El secretario general del Sindicato de Camioneros y jefe de la CGT, Hugo Moyano, convocó ayer telefónicamente a los dirigentes de los gremios aliados vinculados con la actividad agropecuaria a que se pronuncien enfáticamente en contra del paro que realizan las entidades del campo.
Los sindicalistas relacionados con la industria de la carne y con los puertos y el titular de las 62 Organizaciones Peronistas y jefe de la Unión de Trabajadores Rurales y la Estiba (Uatre), Gerónimo Venegas, no se pronunciaron sobre el paro rural. Una fuente sindical puso de manifiesto “la incomodidad” que les genera a estos gremios atacar una actividad de la que dependen sus propios afiliados. Los dirigentes de este sector no respondieron a la requisitoria de LA NACION.
Pero Moyano redobló la apuesta frente a la persistencia de la postura de los ruralistas y convocaría hoy a una reunión de la CGT para obtener el apoyo de las asociaciones aliadas y para que la queja no sea una medida aislada del jefe de los camioneros, sino que exprese “el consenso en la central obrera”, aunque parcial.
Sin embargo, LA NACION pudo saber que el gremio que representa a los estibadores portuarios del interior del país se vuelca “más a favor de los trabajadores rurales en protesta que de las medidas de fuerza que encabeza Pablo Moyano”, hijo del secretario general de los camioneros.
Por su parte, el secretario general de La Fraternidad, Omar Maturano, criticó ayer a los productores agropecuarios porque “atentaron contra material rodante ferroviario y quitaron 10 kilómetros de vías y durmientes", a 100 kilómetros de Junín.
Maturano expresó que "el paro se anarquizó" y que los ruralistas "no debieron hacerlo por tiempo indeterminado".
Consultado por LA NACION, Maturano dijo que "es incomprensible que la protesta de los hombres de campo de golpe se transforme en una cuestión de inseguridad ferroviaria", entre otras derivaciones que genera el paro del sector. Por caso, dijo que "hoy habrá un mayor desabastecimiento de carne y de leche y esto provocará la indignación de la población".
Sin embargo, el dirigente ferroviario fue categórico: "Durante el encuentro de la CGT, el planteo de mi gremio será encontrar caminos de diálogo, y eso -puntualizó- no sólo se hace criticando el paro rural, sino con un gobierno proclive a escuchar las demandas".
El gremialista remarcó que el campo "debería entender el país que recibió Néstor Kirchner en 2003", pero al mismo tiempo no le quitó responsabilidad al Poder Ejecutivo en ayudar a terminar con la protesta "y sentar a todos en la mesa de diálogo".
Esa postura de Maturano para que la CGT fije un llamado a la conciliación tranquilizaría a los gremios moyanistas relacionados con la actividad rural, quienes evitarían pronunciarse explícitamente -o exclusivamente, al menos- contra el paro.
¿Qué margen tendrán los sindicatos para liberarse de ese compromiso? Moyano no quiere dejarles muchas chances. Y la preocupación de sus aliados no es poca, porque consideran que el jefe de la CGT fue complaciente por su cuenta o con el mandato del Gobierno al disponer un contrapiquete en Ceibas. Pero que esa actitud debería empezar y terminar en la decisión del sindicato camionero y no extenderse al resto del espectro sindical que lo apoya.
La lectura que hicieron sus amigos del piquete de Moyano en Entre Ríos es que el camionero dio una demostración de fuerza en el lugar, que desplazó la medida de los ruralistas a poco más de 40 kilómetros de allí. Pero no siguió a los rebeldes para evitar una confrontación que tampoco lo beneficiaría. De allí que los camioneros seguirán hoy acampando en Ceibas.
En esta encrucijada, los gremios saben que Moyano es el que manda. Los sindicalistas temen que el precio a su rebeldía sea, por caso, la falta de una distribución de las prestaciones de las obras sociales en la APE (Asociación de Prestaciones Especiales), que conduce el abogado del sindicato de camioneros, Juan Rinaldi.
Los sectores sindicales enfrentados a Moyano (que responden a Luis Barrionuevo y a "los Gordos" y que abandonaron la CGT) veían los pasos del camionero como una nueva torpeza política del dirigente. Se imaginaban que un chispazo entre los ruralistas y los camioneros significaría "un nuevo San Vicente" para el líder de la CGT y que esa situación terminaría esta vez con su liderazgo sindical.
El dato alude a los incidentes ocurridos el 17 de octubre de 2006 entre el gremio de Moyano y la Uocra de La Plata, en ocasión del traslado de los restos del general Juan Domingo Perón a la quinta que perteneciera al ex presidente ubicada en la provincia de Buenos Aires.
Por Luis Laugé
De la Redacción de LA NACION