La estrategia para la producción de cada cultivo en cada ambiente consistirá en equilibrar la oferta y la demanda de recursos, principalmente durante los períodos críticos. Este objetivo se puede satisfacer considerando la maximización del rendimiento de un cultivo individual o bien la del sistema de producción.
Ante una sala repleta, los especialistas María Otegui, Adriana Kantolic y Daniel Miralles del Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía UBA e investigadores del CONICET definimos como rendimiento potencial a aquel que para cada especie se obtiene en un ambiente dado en ausencia de estreses abióticos y bióticos. En estas condiciones el rendimiento depende de la capacidad de fijar carbono a través de la fotosíntesis, lo cual estará regulado por la cantidad de radiación que el cultivo sea capaz de interceptar Introducción
“En el caso de trigo con siembra de junio, las mayores capturas de luz tienen lugar en primavera, con valores de irradiancia intermedios y temperaturas frescas que dan lugar a una relación fototermal apropiada para esta especie”. Las siembras tempranas de los cultivos estivales, como el maíz en inicios de septiembre y la soja a mediados de octubre, permiten que los períodos de máxima captura de luz coincidan con los de máxima irradiancia.
Los investigadores explicaron que simultáneamente a la expansión del área foliar para la captura de luz tienen lugar la profundización y proliferación de raíces, que se maximizarán hacia floración y garantizarán la provisión de agua y nutrientes a lo largo del ciclo de los cultivos. En la etapa prefloración, la biomasa producida se distribuye principalmente entre los destinos vegetativos en expansión. “A partir de floración adquiere relevancia el crecimiento de los granos”.
Un ejemplo citado fue: para la producción de 60 qq/ha de trigo habrá sido necesaria una absorción de 180 kg de N/ha y un consumo de agua de 450 mm, lo que da como resultado que estos requerimientos serán muy superiores para la producción de maíz y soja, aunque en el caso de la oleaginosa la mayor parte del N provendrá de fijación simbiótica.
Por otro lado, en suelos sin impedancias al crecimiento la profundidad de raíces de todas las especies de grano estudiadas alcanzará los 2 m de profundidad, pero el patrón de extracción de agua dependerá de la disponibilidad del recurso a lo largo del ciclo, en el que el aprovechamiento de agua variará con cada cultivo y el suelo disponible.
Las variables de manejo y la variabilidad genotípica modifican las dinámicas generales de generación y mantenimiento de la estructura fotosintetizante, además los cambios en la fecha de siembra producen el desplazamiento de los períodos críticos hacia condiciones ambientales menos favorables. Los cambios en la densidad permiten ajustar la estructura del cultivo en cada una de las combinaciones entre fechas de siembra y genotipos. “En trigo y soja es necesario aumentar la densidad en situaciones en las que el período de generación de IAF se reduce como siembras tardías y ciclos cortos”. En maíz, el atraso en la fecha de siembra promueve el aumento de la expansión foliar y desplazamiento del período crítico a etapas fototermalmente menos favorables, motivando la recomendación de disminuir la densidad de plantas en estas condiciones. A lo que se concluye que la modificación de la distancia entre hileras tiene un impacto importante en situaciones en las que la intercepción de radiación puede estar comprometida.
“Los cultivos experimentan durante su ciclo estreses que pueden actuar secuencial o simultáneamente”, éstos afectarán en primera instancia la superficie fotosintetizante, a través de reducciones en la expansión foliar, el macollaje o la ramificación de las plantas, limitando el rendimiento en la medida que reduce la capacidad de captura de luz, también pueden afectar la eficiencia de conversión de la radiación capturada en biomasa y la partición de biomasa hacia estructuras de cosecha.