En el transcurso de la década del 90, y según un reciente informe de la Secretaría de Planeamiento Estratégico de la Presidencia de la Nación, Argentina ha modificado sus ventajas comparativas en materia de producción agrícola, en ventajas competitivas, convirtiéndose de este modo en uno de los protagonistas internacionales de la industria de los alimentos.

Es claro que en esta economía globalizada de fin de siglo, las ventajas comparativas y la capacidad de crecimiento comienzan a desplegarse con intensidad. Estas ventajas comparativas comprenden a los recursos naturales, la mano de obra abundante y un importante y continuo desarrollo científico y tecnológico.

Es entonces la evolución tecnológica la que regula todas las ventajas comparativas, exaltando unas y atenuando otras. Además, asistimos en la actualidad a un hecho de gran interés, cual es la revalorización de los recursos naturales, que permite a nuestro país colocarse en un lugar de privilegio.

La producción primaria de origen agropecuario, constituye hoy el primer eslabón del negocio de los alimentos, el que a su vez depende de un altísimo nivel de productividad para permanecer competitivo y ello sólo puede lograrse mediante la incorporación permanente de tecnología y normas cada vez más exigentes de calidad, salubridad y confiabilidad. De lo expresado se infiere que nuestra producción primaria nacional se podrá mantener en el mercado en tanto y en cuanto sea una producción especializada.

La especialización, regla para alcanzar niveles superiores de productividad, sólo podrá ser posible en la medida en que el país se especialice en la totalidad de la cadena alimentaria, atento a que sólo de esta forma obtendrá la necesaria base económica para sostener la investigación, el desarrollo y la aplicación de la alta tecnología indispensable para competir en el mercado de productos de alto valor agregado. Sólo así el país logrará un grado, cada vez mayor, de estandarización y diferenciación, con niveles crecientes de calidad.

Lo que hoy comienza en el campo, es sólo el primer eslabón de esta industria de alta tecnología, incluyendo las actividades que desarrollan Universidades, Institutos de Investigación y Extensión, Laboratorios y todos los ámbitos de la tecnología que de distinta forma participan en el desarrollo y crecimiento de esta actividad. Aquí es donde Argentina pone en juego su especialización como gran productor, una especialización que comprende a todos los integrantes de la cadena agroalimentaria.

Por ello es importante definir las tendencias internacionales en este campo y el o los procesos en marcha y, una vez asumidos los mismos, procurar sumarse a través de un esfuerzo conjunto de todos los sectores involucrados directa o indirectamente. En el orden internacional, los mecanismos que comenzaron a funcionar en la Ronda Uruguay del GATT (General Agreement of Trade and Tariffs), probablemente se completen en la próxima década en el marco de la OMC (Organización Mundial del Comercio).

El nuevo horizonte es el desarrollo de la Ronda del Milenio cuyo tema emblemático será la discusión en relación al grado de apertura del mercado mundial de alimentos. Asimismo, debemos tener presente que la lucha por los mercados de agroalimentos es multilateral e ineludible y que Argentina deberá tener en cuenta la estrategia de cómo combatir los subsidios internos de otros países, o asociaciones de países, especialmente aquellos de la Unión Europea, los subsidios a las exportaciones, y el escalonamiento arancelario en el acceso a los distintos mercados. En el orden nacional, el agro cuenta con una estructura que responde y absorbe con rapidez las señales económicas y tecnológicas que le envía el mercado, en la medida que las mismas muestren al productor cuál es el camino del crecimiento y la innovación. En una economía abierta y globalizada, sólo lo inmediatamente competitivo en el plano internacional puede crecer y desarrollarse. Sólo se podrán crear ventajas competitivas mediante la absorción constante de tecnología, para lo cual se requiere inversión, diversificación y un esfuerzo sistemático.

Para lograr este objetivo es necesario contar con una política activa que acelere e incentive lo que es posible desarrollar en términos competitivos para el mercado mundial. En otro orden de cosas, un factor de indiscutible y creciente importancia del mundo actual y que define situaciones, posturas, requisitos y por lo tanto mercados, es el de los consumidores de alimentos.

Ellos son los que toman las decisiones finales de compra de los productos y por lo tanto influencian directamente en las normas reglamentarias de los servicios sanitarios de los gobiernos. Por lo tanto, surge como una responsabilidad colectiva, de los productores, de la industria y de los gobiernos, el proporcionar a los consumidores todos los medios necesarios para que los mismos puedan tomar sus decisiones de compra, basados en una correcta y fidedigna información, como así también en principios técnicos y científicos correctos.

Debemos tener presente que los consumidores requieren garantías acerca de la inocuidad, el origen y las características nutritivas de los alimentos, sean estos naturales o productos de la biotecnología y de que se han empleado métodos válidos para la evaluación y manejo de eventuales riesgos.

Por otra parte, si bien el conocimiento promedio del público acerca de estos temas es relativo, el mismo va en aumento constante y es una realidad que los medios de difusión pública transmiten cada vez más aspectos y detalles directamente relacionados y de interés para los consumidores. Lo que se trata de saber ahora, es qué aspectos de la especialización, de que modo, y cómo, serán tomados o absorbidos por Argentina, por cada uno de los integrantes y actores de la cadena agroalimentaria.

Son éstos quienes con la rapidez que exigen estas circunstancias que condicionan el crecimiento y la competitividad, junto a la participación institucional, política, económica y sanitaria, deberán definir la aceptación o no de cada uno de los factores que pueden permitir la productividad especializada, el aumento de las exportaciones y por ende el crecimiento económico.

2. Particular En la Argentina el sector agroalimentario participa con alrededor del 50% del total de los ingresos externos, en tanto que los productos de origen agropecuario, incluyendo fibras y forestales, representan cerca del 58 % de los valores exportados. Al respecto, es importante tener presente que estas ventas se incrementaron notablemente entre los años 90 y 97, a razón del 8,7 % anual acumulativo. En el mercado internacional de alimentos y de acuerdo a la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) , durante el año 1996 Argentina participó con un 3 %, siendo los grandes competidores la Unión Europea y los EEUU quienes juntos representaron el 58 % de dicho mercado.

En este aspecto, durante 1997 fue la propia Unión Europea el principal mercado para nuestras exportaciones agroalimentarias con el 24 %, mientras que el segundo fue el Mercosur con el 20 %. El mercado de los agroalimentos se caracteriza por ser heterogéneo y amplio, donde podemos encontrar un grupo de alimentos diferenciados, también denominados exquisitos o delicatessen.

También están los productos llamados cotidianos, más competitivos en precios, característicos de la creciente urbanización, y que son el grupo principal. Y, por último, están los commodities, de menores precios, para poblaciones de bajos recursos y cuya característica principal es ser nutritivos, como los granos, las harinas proteicas y las carnes de menor valor. De esto surge que las políticas deben ser amplias para facilitar la producción y el comercio, considerando las diferentes características y capacidades adquisitivas de todos estos mercados.

Dentro de los agroalimentos, la producción argentina anual de carne vacuna es de aproximadamente 2,5 millones de toneladas, equivalente al 5,5 % de la producción mundial. En los últimos años, las exportaciones de estas carnes no han superado el 20 % de la producción nacional, siendo el consumo interno el principal destino representado por un consumo de aproximadamente 60 kg/habitante/año. Es reconocido que para nuestro país, el mercado de carnes y especialmente el de carnes de calidad, es un rubro de significativa importancia en el contexto de los agroalimentos, con inmejorables condiciones para aspirar a un incremento cuali - cuantitativo de las exportaciones. A tal fin, se hace necesario favorecer e impulsar dichos mercados para lo cual los distintos actores de esta cadena deberán participar y consensuar las medidas que se estimen más convenientes para lograr los objetivos planteados.

Entre los aspectos a tener en cuenta y que tienen relación directa con las exportaciones de carnes de calidad a uno de nuestros principales mercados, se encuentra el tema que motiva el presente estudio, referido a la Identificación del ganado bovino y la trazabilidad del mismo y de sus productos, el que debe ser analizado detenidamente en todos los puntos, técnicos, económicos y comerciales, evaluando el costo-beneficio de su implementación, la “especialización” y valor agregado, analizando las exigencias de los mercados actuales y potenciales y la situación en los principales países competidores.

Las exigencias sanitarias y comerciales de la Unión Europea y de los mercados de exportación de nuestras carnes de calidad, se confunden e incrementan a ritmo veloz y en general resultan en trabas eficientes, y al mismo tiempo difíciles de superar, cumplir o tan sólo intentar diferenciar su carácter sanitario o comercial. Las políticas de los países en cuanto al tema de los alimentos es variada y extensa, pero todas tienden de algún modo a asegurar a los consumidores ciertos aspectos básicos como una información exacta respecto al aseguramiento de la calidad higiénico - sanitaria y una protección en cuanto a fraudes de origen o sanidad.

Es indudable que uno de los principales mercados para nuestras carnes de calidad es la Unión Europea (UE), en la que existe la llamada “cuota Hilton” de alto valor, y que desde hace ya muchos años viene aplicando políticas evidentemente proteccionistas. Dichas políticas le han permitido mantener altas producciones bajo un sistema prácticamente artificial, basado en el uso y aplicación en exceso de medios y sustancias que han resultado nocivas a la salud y al medio ambiente.

Es por ello que los consumidores europeos han comenzado a exigir el cumplimiento de una serie de requisitos tendientes en primera instancia a asegurar la protección de la salud humana y del medio ambiente, lo que determinará la necesidad de rever y analizar la Política Agrícola Común (PAC) y las técnicas de producción, dentro de un marco realmente sustentable para los países miembros de la Unión Europea.

La situación de la producción ganadera de la Unión Europea, en gran medida sostenida por permanentes subsidios, y caracterizada por continuas intervenciones en el mercado y abundantes stocks, se agravó luego con la aparición y difusión de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (BSE o EEB), más conocida como la enfermedad de la “vaca loca”. Esta enfermedad, originada en Gran Bretaña y difundida luego en Europa continental, apareció cuando los sistemas cada vez más intensivos de producción bovina, propios de dichos países, llevaron a alimentar a esta especie “herbívora” con suplementos proteicos de origen ovino y bovino, portadores de un nuevo agente infeccioso.

Además, es de destacar que los países de la Unión Europea se caracterizan por una industria de “reciclado” subproductos de origen animal de gran envergadura, sin trazabilidad alguna para sus productos y que resultó ser de muy difícil control por los servicios oficiales. Frente a esta grave situación se pusieron en descubierto las ineficientes medidas adoptadas en forma tardía, los denunciados y probados contrabandos y fraudes de carnes y subproductos destinados a la alimentación animal de esos orígenes.

Así surgió una fuerte reacción de los consumidores europeos sobre el potencial riesgo para la salud humana de los productos de origen bovino. La preocupación ante la BSE tuvo su punto máximo en el año 1996, situación que se vió agravada, en el mismo año, debido a los resonantes eventos de intoxicación humana frente a carnes contaminadas con Escherichia coli O157:H7 en Japón y en Escocia, todo lo que llevó a la Comunidad a crear distintas medidas de tipo fiscalista sanitario con el objetivo de recuperar la confianza de los consumidores internos y externos.

Entre ellas, la UE centró gran parte de su esfuerzo en crear un Sistema de Identificación Individual del Ganado, Etiquetado y Trazabilidad (Reglamento CE N°820/97), que será de cumplimiento obligatorio para los estados miembros y terceros países que exporten carne vacuna y sus productos a la U.E., a partir del 01 de enero del 2000 e incluirá también las bases de datos respectivas, lo que implica la puesta en marcha de una solución tecnológica, de carácter informático y altísimo costo, que entre otros tiene el objetivo de brindar mayor información a los consumidores europeos, en relación al origen de los animales, como así también recuperar sus mercados de exportación.

Asimismo, la U.E. se encuentra realizando un estudio de los sistemas de identificación electrónica para lo cual impulsó el Proyecto de Identificación Electrónica Animal (IDEA), cuyas conclusiones deberán encontrarse a disposición del Consejo para antes del 31/12/2000.

Cuando ciertas medidas son adoptadas porque las autoridades creen que representan la solución adecuada para los mismos, estas deben ser respetadas. Pero cuando ellas pretenden ser impuestas de igual modo a terceros países que no padecen, en este caso, de esta terrible enfermedad, cuya geografía, sistema productivo, enfermedades existentes y ausentes, costos tecnológicos, etc. son totalmente diferentes, dichas medidas pasan a ser discriminatorias y de algún modo paraarancelarias, más aún cuando afectan a mercados preexistentes e históricos, donde los productos del país exportador nunca han provocado problemas de carácter sanitario.

De todas maneras, es evidente que Argentina frente a sus actuales y potenciales mercados debe realizar todos los esfuerzos que sean necesarios y suficientes para mantener y progresar en sus ventajas competitivas en materia de carnes y subproductos, bien ganadas a través de tantos años, destacando que su productividad ganadera y su situación sanitaria han mejorado sensiblemente lo cual es además reconocido internacionalmente.

En definitiva, este trabajo presenta una descripción de las exigencias impuestas por la Unión Europea, en materia de identificación y trazabilidad animal, y un análisis de la situación y antecedentes al respecto en otros países importantes en la producción y competidores en la exportación de carne bovina como son Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia.

A su vez, se presenta un análisis de la situación y antecedentes en nuestro país a fin de realizar una comparación objetiva de todos los aspectos relacionados a la identificación de los animales y su trazabilidad, y una propuesta que pueda ser cumplible en el país y adecuada a las exigencias puntuales de los principales mercados demandantes de carnes de calidad, con el objetivo final de preservar y acrecentar nuestras ventajas competitivas en materia de exportaciones de productos pecuarios.

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