Ahora que la planta está creciendo en los campos se notifican de que ese impuesto aumentó y que cuando tengan que vender la cosecha ganarán menos de lo que esperaban.
Hasta ahora la soja parecería estar fuera del riesgo político, ya que más del 90 por ciento se exporta. No había sucedido lo mismo con la carne o con la leche, con los que también el Gobierno dispuso incrementar las retenciones para frenar la inflación. Esa fue una de las razones por las cuales el cultivo siguió expandiéndose en los últimos cuatro años.
El gran interrogante que se abre es si esta intervención del Gobierno les quitará a los productores incentivos para seguir sembrando soja. Por la productividad que alcanzó la oleaginosa y las ventajas de costos que ofrece frente a otros cultivos no parece que eso suceda, pero la semilla de la duda ya fue sembrada.
El otro dato que agrega incertidumbre es que ayer el Gobierno instauró el principio de que la soja debe subvencionar a otros productos. En este caso parte de la hipótesis de que con la mayor recaudación que se obtendrá por la soja se podrá subsidiar a los industriales avícolas, molineros o lácteos. Sin embargo, no hay ninguna garantía de que esos mismos procesadores no se vean obligados a solicitarle al Gobierno una nueva autorización para aumentar el precio del pollo, de la harina o de la leche si tienen otro aumento en sus costos. De esa manera, los únicos beneficiarios serían los industriales y el Estado, porque tendría una mayor recaudación fiscal. En cambio, los perjudicados serían los productores agropecuarios, que verían caer su rentabilidad, y los consumidores, que no tendrían forma de defenderse ante el aumento de los precios de los alimentos. Pero si el mecanismo instrumentado desde ayer por el Gobierno funciona con éxito dejará de haber conflictos entre los precios internacionales y los del mercado doméstico.
Con la decisión de aumentar las retenciones a la soja, además, el Gobierno desechó la propuesta que le habían presentado las entidades rurales: que se constituyera un fondo para subsidiar a los alimentos del mercado interno, pero con lo que ya estaba recaudando. A fin de año le enviaron una carta al presidente Kirchner en la cual afirmaban que con el aumento de los precios del trigo en el mercado internacional se iban a generar mayores ingresos fiscales que permitirían subvencionar a los molineros. Esa nota fue un intento de retomar el diálogo tras el paro del campo de nueve días en diciembre pasado. Anteayer, el subsecretario de Agricultura, Javier de Urquiza, llamó a los ruralistas para pedirles un gesto, porque el Presidente estaba analizando un incremento de dos puntos a las retenciones a la soja. Salvo el rechazo y la resignación ante el hecho consumado, a esa altura no había otro gesto posible.