Cuando se cumplieron dos semanas de paro agropecuario y una creciente violencia se apoderó de calles y de rutas, la presidenta Cristina Kirchner convocó al diálogo para lograr una salida al mayor conflicto con el sector agropecuario en los últimos años. De todas maneras, la Presidenta defendió la suba en las retenciones impuesta por su gobierno hace 15 días.
"Las puertas de la Casa de Gobierno están abiertas, pero, por favor, levanten las medidas contra el pueblo", rogó ayer por la tarde en un acto partidario que organizó su marido, Néstor Kirchner, en Parque Norte. Fue toda una demostración de fuerza política del ex presidente, que, sin embargo, tuvo entre sus mayores ausentes al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, hoy en relación endeble con el gobierno nacional.
Ante miles de militantes kirchneristas, y escoltada por su gabinete en pleno y la mayoría de los gobernadores justicialistas y del radicalismo K, Cristina Kirchner reclamó cinco veces en su discurso que el campo levantara el paro. "Les pido, humildemente, como presidenta de todos los argentinos y en nombre de todos los argentinos, que levanten el paro para entonces sí dialogar", reclamó.
A diferencia de su discurso anterior, esta vez la Presidenta retomó el argumento que había esgrimido el ministro de Economía, Martín Lousteau, al anunciar las retenciones móviles. "Necesitamos que no se sojice todo nuestro campo, necesitamos más productores de trigo, de maíz, de leche, de carne", sostuvo.
Y envió un guiño, en pleno día de gestiones y reuniones secretas entre sus funcionarios y los dirigentes agropecuarios, hacia los pequeños productores, los más perjudicados por la suba. "Este gobierno no está en contra de los hombres y de las mujeres, pequeños productores que trabajan con sus manos el campo. Les quieren hacer creer que queremos ir por ellos. Pero [los dirigentes] no piden por los pequeños productores, piden por la totalidad de la eliminación de las retenciones, los de los pooles sojeros también, los de los grandes productores también", denunció, en busca de ganarse a ese sector y dividir así a la dirigencia.
Los primeros 45 minutos de su discurso, que duró 50 en total, no tuvieron grandes diferencias con sus palabras del martes pasado. Llamó a la huelga "paro empresarial" y un " lockout patronal" que sólo busca "privar de alimentos a los argentinos". Sólo en el final de su larga alocución, interrumpida una decena de veces por aplausos, concretó el llamado al diálogo.
Justo detrás del atril desde el cual la Presidenta habló, sobre el escenario, quedó ubicado el ex piquetero Luis D Elía, que en las últimas 48 horas protagonizó serios incidentes en la Plaza de Mayo. También estuvieron los dirigentes sociales Emilio Pérsico y Edgardo Depetri, que participaron junto a D Elía de las "contraprotestas". No hubo en el discurso de Cristina Kirchner ninguna condena a la violencia que hubo entre los piqueteros y militantes oficialistas y los caceroleros que reclamaban en favor de la gente de campo.
Protesta organizada
Ayer, en su discurso, la Presidenta atribuyó motivaciones políticas a los cacerolazos porteños. "(Esa protesta) No fue espontánea. La cadena de e-mails había empezado por la mañana, mucho antes de que la Presidenta hablara", se defendió. Y la calificó como una "suerte de cacerolazo".
Fue momentos después de haber denunciado que los manifestantes que reclamaban por la suba de las retenciones habían apoyado el golpe militar de 1976. "Vi fotografiado en un diario un cartel que decía: «Kirchner montonero». No fue eso lo que más me preocupó. Debajo de eso decía: «Videla volvé». Por favor, quiero que reflexionemos, no estoy hablando para el aplauso", sostuvo la Presidenta, y levantó, de todas maneras, a la acalorada tribuna que colmó de banderas el centro del salón.
Había movilizado su gente el camionero Hugo Moyano, también escolta presidencial en el escenario; las agrupaciones sociales, el gremio de Obras Sanitarias y los taxistas. También aportaron simpatizantes la mayoría de los intendentes del conurbano, con quienes Kirchner planificó el acto. La gente, enardecida, saltó las vallas cuando llegó la Presidenta y avanzó en masa hacia el escenario. Quien se quedó mezclado entre ellos fue el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, el único de los funcionarios que eligió aislarse del palco oficial.
Néstor Kirchner casi no tuvo protagonismo. Subió al escenario después de su esposa y se sentó en la primera fila, en silencio. Fiel a su estilo, al terminar el acto se zambulló entre sus seguidores, con la camisa y el saco sport azul, cruzado, empapado en sudor.
La Presidenta desarrolló su discurso desde cuatro ejes perfectamente estudiados: la racionalidad, la sinceridad, la sensibilidad y la responsabilidad como las condiciones del ser humano. Lo había consensuado con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y su esposo, momentos antes en Olivos.
A pesar del llamado al diálogo, en el discurso más esperado desde que asumió, hace sólo 108 días, la Presidenta evitó hacer cualquier tipo de anuncio concreto que obligara al campo a abandonar los cortes de ruta.
Por Mariana Verón
De la Redacción de LA NACION
Con la colaboración de José Ignacio Lladós