El maíz, el cultivo que más superficie perdió en los últimos años frente al avance de la soja, está buscando recuperar terreno en la geografía agrícola. Hoy, en un contexto marcado por perspectivas favorables para los precios y un escenario que lo convierte en más atractivo económicamente, el cereal espera llegar con todo su esplendor a la próxima campaña e incrementar su área. Con tecnología, híbridos de más potencial de rinde, mayores niveles de fertilización, técnicas de manejo cada vez más precisas y la posible ampliación de la siembra en zonas consideradas difíciles, el maíz va camino a transformarse en el bastión del agro que fue hasta no hace mucho tiempo.

Como dice Juan Avellaneda, presidente de Maizar, la entidad que apoyó la realización de Mundo Maíz 2004, el cereal es un insumo clave en una cadena industrial que factura más de 4 mil millones de dólares y tiene más de 600 subproductos. Se trata de una oportunidad para que el maíz despegue definitivamente con más superficie y producción.

La entidad estima que en los próximos cinco años la superficie cultivada alcanzará los cinco millones de hectáreas.

La revalorización de un estandarte

El congreso, realizado en esta capital, aportó razones que vislumbran un final al prolongado letargo en el que está inmerso el cultivo de la gramínea

Varias razones agronómicas y otras de orden organizativo permiten suponer que el cultivo de maíz volverá a representar un bastión del agro argentino, tal vez como lo fue en décadas pasadas. Así lo pudieron vislumbrar los 1600 asistentes al "Congreso Mundo Maíz 2004".

El cultivo de esta gramínea en su plenitud de crecimiento y desarrollo puede alcanzar una superficie foliar de 6 metros cuadrados por cada uno de la superficie del terreno en el que está implantado. "En otros términos, el maíz, desde el punto de vista agronómico, es el cultivo extensivo más eficaz en la misión de convertir energía lumínica en tejido vegetal", comentó María Otegui, ecofisióloga de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

La comprensión acabada de esta enorme ventaja competitiva frente a otros cultivos de invierno y verano abre la puerta para que, de la mano de los altos rendimientos, el maíz salga del inquietante letargo en el que está inmerso. "En los últimos 12 años hemos sido actores de un proceso de transformación muy grande en nuestra agricultura (se incorpora un millón de hectáreas por año a la producción). En ese mismo lapso, el maíz ha venido perdiendo un 0,5 por ciento/año de participación en superficie", comentó Emilio Satorre, coordinador académico del Congreso.

La razón es simple: "La soja es más barata de producir y los márgenes son ampliamente superiores", comentaban sin pelos en la lengua muchos de los participantes. "La erosión, la degradación de los suelos, el monocultivo de la soja, la baja de la productividad conforman círculos negativos que elevan los riesgos de inversión", agregó Satorre. Luego analizó las posibles soluciones: "De la mano de las rotaciones, incluyendo el maíz y de otras tecnologías como la siembra directa, la fertilización y el control de malezas, podremos ser capaces de elevar los rindes y lograr que se controlen los factores negativos. Estas razones permiten ser alentadores en la expansión en los próximos años del maíz", comentaron entre sí en un intervalo dos maiceros de Rufino, Santa Fe.

Para lograr esos altos rindes la fertilización juega un papel trascendente. "Estamos pasando de la juventud a la madurez en este tema", comentó Martín Díaz Zorita, consultor privado y uno de los oradores de este Congreso. "Ya sabemos fehacientemente que el nitrógeno es una limitante a lo largo y a lo ancho del país; conocemos claramente las regiones deficitarias de fósforo, y sabemos también que el azufre adicionado al fósforo y al nitrógeno da respuestas positivas en todos los ambientes", agregó.

"Por otra parte, hemos realizado ensayos en 46 sitios (América, Lincoln, entre otros) con resultados alentadores con la aplicación de un producto líquido que contiene bacterias que promueven el crecimiento vegetal del maíz", finalizó Díaz Zorita.

Desde el punto de vista organizativo también hay promesas de mejoras sustanciales. "A través de la organización Maizar hemos podido aglutinar a las empresas que componen el mundo maicero. En esta agrupación contamos con siete rubros de trabajo claramente identificados: investigación y desarrollo, provisión de insumos, industria, consumo, comercialización y exportación y el Gobierno", dijo Juan Avellaneda, presidente de la entidad.

"Observamos con optimismo la tendencia en aumento de la conversión de proteínas vegetales en animales a través del maíz. Los productores de cerdos piensan crecer un 20 por ciento por año y los polleros un 8 por ciento en el mismo lapso. Todos de la mano del maíz", agregó.

Por la biotecnología

En la apertura del congreso, el secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Miguel Campos, enfatizó una opinión que muchos maiceros quieren ver concretada en hechos y no sólo en palabras: la aprobación final de los maíces RR (resistentes al herbicida glifosato). "Estamos transitando las fases finales de la aprobación; la Argentina ha optado por la biotecnología como instrumento del desarrollo. Podrá haber barreras paraarancelarias en el futuro, pero quiero destacar que las políticas agropecuarias nacionales las dictamos los argentinos", dijo el funcionario.

Esta cuestión abre una posibilidad agronómica para la producción de la gramínea: poco menos que con un solo herbicida se podrían controlar la mayor parte de las malezas.

En "Mundo Maíz 2004" tuvieron un espacio destacado dos empresas vinculadas a la producción con modelos de organización interesantes. Una de ellas fue PROA (Producciones Agrícolas Asociadas) que trabaja con rasgos de "mutualismo y de un esquema asociativo", según el punto de vista de su presidente, Ricardo Hara.

Los grupos de producción funcionan con el aporte de tierras a través de sus propietarios, insumos entregados por las compañas proveedoras y las labores las realizan contratistas o los dueños de la tierra. Los resultados se reparten en forma proporcional al aporte de cada uno. Los riesgos se comparten. "Trabajamos 25.000 hectáreas con una inversión de 1,3 millón de dólares, la mayor parte de ella realizada en el cultivo del maíz", culminó Hara.

En tanto, el grupo "La Redención-Sofro, presidido por Marcos Rodrigué, está trabajando 30.000 hectáreas. "Realizamos contratos de alquiler a terceros por lapsos que van de 3 a 6 años y contamos con una estrategia de producción que tienen al maíz en las rotaciones como una forma de hacer sustentable las producciones a lo largo del tiempo. No hacemos monocultura de ningún cultivo", finalizó Rodrigué.

Por Angel Palermo
Para LA NACION

Datos al margen: oído al pasar

Tareas pendientes. "En los países desarrollados, los seguros de clima y granizo ocupan el 90 por ciento del área sembrada. En cambio, en la Argentina, sólo lo hacemos en el 20/25 por ciento. Arriesgamos mucho", comentó Juan Avellaneda, presidente de Maizar.

Claridad. "Que quede claro: el rendimiento se sustenta por el número de granos por espiga de maíz, y eso se determina en la floración. En ese momento los productores tienen que ser extremadamente cuidadosos con sus cultivos", explicó María Otegui, de la Facultad de Agronomía de la UBA.

Del exterior. Entre las 1600 personas que participaron de Mundo Maíz 2004 se destacó la importante concurrencia de productores extranjeros. Llegaron 50 de Uruguay y 25 de Colombia, invitados, en este caso, por la filial de la compañía Syngenta en ese país. También estuvieron presentes, aunque en un menor número, empresarios de Chile.