ROSARIO.- Las calles de esta ciudad resplandecen. Frente al río Paraná se construyen edificios muy cerca de centros culturales. Como en pocos lugares del país, aquí se puede apreciar la mejora en la calidad de vida que provocó el crecimiento del agro de los últimos años. Por los puertos aledaños a Rosario se exporta el 70 por ciento de los granos y oleaginosas y en un radio no superior a los 400 kilómetros se concentra el procesamiento y la producción agrícola de la Argentina.
Algunos agricultores protagonistas de ese fenómeno, que integran la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), están realizando su congreso anual en el que no sólo intercambian conocimientos sobre tecnología sino también surgen llamados de atención al Gobierno respecto de que "tranqueras afuera" aún hay mucho por hacer.
A la jornada inaugural asistieron, además del presidente del la entidad organizadora, Jorge Romagnolli, el subsecretario de Agricultura de la Nación, Javier de Urquiza; su par de los Estados Unidos, Merlyn Carlson, y el intendente de Rosario, Miguel Lifschitz (Partido Socialista).
Los productores advierten que el comercio en negro de granos y carnes representa una competencia desleal para los que trabajan en blanco. "La economía informal atenta contra la sustentabilidad", dijo Romagnolli, que también es productor en Córdoba.
Marcos Rodrigué, de Marcos Juárez, Córdoba, explicó: "En el sur de la provincia hay gente que alquila campos en negro por 10 quintales de soja, compra insumos y vende granos también en negro; todos los conocen y nadie les hace nada; yo, en cambio, que tengo los papeles en regla, vivo con la AFIP encima".
Según los productores, se requiere un nuevo sistema tributario. "El diseño impositivo es perverso, no está pensado para fomentar la inversión sino para ayudar a la evasión", dijo Oscar Alvarado, presidente de la empresa El Tejar, de Saladillo, provincia de Buenos Aires. "Pero no sólo es responsabilidad del Gobierno sino de toda la cadena", añadió. Y dijo que cada vez es más difícil alquilar campos para sembrar si se quiere pagar en blanco, ya que hay propietarios que prefieren trabajar en negro para evitarse el pago del impuesto a las ganancias.
La distorsión impositiva también afecta a la ganadería. "La falta de un marco institucional en el negocio de la carne vacuna hace que encarar negocios para el mercado interno sea un despropósito si uno los quiere hacer en blanco", se lamentó. "Y para hacer algo en serio hay que hacer inversiones importantes", añadió.
Gustavo Grobocopatel, presidente del grupo Los Grobo, de Carlos Casares, recomendó que los productores trabajen con quienes tienen "valores compartidos", respecto de las obligaciones tributarias.
Retenciones
Esa distorsión impositiva deriva en que el Gobierno prefiera cobrar impuestos al campo en el momento de exportar. De allí que estableció retenciones a las ventas externas de entre el 20 y el 23,5 por ciento para los granos y las oleaginosas, por las que el Estado recauda unos 2000 millones de dólares anuales.
Pero las retenciones, según los productores, están afectando la competitividad. "Con ellas aumenta la pobreza porque impiden que se reinviertan las ganancias en el interior", dijo Romagnolli.
Esa posición también tiene el apoyo de representantes políticos locales, como el del intendente Lifschitz. "En su momento -opinó- entendí la reimplantación de las retenciones porque era una manera de salir de la crisis, pero sería preocupante que se sostengan indefinidamente y no sean reemplazadas por otros recursos tributarios que no castiguen a la producción".
Por Cristian Mira
Enviado especial