Los productores, como una manera de evitar mayores quebrantos, demorarán las ventas.

Incertidumbre y volatilidad serán los conceptos que más se escucharan por un buen tiempo en cualquier análisis que se realice sobre el comportamiento de las cotizaciones de la soja, la niña bonita de la agricultura que sedujo a los productores entrerrianos y que sobre el final de la campaña, en vez de las ganancias soñadas, sólo les trae dolores de cabeza.
El gerente de Cooperativas Agropecuarias Federadas de Entre Ríos (Cafer), Oscar Vicente, al analizar para EL DIARIO RURAL la actualidad del mercado sojero —que literalmente abatió el ánimo de los productores— y las perspectivas para los meses venideros, consideró que “las tendencias apuntan claramente a una descompresión de la demanda mundial de cara a la próxima campaña” como consecuencia de la confluencia de distintos factores. Mencionó, en este sentido, el “aumento de las tasas de interés internacionales, que descomprimen la participación de los fondos de inversión en los mercados agrícolas, y la recuperación relativa del dólar en el mundo, que resta poder de compra a los países que se encuentran por fuera del área dólar”.
También incidió en la baja de la soja “la decisión de China —un gran actor del mercado durante los últimos años— que descomprimió la demanda”. Actualmente el USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos, según su sigla en inglés), añadió Vicente, “maneja una cifra de importación de soja por parte de China de 20,25 millones de toneladas, contra 21,42 del año pasado, mientras algunos analistas privados ven una demanda no mayor a los 17/18 millones”. El aumento del petróleo, que frena la producción mundial y encarece los fletes internacionales, igualmente, incide en la situación actual, evaluó el gerente de Cafer.

LO QUE VENDRÁ. Ante este nuevo escenario, los productores argentinos “van a demorar todo lo posible las ventas”, señaló Vicente. “Estamos entrando en el weather market (mercado climático), donde el principal factor es el comportamiento del clima en Estados Unidos”, recordó. Se trata de un período tradicional de volatilidad que este año “se potenciará por las escasas reservas, que seguirán siendo muy bajas, aun con una buena cosecha”.
Otro elemento que genera incertidumbre es de carácter sanitario y tiene que ver con lo que sucederá con la roya asiática en Sudamérica, que —debe recordarse y tenerse muy presente— llegó a Entre Ríos en la actual campaña y puede ocasionar graves problemas, además de un encarecimiento de los costos del productor.
Habrá que seguir de cerca, igualmente, la evolución de la campaña maicera en Estados Unidos que “después de un espectacular arranque, sufrió los avatares climáticos. Las excesivas lluvias complicaron el avance de la siembra y dejan al mercado la inquietud sobre si el productor completará la intención de siembra (faltarían unas 900 mil hectáreas) y sobre cuáles serán los rindes”.
Como los operadores se mueven también por expectativas, analizó finalmente Vicente, “parte del cambio de humor de los mercados se ha trasladado actualmente a los precios del disponible. Es razonable suponer que el mercado seguirá con una importante volatilidad y que, aunque los fondos de inversión disminuyan su participación en estos mercados, seguirán fogoneando las subas y las bajas. Ese es su negocio”.

Razones de la baja

Según Oscar Vicente, gerente de Cooperativas Agropecuarias Federadas de Entre Ríos (Cafer), entre los motivos de la caída de los precios de la soja se encuentran los siguientes:

— Los pobres stocks de Estados Unidos —dato fundamental en la escalada del precio de la oleaginosa— encuentran principio de solución en las importaciones que ese país está realizando desde Sudamérica.
— Rumores de que aceiteras chinas tienen serios problemas financieros.
— Los fondos de inversión, principales generadores de la volatilidad del mercado, que mantenían una exagerada posición sobre-comprada desde agosto de 2003, comienzan la retirada y venden en una rueda más de 2,6 millones de toneladas (la mitad de lo que tenían comprado).
— Como consecuencia de los graves problemas financieros, las restricciones crediticias impuestas por el gobierno y las sobre-compras, las fábricas de China se retiran del mercado, y tratan de negociar la anulación de operaciones anteriores (hay barcos con entre 4 y 5 millones de toneladas frenados en China por falta de pago).

Afinar el lápiz

La estrepitosa caída de las cotizaciones cambia sustancialmente los cálculos de rentabilidad de los productores entrerrianos. “Para la actual campaña, los que no vendieron cuando la soja estaba cerca de los $ 700 deberán asumir que en el corto plazo difícilmente tengan revancha. Aun así con rindes cercanos a lo que fue el promedio (18/20 qq/ha) los números deberían cerrar”, analizó el gerente de Cafer, Oscar Vicente. Para la próxima, en tanto, “la cosa está más complicada”. Con los aumentos que se están dando en los insumos, algunos arrendamientos que se han cerrado cuando el precio estaba en su pico máximo y la perspectiva de que la aparición de la roya agregue un nuevo costo, hay que “afinar el lápiz para ver si los 170 dólares que hoy se consiguen para mayo de 2005 cubren los costos y dejan rentabilidad”, alertó Vicente.

Desde Fedeco solicitan una reestructuración impositiva

Desde la Federación Entrerriana de Cooperativas (Fedeco), Gonzalo Alvarez Maldonado, su presidente, evaluó que la baja de las cotizaciones de la soja “no se debe solamente a la situación de China. También influyen los fondos de inversión que operan en el mercado de Chicago y la situación climática que se está viviendo en el norte de Estados Unidos, en su zona agrícola”.
Esta situación de “desasosiego”, analizó el dirigente, “perjudica tanto a nuestros productores como a nuestras cooperativas, porque todos estos factores generan inquietud e inseguridad para la producción futura como así también para la rentabilidad de la misma que sólo dependerá de la situación climatológica del hemisferio norte”.
Si bien el precio de la soja “puede recomponerse, no alcan-zará la cotización de un tiempo atrás”, indicó el cooperativista. Esta situación, entonces, “debe ser tenida en cuenta por el Gobierno nacional, porque actualmente con la alta presión impositiva y la falta de políticas claras, el productor agropecua-rio solamente siente inseguridad sobre su rentabilidad en el futuro”, a lo que se suma “el no poder contar con un plan agropecuario nacional que lo ampare”.
Alvarez Maldonado, por último, consideró que si en este momento “se apoya al productor y a la producción nacional, sin presionarla y realizando una reestructuración impositiva y fiscal de fondo, la situación puede ser llevada de la forma más conveniente. Así el productor y las cooperativas podrán seguir apostando al trabajo y a la producción”.

Danilo Lima