“Con permiso via dentrar aunque no soy convidao, pero en mi pago un asao no es naides y es de todos: Yo via cantar a mi modo después que haiga churrasqueao”.

Así lo dijo el maestro Atahualpa Yupanqui hace más de medio siglo, como santificando una institución que es muy abierta y generosa y además muy de la pampa húmeda argentina, en donde pasta el mejor ganado del mundo y sobran los churrascos jugosos.

La reminiscencia del verso, que ya no todos recuerdan, pero que sigue presente entre la gente “de asado”, fue casi obligatoria el mediodía del miércoles, cuando en la embajada argentina se lanzaron a la parrilla de leña más de diez lomos completos, cortados en gruesos bifes de casi medio kilo. Lomos lisos argentinos, blandos, muy jugosos, sabrosísimos y dueños de un refinado olorcito a grasa que no repugna, sino que atrae.

El embajador Abihagle prestaba la casa, así se hace, y los productores de carne argentina traían el asado. También traían un entusiamador video de la pampa, de unos novillitos negros, crespos y sin cuernos que eran para hacerles cariño y las imágenes de los gauchos arreadores guapeando entre el vacaje, ¡ahijuna!

Los anfitriones eran unos tipos cincuentones, elegantes, bien comidos (ninguno gordo, ojo), que representan a IPCV, Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, lo primero en tinta negra y Argentina en azul radiante.

Quizá porque casi todos eran veterinarios o criadores, gente de campo al fin, pese a la elegancia, eran piolas. Y hablaron poquito, sin jactancia, no como porteños, pero dejaron en claro que a sus bifes no podría ganarles nadie porque todas las vaquitas son criadas a campo abierto, en pasturas naturales y de razas finísimas, aclimatadas desde la independencia en esa cancha de golf que son un puñado de provincias, desde Entre Ríos hasta el sur de la provincia de Buenos Aires.

PARA PRUEBA, LOS BIFES

Mientras en el gran salón de la maxiconferencia de prensa para unas 70 personas se escuchaban aires de chacarera, Arturo E. Lavallol, el presidente del instituto exhibió la pulcritud de los frigoríficos, afirmó que desde hace tres años desapareció la fiebre aftosa y declaró su pretensión, tiemblen productores chilenos, de que piensan, de aquí al próximo año, recuperar el 50% del mercado chileno de importación que tuvieron hasta antes del último brote de fiebre bovina.

Lo que se dijo hasta allí era justo y necesario. Pero luego lo necesario fue bajar hasta los patios interiores de la mansión argentina tras la estela del aroma a carne asada que se desprendía de unas gigantescas parrillas que la fotografía adjunta documenta.

Simpáticos todos los argentinos, especialmente los de la embajada. Y con buen declive para las empanaditas y el Malbec argentino de la viña de propiedad chilena Finca La Celia, que no se sabe por qué está cada día más rico y amable.

-Pero si yo como como pajarito -reclamó el consejero Mario Verón entre expresiones de estupor de los contertulios que estaban, como en la hacienda del Mojón, acariciando el asado.

-Claro, como como cóndor -ratificó mientras se llevaba a la boca un dado jugoso de asado en la punta de un pincho.

AHORA VAMOS A LA MESA

Hasta allí todo parecía rico, abundante y justo. Los garzones pasaban bandejas y bandejas de empanaditas de horno pequeñitas y sutiles y el Malbec corría como agua de manantial. También fuentes con unos dados gordotes de asado jugoso, unos buenos y otros gloriosos, que llenaban la boca de jugo. Empanadas, vino tinto y trocitos de asado parecía todo, hasta que vino la noticia de que había que pasar al comedor.

-¿A qué?, le dijimos al gordo Manzano, consejero del IPCV, el más llenito, simpático y tanguero de todos estos hombres vestidos de alpaca gris y con corbatas multicolores, decoradas con vaquitas.

-Ahora vamos a comer unos bifecitos -dijo muerto de la risa, y tuvimos que estar dispuestos a sacrificarnos.

No había más que gruesos y jugosos churrascotes, casi sin grasa, y mucha ensalada verde, pero pensamos: ¿para qué más?

Y realmente para qué más. Los bifes eran un poema, y si todo lo que traigan es de esa calidad, seguro que van a vender más del 50% de lo que importa Chile.

Algunos uruguayos dicen que la carne argentina es muy buena, pero que la de ellos es un poquitito mejor.

Claro, los uruguayos dicen también que uruguayos son Gardel, Leguizamón y Gerardo Matos Rodríguez, autor de “La cumparsita”.

Pero en esas peleas no hay que meterse, que son peleas entre hermanos. Pongamos que las dos carnes son las mejores del mundo, con la diferencia de que Argentina es en verdad una potencia exportadora y tiene mucha, muchísima carne, y hasta donde sabemos, por acá no puede encontrarse un bife de la llamada Banda Oriental.

Comparados con los bifes que se consiguen en Chile, los de la embajada eran otra cosa. Claro, hay arte para asarlos, también. Pero la carne argentina es blanda blanda, rica rica, jugosa jugosa.¡Qué los parió! LND

Decálogo del buen asado

Los argentinos se las saben todas. Vinieron a Chile a vender carne y regalaron un asado delicioso. Y, además, teorizaron para callado. Junto a un libro de fotos tan bello que dan ganas de ser gaucho, dejaron un decálogo que sería bueno ir difundiendo.

Dice así:

- El asado empieza cuando se elige la carne.

- El mejor corte se lo queda el asador.

- El que pide un aplauso para el asador busca el segundo mejor corte.

- No hay que caer en la trampa y llenarse con pan antes de que se sirva la carne.

- Haber preparado la ensalada es una buena excusa para no lavar los platos.

- La única persona que puede hacer un asado mejor que el tuyo es tu padre.

- La carne siempre se calcula de más.

- Si se acercan a opinar, mejor que sea de fútbol.

- Un buen tinto garantiza su presencia en el próximo asado.

- El asado es más rico si se comparte con amigos.

La Nación Chile