Así lo afirmó hoy James Austin, investigador estadounidense de la Harvard
Business School, durante el XVII Congreso Nacional CREA que se está realizando
en Mar del Plata y que finaliza hoy.
“La magnitud de los problemas que enfrentan nuestras sociedades son demasiado
grandes para que un solo actor los puedo solucionar. El Gobierno solo no puede
resolverlos y la sociedad civil tampoco, así como tampoco los empresarios. Va a
ser a través de las alianzas y la cooperación que esto se va a lograr”, aseguró
Austin.
“Lo que está sucediendo en el mundo empresario es un cambio paradigmático; un
cambio en el cual los empresarios están asumiendo un rol más robusto y diferente
en la sociedad, en el cual, además de cumplir su rol de productor de valor
económico, están cumpliendo una función de productores de valor social”, agregó.
Austin indicó que “esto es una manera diferente de pensar la estrategia misma
de al empresa, en la cual lo económico y lo social van mano a mano”.
“Hay diferentes motivaciones para invertir en responsabilidad social
empresaria. Algunas de ellas son muy utilitaristas y otras más altruistas. Pero
en cualquier caso, lo importante es que las motivaciones no sean débiles”,
sostuvo.
“Hay varios beneficios que los empresarios ven en la responsabilidad social
empresaria. Uno de ellos es que esto da una motivación importante a los
empleados, quienes se sienten mejor por estar involucrados en actividades
sociales. También pueden generar una mayor aceptación por parte de los
consumidores y de algunos inversores que privilegian a las empresas socialmente
responsables”, comentó.
“Lo que hacen estas empresas es pensar en inversiones que producen retornos
tanto económicos como sociales. No se trata sólo de buenas intenciones, porque
las buenas intenciones a veces llegan a resultados muy diferentes”, añadió.
“Muchas empresas están colaborando y haciendo alianzas con organizaciones
sociales de la sociedad civil y del sector público. En algunos casos, en estas
alianzas se genera un intercambio de valores en el marco de una colaboración más
sustancial. Esto es más significativo tanto para la empresa como para la
organización social. En algunas situaciones, la colaboración llega a ser tan
estrecha que ambas se integran con mucha fuerza”, comentó.
“Hay diferentes grados de intensidad en las alianzas. Los puntos de contacto
son valores, estrategias y visiones. Cuando más alineadas sean las alianzas, más
valor van a producir tanto para la empresa como para las organizaciones
sociales. Se genera más valor cuando cada uno de los socios combinan esfuerzos
para crear activos nuevos que capturen todas las energías”, remarcó Austin.
“Una vez que se crea el valor, hay que mantenerlo. Hay que tener equilibrio
en el intercambio de valores; es un camino de doble vía en el que hay que dar y
recibir. Además, hay que renovar el valor creado, porque el valor, si bien es un
activo intangible, también es altamente depreciable. En las alianzas sociales
hay que renovar de manera constante”, indicó.
“La renovación de valor es un ciclo virtuoso. Hemos encontrado que para
recibir más en estas alianzas, hay que dar más. ¿Qué cree que necesita esa
entidad pública? ¿Que necesita esa organización social? Al pensar en esto uno
recibe valor que se incrementa creando un círculo virtuoso”, señaló el
investigador estadounidense.
“Uno puede tener una alianza bien alineada y puede estar creando valor
social, pero si no se lo maneja bien, fracasa. Hemos encontrado que a estas
alianzas hay que prestarle atención focalizada, es decir, alguien tiene que
estar encargado de esto dentro de su empresa; hay que producir confianza entre
los diferentes actores”, destacó.
“Estas alianzas sociales no son fáciles de hacer. Hay muchas barreras que
pueden impedir estas alianzas; hay muchas barreras, porque las culturas
organizacionales de las empresas por lo general son muy diferentes de las
culturas de las organizaciones sociales. No hablan el mismo idioma. La manera de
tomar decisiones es diferente. Su estilo de operar es distinto. Es casi como ir
a otro país y tener que aprender una cultura diferente”, afirmó.
“Además, los objetivos entre ambos actores no siempre pueden ser idénticos y
toda alianza siempre implica tener que ceder un poco de control y esto no es
fácil. Todas estas son barreras”, advirtió.
“En las alianzas más fuertes los socios tenían bien claros cuáles eran los
objetivos de dicha alianza. Otro aspecto es una buena comunicación entre los
socios y además a la gente de la empresa, para explicarles porqué es importante
colaborar con las organizaciones sociales. En las alianzas más fuertes la
pregunta clave fue, ¿cómo podría crear valor para mis socios?”, comentó.
“Otro aspecto importante es la confianza; ésta se produce durante el tiempo
por los hechos, no por las palabras. Esto debe ser una relación de largo plazo”,
indicó.
“Los CREA han sido grandes productores de valor económico y estoy convencido de que además pueden ser grandes productores de valor social”, concluyó Austin.