Sorpresa, frustración e incredulidad: los dirigentes de las cuatro entidades que lideran la protesta agropecuaria -Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro, la Sociedad Rural y Federación Agraria- siguieron el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con un ojo en la Casa Rosada y el otro en las rutas del interior, donde desde hace 13 días se manifiestan con mucha bronca los productores contra la política oficial para el sector.
No habían salido de esa primera sensación de asombro cuando empezaron a sonar las cacerolas en algunos barrios porteños, algo que definitivamente no esperaban. Es que las más tradicionales entidades del campo reconocen que su capacidad de movilización y convocatoria no llega a tanto.
Por eso, ante la magnitud de la movilización, entre los ruralistas crece el temor a que el Gobierno -presionado a su vez por la creciente escasez de carne y lácteos en los grandes centros urbanos- decida aplicar la polémica ley de abastecimiento (que prevé fuertes multas y penas de cárcel) y hasta considere el estado de sitio. No obstante, una vez más, el ruralismo llamó a protestar con calma y sin agresiones.
"El Gobierno está fracturando a la sociedad argentina, no diferencian a pequeños productores de los grandes pooles de siembra, y con esto corroboran una vez más la actitud poco federal, unitaria y que distorsiona la realidad. La Presidenta eligió el camino de la confrontación", dijo Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA).
Los presidentes de la Sociedad Rural y de CRA, Luciano Miguens y Mario Llambías, respectivamente, escucharon el discurso de la Presidenta por la radio, en la ruta 205, camino a Saladillo. "Es la reacción de los que quieren decir basta a una serie de atropellos, va más allá del tema agropecuario. Es pedir un proyecto de país inclusivo, beneficioso para todos", dijo Llambías, todavía en el auto.
Discurso inesperado
"El discurso no fue el que esperábamos. Teníamos la expectativa de ir a un diálogo, de ser escuchados, el campo necesita ser escuchado, atendido, de poder juntarnos con el Gobierno. Las entidades armamos una comisión de enlace, buscamos entre nosotros a aquellos mejores interlocutores para buscar soluciones. Nos gustaría que la Presidenta conociera la realidad del sector", sostuvo Miguens. "Se ha perdido una oportunidad de empezar a encontrar soluciones que precisamos. La Presidenta sigue aislada del país, sería bueno que viajase más y que vea lo que le pasa a la gente. No somos piqueteros ricos, somos trabajadores del campo", agregó Llambías.
A última hora de ayer, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que salía a explicar las palabras de la Presidenta por la televisión oficial, afirmó que se trata de "un paro perverso y extorsivo" y cuestionó duramente a los dirigentes. Fernández, que volvió a prometer una Subsecretaría para los pequeños productores -un proyecto que el Gobierno tiene en estudio desde 2005-, responsabilizó especialmente a Buzzi y a Llambías de haber "perdido la conducción del paro".
Anoche, la sensación generalizada -incluso entre funcionarios- era que las palabras de Fernández de Kirchner habían arrojado "más nafta al fuego", como ilustraron varios de los dirigentes que hablaron con LA NACION. Aunque el clima en los cortes de ruta no era el mejor, había mucha expectativa por las palabras de la Presidenta.
En las primeras horas de la tarde, Buzzi, Llambías, Miguens y el presidente de Coninagro, Fernando Gioino, habían confirmado, una vez más, que el paro es por tiempo indeterminado, hasta que el Gobierno dé marcha atrás con el último aumento de las retenciones a las exportaciones. También piden ahora el comienzo de una nueva etapa en las relaciones del agro con el Gobierno, signadas desde hace cuatro años por múltiples desencuentros.
Los cientos de piquetes que estallaron el 13 de marzo y fueron tomando cuerpo en estos trece días cobrarán más fuerza a partir de hoy. Las entidades insistieron en que el bloqueo sólo alcanza a camiones con productos agropecuarios, con excepción de los lácteos, pero en algunos cruces productores autoconvocados podrían impedir totalmente el tránsito. Además, se prevén nuevos cacerolazos y tractorazos -el más importante será en la ciudad de Córdoba- por los principales distritos.
Jorge Capitanich y Sergio Urribarri, gobernadores del Chaco y de Entre Ríos, respectivamente, quedaron en el foco del reclamo en sus respectivas provincias. Anteayer se los había mencionado como intermediarios entre el Gobierno y el campo. Al aparecer junto a la Presidenta, ese rol quedó descartado.
Lo que más molestó a los productores no fueron los adjetivos que usó la Presidenta ("piquete de la abundancia") sino que ubicara a la laguna La Picasa en la frontera de Santa Fe con Entre Ríos, cuando ese problemático espejo de agua está en la frontera entre Santa Fe y Buenos Aires. "La Presidenta habla del campo sin saber dónde queda la laguna La Picasa, tiene un profundo desconocimiento de lo que está pasando", dijo Buzzi.
Por José Crettaz
De la Redacción de LA NACION