Cualquiera de esas tres palabras sirve para describir la reacción que despertó en el campo el nuevo esquema de retenciones a las exportaciones de soja, girasol, maíz y trigo anunciado por el ministro de Economía, Martín Lousteau, el martes pasado.

El aumento de hasta nueve puntos porcentuales a los derechos de exportación del girasol y la soja más el esquema de precios móviles, que en la práctica significa ponerles un precio máximo a los granos, representan un verdadero cepo y un golpe bajo por parte del gobierno kirchnerista de "doble comando".

Las medidas tienen como objetivo central "hacer caja". No son ni para contener el aumento de los precios de los alimentos ni para ordenar la producción agropecuaria, tal como dijo Lousteau. Según un estudio de la consultora Econométrica, el Estado se aseguraría para este año una recaudación adicional de US$ 2400 millones, lo que le permitiría cumplir con la meta de superávit primario de 4% del PBI gracias al campo. Es llamativo que ningún economista haya advertido de lo endeble del equilibrio macroeconómico que subyace en una decisión de este tipo.

Respecto del aumento del precio de los alimentos, sólo una parte se explica por el alza de las cotizaciones de las commodities. La economía argentina volvió a la cultura inflacionaria de los años 70 y 80. Y la política de controles y acuerdos de precios fracasó, como lo revelan los faltantes en las góndolas, ya que las empresas no tienen incentivos para aumentar la oferta. Las compensaciones, además, cubren una pequeña parte de los costos.

Sin embargo, uno de los argumentos más insólitos de Lousteau fue el de la "sojización". No hay ni un estudio serio por parte del INTA u otro organismo del Estado que haya demostrado que el crecimiento de la producción de soja a nivel nacional esté perjudicando a otros cultivos o dañando los suelos. Hay suposiciones y opiniones, pero datos concretos, no. Y lo más sorprendente es que el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, haya avalado esos argumentos. Desde que asumió el cargo, en febrero de 2007, jamás alertó sobre la supuesta "sojización". Es más: si alguien le decía que iba a ser el secretario de las "cien millones de toneladas" (casi la mitad de soja) él no lo desmentía.

Otra explicación insólita de Lousteau es que con una rebaja de 0,8 puntos porcentuales en las retenciones del trigo y del maíz se podrá incentivar la siembra de estos dos cereales. Las constantes manipulaciones sobre los mercados que el Gobierno viene haciendo desde hace dos años no dan garantía alguna de previsibilidad. Y menos aún la promesa de que en la campaña 2008/09 los productores cobrarán el "precio lleno" (Urquiza ya lo había prometido para la campaña que pasó).

Las consecuencias de tamaño despropósito, si no hay correcciones, se verán, lamentablemente, en una menor inversión y desarrollo de los pueblos que viven del campo. Habría que avisarle a la Presidenta que esas regiones también forman parte de la Argentina.