que pueda recuperar la confiabilidad mientras intente establecer una inflación, un índice de pobreza o un escenario político a medida. No se aprecia aquí un reconocimiento del error.
El acto en Parque Norte oficializó la base de sustento político sobre la que se apoyará el Gobierno: serán el peronismo y los sectores piqueteros, aparentemente reconvertidos en grupos de choque. En el caso de la participación de estos últimos, algunos encuestadores y analistas vaticinaban ayer que los gestos de matonismo televisados en directo desde la Plaza de Mayo podrían haber resultado devastadores para la imagen de la Presidenta. ¿Tomará Cristina Kirchner distancia de D Elía y Pérsico o los mantendrá en la primera fila como en Parque Norte? Escénicamente, quizá los haga a un lado por un tiempo. En la práctica contará con ellos, confiaron en el Gobierno.
¿Hasta cuándo durará la guerra interna? El ministro de Economía, Martín Lousteau, retrocedió varios casilleros después del conflicto. Peor podría irles a sus asesores, reales diseñadores del plan más controvertido de la gestión cristinista. Los sostiene Alberto Fernández mientras les caen encima los "cuadros" envalentonados por Julio De Vido. El secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, hizo silencio durante días. Está del lado de De Vido. Hasta dentro del Gobierno admiten que la pelea es feroz y que roza casi cualquier dependencia, al punto de que algunos gozan con las fallas de otros. Si en el medio pierde la Presidenta, no importa. Esto empieza a preocupar cerca de Cristina Kirchner.
La admisión del nuevo escenario -el dialoguista... a la fuerza- también parecería haber modificado las percepciones sobre cada actor político. La imagen de invencibilidad del kirchnerismo entró en zona de riesgo. Hay una tendencia, aunque serán los próximos gestos de la Presidenta los que definan el rumbo.
El conflicto moldeó nuevos escenarios. Del Gobierno dependerá mantenerlos o regresar a la política que el campo y la clase media hicieron crujir.