Esta ajustada relación seguirá así, pese a que seguramente va a darse una recuperación en la producción mundial, del orden de las 50 millones de toneladas.

De esta forma, la producción mundial estará cercana a un nivel de 602 millones de toneladas, contra las 550 millones de la campaña que acaba de terminar. Se trata de una suba del 10%.

La producción en Europa (incluyendo a la ex. Unión Soviética) tendría un crecimiento que superaría las bajas que se esperan en Argentina, Canadá y la India.

A su vez, se espera un considerable aumento en Brasil. De hecho se estima que este país llegará a un volumen de 6 millones de toneladas, en una superficie sembrada de aproximadamente 2,6 millones de hectáreas.

Esta no es una buena noticia para la Argentina. Así, deberá buscar nuevos mercados y avanzar en la adopción de un estándar de calidad de trigo que le deje segmentar los mercados con mayor seguridad para el comprador.

Sin embargo, el esquema será nuevamente de precios firmes.

Es que el problema va estar en la oferta que seguirá siendo ajustada. Esto es así porque el problema viene de arrastre de años atrás.

La demanda está motorizada por China que ha agotado sus existencias y, a ello habría que sumar la expectativa de una cosecha mala.

Por ello se puede afirmar que los stocks mundiales van a seguir bajos. Los niveles van a ubicarse entre 128 y 130 millones de toneladas.

De esta forma, la relación stock consumo tan sólo va a llegar a un coeficiente de 21% es decir muy similar a la de la campaña ¾, y por ende uno de los valores más bajos de los últimos 30 años.

Lo que sí resulta ser una incógnita es la evolución del valor del dólar que de comenzar a subir va a presionar a la baja a los precios.

¿Qué pasaría si el dólar subiera de forma considerable? Todos los países cuya moneda no sea el dólar tendrían, en consecuencia, un menor poder adquisitivo en el mercados mundial y por ende menor capacidad de importación.

Así todo, el panorama por ahora es bueno.