Un ensayo del INTA Rafaela avala la posibilidad de utilizar el heno del rastrojo de soja para afrontar situaciones de sequía con buenas respuestas individuales.
Los rastrojos de la cosecha fina y gruesa son de muy bajo valor alimenticio. El de soja en particular es un recurso con valores del 4 - 4,5 % de proteína (PB) y 75 - 80% de pared celular (FDN) con un contenido en lignina (LDA) que oscila entre el 15 y el 16%. Esto es, para cualquier categoría de animales, un alimento que está lejos de cubrir los requerimientos mínimos de mantenimiento.
En las áreas sojeras, cantidades significativas de rastrojo se henifican como rollo y se utilizan para aportar volumen durante el invierno a la hacienda de los campos de baja aptitud productiva (cañadas, montes, etc.). Esta práctica se justifica en que en verano las pocas y mal distribuidas lluvias, afectan la producción de las pasturas y los cultivos y por lo tanto disminuye el volumen de forrajes conservados.

Relato de una experiencia

En INTA Rafaela se llevó a cabo una experiencia para evaluar la inclusión del heno de rastrojo de soja en las dietas de terminación de novillos a corral. Se inició el 4 de junio y finalizó el 25 de agosto de 2004 con el envío de los animales a faena.
Se emplearon 42 novillos Holando Argentino de 532 kg de peso vivo promedio, que se dividieron en tres grupos iguales y se alojaron en corrales.
Se formularon diferentes dietas para cada tratamiento, que permitieran alcanzar ganancias del orden de 1 kg por día, incorporando el heno de rastrojo de soja combinado con el heno de alfalfa o el silaje de maíz (insumos críticos) complementado con grano de maíz y semilla de algodón.
Los componentes de las dietas se pesaron y mezclaron en un mixer con balanza, previa molienda del heno y quebrado del grano de maíz. El grupo 3 recibió además 50 g de urea diarios por animal suministrados en una sola entrega por la mañana. Los animales se pesaron mensualmente con desbaste previo de 15 horas. Cada 15 días se determinaron la calidad de las dietas y el consumo grupal.
Los grupos que incluyeron heno tuvieron un contenido de MS similar y superior al grupo que incluyó silaje. El contenido de P.B. fue más elevado en el grupo que consumió sólo heno de alfalfa. Los contenidos de fibra fueron mayores en el grupo 2, que utilizó ambos tipos de heno. A la vez, este fue el grupo que tuvo la menor concentración energética (Cuadro 2).
El grupo 3 tuvo la mejor ganancia de peso, en concordancia con un consumo más elevado y una mayor concentración energética. Ese incremento fue un 20% mayor al promedio de los otros dos grupos. Esto se explicaría por el mayor contenido en grano de maíz proveniente del silaje.
La diferencia en la ganancia entre los grupos 1 y 2 es coherente con la incorporación del heno de rastrojo que afecta la calidad de la mezcla total. No obstante, la evolución del peso en ambos lotes puede considerarse satisfactoria teniendo en cuenta que la participación de los concentrados en la dieta fue inferior al 50%.
La información que nos aporta esta experiencia avala la idea de que ante la escasez de recursos forrajeros conservados tradicionales, incluir el heno de rastrojo de soja permitiría obtener buenas respuestas individuales.

Información preparada por los Ing. Agr. Norberto Andreo y Horacio Castro y el Med. Vet. Dante Vottero. nandreo@rafaela.inta.gov.ar